• Crítica de All the Money in the World
    Publicado el 8 febrero, 2018 por Migue Fernández

    Narra la historia del secuestro de John Paul Getty III y el intento desesperado de su madre Gail por convencer a su multimillonario abuelo Jean Paul Getty, quien se niega a pagar por el rescate.

    Clint Eastwood convocó a los héroes reales para interpretarse a sí mismos en The 15:17 to Paris y Steven Spielberg filmó y completó The Post, una contendiente en los Premios de la Academia, mientras que estaba en post-producción de su siguiente trabajo, pero sin duda la hazaña cinematográfica que se lleva los aplausos del 2017 es lo que Ridley Scott hizo con All the Money in the World. No por la película en sí, dado que es un thriller de poco vuelo como otros que integran la filmografía del realizador, sino en términos del trabajo que hizo para tomar control de la conversación en torno a ella.

    El escándalo alrededor de Kevin Spacey explotó a dos meses de su estreno en cines comerciales, con una ventana de tiempo más que reducida para tomar algún tipo de decisión. Netflix le marcó la cancha al cineasta al decidir suspender al actor de House of Cards y posteriormente eliminarlo por completo de su sexta temporada, que estaba presta a comenzar su producción, con lo que no se podía ser menos y junto a Sony Pictures se eligió con audacia seguir por un camino sin precedentes. Bien vale recordar que los tiempos apremiaban desde un primer momento, dado que el cineasta iba por una ruta similar a la de Spielberg y había empezado a trabajar en este film cuando todavía faltaban algunas semanas para el lanzamiento de Alien: Covenant. Y con la fecha de estreno asomando en el horizonte, se resolvió reemplazar al dos veces ganador del Oscar por Christopher Plummer, algo no menor si se considera que el otro estaba en el foco de la campaña publicitaria y había impulso para llevarlo a competir por el Premio de la Academia.

    Es cierto que se dijo que el papel de Spacey era secundario y que tan solo había trabajado por diez días en el set, no obstante hay que ver la película completa para dimensionar la enorme tarea emprendida por el director. De ninguna forma se puede decir que el de Jean Paul Getty sea un rol menor, dado que es una presencia cuasi constante. Al menos durante la primera media hora o más, forma parte de la mayoría de las escenas –una curiosidad: si prestan atención todavía pueden ver a Spacey en un plano abierto en el desierto, mientras baja de un tren-, lo que habla del intenso trabajo que Plummer hizo a sus 88 años para cubrir una vacante imprevista, con apenas días de preparación para el rol, lo que con creces justifica su nominación al Oscar. Y junto a él, se debe ponderar la ardua labor de todo el equipo detrás de cámaras, en términos de recreación de escenarios e iluminación para mantener continuidad con lo hecho previamente, la vuelta de actores para tomas adicionales y más.

    Como bien se señala más arriba, la intrépida resolución de Scott lo llevó a dominar la narrativa en torno a su película, de hecho los tres párrafos precedentes están dedicados a esa decisión. Sucede que tampoco hay muchos méritos más que resaltar. All the Money in the World es un cuento con moraleja sobre la extrema codicia, con un personaje al estilo Ebenezer Scrooge que funciona desagradablemente bien en un Estados Unidos que tiene a Donald Trump como mandatario. La avaricia de Getty es chocante a un nivel ridículo, cual si se tratara de un supervillano cuyo único objetivo es procurar más y más riqueza, para llenar un agujero negro en su interior que nunca quedará satisfecho. Un señor Burns de carne y hueso, con una piedra por corazón, al que las emociones humanas más básicas le escapan cuando no hay dinero que pueda explicarlas. El guión de David Scarpa se ocupa de dejarlo bien en claro en reiteradas oportunidades, con permanentes demostraciones de obscenidad por parte de un hombre que posee todo pero a la vez no tiene nada –es más bien directa a la hora de transportar su mensaje aleccionador- y cuya visión sobre la vida causa indignación. La sombría fotografía de Dariusz Wolski(The Martian) completa el panorama.

    Todo esto se ve atravesado por el secuestro de John Paul Getty III, el nieto, quien sufre por meses a causa de la negativa por parte del abuelo de pagar el rescate. El calvario del joven se extiende más de la cuenta y acorrala a la película hacia un sendero de redundancia, con un tira y afloja constante por los millones exigidos para su liberación. Es ahí donde Michelle Williams se permite brillar como Gail Harris, la aguerrida madre del muchacho, quien no quiere otra cosa más que recuperarlo y que funciona como una caja de resonancia para nuestros sentimientos de furia en contra del multimillonario y todo lo que representa. Se trata de una labor notable, la voz del sentido común rodeada por otros que la ignoran, que sufre su pérdida y a la que ciertas actitudes le resultan tan ilógicas como al espectador. Mark Wahlberg la acompaña en un rol de peso como es el de Fletcher Chase, un antiguo agente de la CIA devenido en asesor de Getty, que destila confianza pero al que el actor no le inyecta demasiado como para diferenciarlo de otros roles en su carrera . Sí hay que destacar el trabajo del francés Romain Duris como el secuestrador italiano Cinquanta, quien no tiene dificultades para el acento y genera una efectiva conexión con el público.

    All the Money in the World se vale de un villano de carne y hueso, al que refuerza de manera constante en sus más de dos horas, para contar una historia que puede ser desconocida en sus detalles, pero no por eso es menos familiar. Una que se ve acordonada por una extensa y desproporcionada negociación que le quita contundencia, por más increíblemente realista que sea. Pero que a su vez se convierte en algo extraordinario por todo el trabajo de último momento que Ridley Scott puso en marcha para alterar un producto ya finalizado. Un caso que difícilmente se repita, sobre todo a la luz de que no hizo olas en términos de taquilla y que voló debajo del radar de la Academia por fuera de la candidatura de Plummer. Aunque esa mera distinción debería resguardarse como un sincero aplauso para todos los involucrados.

    estrella3

     

     

     

     

     
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