• Crítica de Viva
    Publicado el 11 Mayo, 2017 por Lucas Rodríguez

    Jesús es un joven peluquero cubano que busca su verdadera identidad. Trabaja en un club de drag queens de La Habana a la espera de convertirse en un gran artista aunque, mientras tanto, se ve obligado a prostituirse para ganar dinero.
    Cuando al fin logra subirse al escenario, su vida cambia drásticamente con el regreso de Ángel, su padre.

    Elegida como representante de Irlanda a Mejor Película Extranjera en el año 2015, a pesar de estar hablada íntegramente en castellano, Viva es un drama familiar vibrante sobre lazos fraternales perdidos y la confirmación de la sexualidad con una impronta cubana insoslayable.

    En el epicentro de esta historia se encuentra Jesús -impresionante Héctor Medina-, un joven que se pasa sus días peinando pelucas del grupo de drag queens locales y añorando él mismo saltar a las tablas. El ambiente general, enrarecido pero aún así actuando como una familia por extensión, empuja a todos a rebuscárselas para llevar un plato de comida a la casa, usualmente a través de explotar el turismo sexual a costa de la integridad física y mental de uno. Los personajes secundarios de la película de Paddy Breathnach son sublimes y tienen muy buenos diálogos y momentos hilarantes, bordeando siempre la línea de la tragicomedia al punto de que el primer show de Jesús, con su alter ego que le da el título al film, termina a los golpes cuando intenta seducir a su propia sangre sin él saberlo.

    Sin una figura masculina o paterna que lo haya guiado en su vida, la entrada de su padre Ángel (Jorge Perugorría), que ha pasado los últimos 15 años en prisión, agita el tablero de juego para el siempre disponible joven. Macho con todas las letras, le resulta inconcebible que su hijo sea “maricón” y a pura fuerza bruta intenta hacerlo cambiar de parecer. Es un personaje rudo, pero también tiene sus propios obstáculos que superar, como el reinsertarse a una sociedad que segrega a los presos, así como su propia inhabilidad para conectarse sinceramente con un hijo homosexual. Jesús le tiene miedo a ese papá que nunca tuvo y que aparece de imprevisto en su vida, pero poco a poco va cobrando fuerzas para enfrentarse a ese hombre que irrumpió en su ya complicada vida y le ordena qué hacer y qué no hacer. Perugorría está muy a gusto con el papel del mayor, pero la escena se la roba el joven Medina con una interpretación sencilla y llena de emociones. No es la misma Viva que tiene su primer show al último espectáculo que vemos en la película, un momento tan brutal y crudamente honesto que lo lleva a uno al borde de las lágrimas.

    Breathnach acompaña muy bien el metraje de la película y la narrativa del guión de Mark O’Halloran -que tiene un papel terciario en la historia-, con un seguimiento de la vida de estas personas muy detallado, donde no se entromete demasiado y crea un ambiente tan cercano que no parece una visión anglosajona de la vida en La Habana. El balance entre la comedia cotidiana y el drama está muy logrado, y ahí cuando la película intenta virar hacia territorio lacrimógeno, por el simple hecho de poder hacerlo, el pulso del director irlandés logra subsanar esos escollos y convertirlos en fortalezas a partir de personajes muy humanos, frágiles y totalmente dimensionados.

    Viva es un canto a la vida, una película bellísima que puede resultar parecida a muchas otras historias de padre-hijo conflictivas, pero el escenario es único e irrepetible, los protagonistas son soberbios y la banda sonora acompaña perfectamente a la travesía de este joven y sus sueños de triunfar.

    estrella4

     

     

     

     

     
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