• Crítica de Solar
    Publicado el 30 noviembre, 2017 por Lucas Rodríguez

    En 1991, con solo diez años, Flavio Cabobianco publicó su libro Vengo del sol, que fue un best seller en Argentina. Veinte años después, decide reeditarlo y acepta la propuesta de filmar un documental sobre la historia de su familia.

    No es novedad alguna que hay veces que los padres prostituyen a sus hijos por tener esos 15 minutos de fama que a su edad nunca tuvieron. Lo vemos de manera constante en realities televisivos, en las noticias y hasta en competencias deportivas infantiles de la vida cotidiana. Solar, el nuevo falso documental de Manuel Abramovich, tiene como figura central a Flavio Cabobianco y su momento de gloria, allá lejos en los albores de los años ’90.

    A la precoz edad de 8 años, Cabobianco presentó en un tour por diferentes programas nacionales el libro “Vengo del sol”, donde procedía a explicar conceptos espirituales de sus vidas pasadas y el cómo había venido a la Tierra con una misión por cumplir. Además de dejar boquiabiertos a los entrevistadores y al público en general, fue tildado por los medios como prodigio y hasta niño Índigo, pero 20 años después su realidad es otra. El objetivo del documental era correr el velo a tanto misterio, pero en el camino Abramovich se cruzó con un pequeño gran escollo: el Flavio adulto, ansioso de volver a figurar con la reedición de su obra.

    A hombros de un documental hecho y derecho y un falso documental, donde la tirantez entre el director y su estrella se nota forzada, es que transcurre Solar, un hábil tire y afloje que descubre lo que muchos casos realmente son: una farsa. No hay muchas medias tintas para desenmascarar. El Flavio crecido es una persona que sigue siendo espiritual, pero al mismo tiempo lo fascina la cámara, tanto que el mismo Abramovich le proporciona una para grabar su vida diaria, y los primeros minutos del film lo tienen como protagonista exclusivo. Tan exclusivo que es un documental condenado al fracaso.

    Flavio se torna realizador secundario, y Mariano tiene que jugar a dejarse dirigir, algo para lo que no está preparado y no es el eje de lo que pretende mostrar en su trabajo. Tarde o temprano conocemos al hermano mayor de Flavio, Marcos, quien también fue partícipe del suceso del otro pero reniega de ese capítulo familiar, y a la madre Alba, quizás la titiritera detrás de este movimiento new age, aunque ambos no cambian el panorama de la situación. ¿Ha sido todo un engaño minuciosamente pergeñado? ¿Tiene un ápice de sentido lo que se escribió en esas páginas? El clan Cabobianco encierra interrogantes entre sí, pero no es tarea del director explorarlas sino sobrevivir a su criatura que planea comerse toda la película. Y así lo hace. Solar es un documental a medias, fallido por el ego de un ser de luz que necesita constantemente ser el centro de atención, como lo fue en su infancia, todo lo contrario de un hermano que intuye que ambos fueron canales para los delirios místicos de su madre psicóloga.

    El destapar un fraude suena a un documental de oro, pero Solar no se permite eso. Los Cabobianco no acceden a hacerlo con su rigidez y con el hambre de cámara de Flavio. En las últimas escenas hay una confesión en off que es la piedra fundacional de toda la película, pero también se nota como un recurso conciliatorio entre director y protagonista, algo sacado a la fuerza y con pocos méritos. Pero si sirve de consuelo, es inspirador y hasta aterrador hasta dónde puede llegar la gente para seguir alimentando una mentira de décadas. Y en ese aspecto, Solar sobresale con creces.

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