• Crítica de Transformers: The Last Knight
    Publicado el 20 julio, 2017 por Migue Fernández

    El Último Caballero rompe con el mito original de la franquicia de Transformers y redefine lo que significa ser un héroe. Humanos y Transformers están en guerra y Optimus Prime se ha ido. La llave para salvar nuestro futuro está enterrada en los secretos del pasado, en la historia oculta de los Transformers en la Tierra.

    Una pregunta que evidentemente no se ha hecho nunca la gente de Paramount Pictures es qué tiene para ofrecer Michael Bay a la saga Transformers que no haya dado durante esta década pasada. No es necesario personalizar el asunto dado que es algo que se puede aplicar a todos y en todos los ámbitos: pocas veces la quinta es la vencida. Sin ser demasiado, el film que abrió la franquicia es considerado el mejor y desde allí fue todo en picada, más allá de que Dark of the Moon sea algo superior que Revenge of the Fallen. Y tampoco es justo hablar de ella en términos positivos, cuando lo que se debe decir es que es “menos mala”. El fondo creativo se tocó con Age of Extinction, una apuesta con la que se pretendía relanzar la saga con nuevos protagonistas pero las mismas ideas y su resultado fue el imaginado. Y como es claro que al estudio lo único que le importa es el billete, desafiando toda lógica es que vuelven a llamar al director amante de las explosiones para una nueva entrega. No hay que ser Sherlock Holmes para deducir qué es lo que pasa.

    A lo largo de la serie se ha contado siempre la misma historia y Transformers: The Last Knight no es la excepción. Todas las películas son iguales, con lo que es un desperdicio aún más grande que se haya convocado a un equipo de escritores para definir el futuro de la saga y las múltiples secuelas y desprendimientos que se vendrán. La Tierra siempre está en riesgo porque los Decepticon quieren convertirla en Cybertron, de una u otra forma Megatron está involucrado en la pelea, como villano principal o al servicio de uno más grande. Lo que puede llegar a cambiar son los rostros humanos, la chica bonita de turno, el comic relief, los soldados y hasta el protagonista, pero en el centro todo se mantiene inmutable. Es una saga estancada desde el comienzo, sin vuelo, con un director que manifiesta desde hace años que no quiere hacer otra película y sin embargo vuelve al ruedo cuando le ponen la plata y acceden a financiar los proyectos que sí lo apasionan.

    The Last Knight busca reforzarse en términos argumentales con una historia absurda que transporta hacia el pasado, a los tiempos del Rey Arturo y Merlín. Es algo que pone en jaque a toda la mitología que se construye desde hace cuatro películas, pero el sentido no importa porque es la excusa necesaria para poner en marcha esta producción e introducir a las caras nuevas del elenco, como el ganador del Oscar Anthony Hopkins –increíble que sea parte de esto-, la inglesa Laura Haddock (Guardians of the Galaxy) o la pequeña Isabela Moner. Todos ellos, al igual que el Cade Yaeger de Mark Wahlberg y más, tendrán suficiente tiempo de pantalla con historias que se desarrollan en paralelo hasta el momento de juntarse y empezar a trabajar en equipo. Las 2 horas y media de duración son un exceso al que la franquicia está acostumbrada, pero no por ello impactan menos en un espectador que se verá confundido por los eventos, aun cuando preste completa atención a lo que suceda.

    No faltarán los justificadores seriales, aquellos que plantean que estas películas se piensan para los fanáticos, para apagar el cerebro y ver cómo colisionan estos robots gigantes. No es suficiente… El precio de la entrada es el mismo para todo, ¿así que por qué no ver algo que valga la pena? Los combates entre Autobots y Decepticons son los mismos choques ilegibles de las películas anteriores, una mezcla de estruendos, metal y chispas que no se puede diferenciar gracias a una edición calamitosa, y el argumento incoherente es de lo peor que se haya ofrecido. Hay algún chiste que funciona entre tanta explosión y solemnidad. Pero es todo tan básico, mediocre y grasa que basta con ver algo tan sencillo como los atuendos de la profesora Vivian Wembley para entender cómo operan los cráneos detrás de esto. Ya hubo cuatro películas antes, con lo que no debería sorprender que la quinta sea así. Y aun así lo hace, porque es difícil comprender cómo se puede hacer un producto tan flojo y carente de ideas. Si hubiera algo más para ofrecer, lo hubieran dado antes. Transformers, así como es ahora, no tiene nada más para dar.

    estrella15

     

     

     

     

     
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