• Crítica de Star Wars: Los últimos Jedi
    Publicado el 14 diciembre, 2017 por Hernán Fretes

    Un estreno tan importante merece dos críticas y acá la opinión del amigo Hernán Fretes.

    No crecí contemporáneo a la trilogía original creada por George Lucas. Vi de costado, y no tan conscientemente, la aparición de esas criaturas de laboratorio que son las precuelas y fui uno de los que se resignó a que todo tiempo pasado fue mejor. Desde el 2015, con la aparición de The Force Awakens y después con Rogue One, fuimos testigos del renacer de la saga y, por sobre todas las cosas, del sentido de pertenencia que genera Star Wars, así como también de un cambio de paradigma en el universo estrictamente canónico de la franquicia.

    Dos años después, la Fuerza se expande en un nuevo episodio: The Last Jedi. Si la gran El Despertar de la Fuerza triunfaba en poner a la saga en el lugar que le correspondía con nuevos personajes capaces de abrirse camino con el espíritu tan característico que siempre tuvo, esta entrega lo hace entendiendo que es tiempo de abrazar y despedir a lo viejo para que lo nuevo respire y camine con sus propias piernas. En esta oportunidad la saga se democratiza. Deja de ser dependiente de la sangre del linaje y decide emanciparse. Esto tiene un espejo narrativo en la película –que no será mencionado acá– pero es digno de remarcar como una interesante analogía. Rian Johnson releva a J.J. Abrams construyendo una historia ambiciosa, que se sostiene en un argumento que quiere abarcar demasiado, aunque no siempre lo logra.

    Después de un arranque espectacular, la película se abre y las tramas y subtramas empiezan a convivir unas con otras, con resultados dispares. Cada una va por diferentes caminos, lo cual en cierto punto es interesante pero por otro lado la degrada; no todas funcionan y hay muchas que deberían ocupar un lugar mucho menor del que terminan ocupando. Inclusive el tono no funciona igual de bien. Al contrario de lo que uno podría pensar, hay mucho humor en la película que en general se agradece, pero hay momentos en que se nota forzado o directamente no sirve.

    Esta sensación se ve reforzada por la duración excesiva y la inconexión, por momentos, en el montaje. Hay set-pieces y subtramas que podrían omitirse sin que la película pierda nada, que la hieren y la convierten, por momentos, en una extensión no demasiado relevante de la entrega anterior. Hay nuevos personajes, bastantes más de los que uno esperaría, y lamentablemente ninguno parece poseer el núcleo emocional al que nos tiene acostumbrado el universo Star Wars; sobretodo las apariciones de Rose Tico (Kelly Marie Tran) y DJ (Benicio Del Toro).

    Pero también están esos momentos que lo iluminan todo, que emocionan, que ponen la piel de gallina. Hay evolución en la luz y en el lado oscuro de la Fuerza. El eje filosófico y la mirada oriental, sobre la que gestó su obra George Lucas, vuelven a tener peso de una manera bellísima y adulta. Los personajes de la trilogía original son retratados de una manera mucho más austera y sincera: hay grises, conflictos internos que se sienten reales, hay humanidad más allá de las leyendas. Todos en el elenco cumplen con la tarea, pero el palmarés le corresponde a Mark Hamill y Adam Driver. Luke y Kylo Ren están interpretados con una sutileza emocional que apabulla, sobretodo por lo difícil de la tarea de cargar en sus hombros el arco pesado de la película. El Luke de Mark Hamill es enorme, trascendental, y merece todo el reconocimiento por su labor. Al verlo, uno quiere que cada minuto en pantalla dure una eternidad.

    Johnson define una paleta de colores que la saga anteriormente evitó, quien sabe por qué. El rojo y el negro como son determinantes, corren a un costado los azules y blancos absolutos de entregas anteriores y reinterpretan el costado oriental de la génesis de la franquicia, con sets y secuencias espectaculares que los aprovechan. La belleza cinemática que ofrece la fotografía de Steve Yedlin (Brick, Looper) es de las más hermosas de la saga, sin embargo la puesta en escena de Johnson es correcta sin mucho más. El que espere ver algo parecido al trabajo de cámara descomunal de Looper, se va a sentir decepcionado. Siempre es un placer escuchar a John Williams con músicas nuevas, pero no hay mucho de novedoso en esta partitura; tampoco sería justo que se lo pidamos.

    The Last Jedi es una película diferente, que va a generar corrientes de opinión disímiles y ríos de tinta. Es un film que se valorará según el resultado de las altas expectativas puestas en juego y su carácter emocional. Es uno para liberar, para cambiar las cartas. Una nueva película de Star Wars, y eso ya es decir bastante.

    estrella35

     

     

     

     


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