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  • Crítica de Black Panther / Pantera Negra

    Publicado el 15 febrero, 2018 por Migue Fernández

    Sigue a T’Challa quien, tras los acontecimientos ocurridos en Civil War, regresa a Wakanda, su solitaria nación africana de tecnología avanzada, para asumir como rey. Sin embargo, cuando un antiguo enemigo reaparece, su temple y fortaleza como rey y superhéroe serán puestos a prueba.

    Ríos de tinta se han dedicado a la llamada fórmula de Marvel, receta concebida para el éxito que permitió instalar y potenciar su Universo Cinematográfico. No obstante, realizadores como Joss Whedon, James Gunn, los hermanos Anthony y Joe Russo, Shane Black o Taika Waititi han dado cuenta de su capacidad para romper con ese molde para obtener grandes películas dotadas de personalidad propia, que no pierden de vista que son parte de un armado colectivo pero que no por eso renuncian al estilo personal de cada uno. Ryan Coogler es el último nombre que se puede agregar a esa lista, de la mano de Black Panther. Bien puede que no se trate de la mejor película de la compañía, como más de uno ha sostenido, pero sin lugar a dudas se le puede reconocer el pretender alcanzar algo más, con la utilización de todas las herramientas que el cine tiene para ofrecer en pos de conseguirlo.

    Captain America: Civil War dispuso los lineamientos sobre los cuales funcionaría esta película en solitario, una que no necesita presentar a su ya conocido protagonista con una historia de origen. Ya estamos familiarizados con T’Challa y sus tribulaciones, con lo que se puede dedicar una mayor atención a Wakanda y a las principales piezas de dicho tablero. Es el príncipe que debe aprender a ser rey, que ve su naciente mandato amenazado desde frentes internos y externos, que busca romper con la férrea tradición con el objetivo de lograr una apertura al mundo. Y es gracias a su exhaustiva introducción a esta gran nación secreta que la maquinaria funciona a punto, en la que cada engranaje se moviliza por una razón de ser, en forma orgánica y sin inconvenientes.

    Coogler celebra a África. Sin caer en solemnidades, homenajea a la madre patria en el marco de una vistosa película de superhéroes, que se luce en aspectos a los que el cine de Marvel no tiende a prestar la debida atención. Es sublime lo que hace Ruth E. Carter (Selma, Amistad, Malcolm X) en términos de vestuario y no debería sorprender que se la encuentre como contendiente de peso para la edición 2019 de los Premios de la Academia. De vastos conocimientos a la hora de reflejar experiencias negras a lo largo de su carrera, traslada el futuro afro de los cómics a la pantalla con un fenomenal nivel de detalle y precisión. Bien distinguible del que está a su lado, cada atuendo brilla. Y esto se ve realzado por la suntuosa cinematografía de Rachel Morrison, quien vuelve a trabajar con el realizador tras Fruitvale Station, que carga las imágenes de color, con una explosiva paleta en la que hay mucho púrpura. Un dato no menor es que la directora de fotografía viene de hacer historia con Mudbound, al ser la primera mujer en estar nominada al Oscar dentro de su categoría.

    Y desde luego que no se puede ignorar el componente musical, algo que se ha cuestionado a este universo. Lo cierto es que desde que un ensayo puso el ojo en el por qué el público no recuerda la música cinematográfica de las películas de la compañía, se decidió implementar un cambio. Ya se lo pudo apreciar con buenos resultados en Thor: Ragnarok y aquí es para destacar el trabajo de Ludwig Göransson (Creed), quien mantiene la esencia de los sonidos tradicionales africanos mezclados con otros electrónicos y de orquesta, para un resultado potente. Tampoco hay que dejar pasar que el visionario y multipremiado Kendrick Lamar creó y curó un disco con 14 canciones inspiradas en esta película, de las cuales tres forman parte de la banda sonora. No solo es un gran álbum, sino que es un ejemplo bastante inusual de un enorme tanque de estudio que se amalgama en forma notable con la sensibilidad de uno de los grandes artistas de la época, para conseguir algo formidable. Es otro de los elementos que hacen a lo cool de Black Panther, que suena tan genial como se ve.

    A la vista está el impresionante elenco que el realizador reunió. De la mano de Chadwick Boseman, es la primera película del Universo Cinematográfico que tiene a un afroamericano como protagonista –siendo la número 18 de este armado-, pero a un nivel general se trata de una de las superproducciones de Hollywood en la que su equipo frente a cámaras es predominantemente negro. El actor detrás de T’Challa hace una labor correcta en el rol del título, pero son quienes lo rodean los que la elevan. Bien puede tomarse a la película como una postergada reivindicación a un superhéroe negro, pero se hace una correcta lectura de los tiempos de cambio y son ellas las que también dan un paso al frente. Lupita Nyong’o como Nakia, Danai Gurira como Okoye y Letitia Wright como Shuri son tres que toman la pantalla por asalto y entregan a mujeres fuertes, con valores bien definidos y de aportes invaluables a la causa de Pantera Negra. Forest Whitaker y Angela Basset ofrecen aplomo, Martin Freeman tiene la posibilidad de lucirse en un papel que le había quedado chico en Civil War, Andy Serkis trae un ángulo de locura y descontrol como Ulysses Klaue y Sterling K. Brown tiene una pequeña participación que se vuelve clave, la cual interpreta con la pasión que lo ha catapultado en los últimos tiempos.

    Claro que se debe reconocer a Michael B. Jordan, un favorito del realizador que lo tuvo como el protagonista de sus dos primeros films. Aquí recibe el papel de villano, algo que dentro del Universo Marvel tiende a estar sujeto a críticas. Coogler y el escritor Joe Robert Cole, no obstante, conciben a un antagonista sólido para sumar a las filas de los mejores de la compañía. Si, el personaje usa el traje Golden Jaguar y se vuelve una suerte de reverso del héroe al hacerlo, como tantos otros enemigos del MCU (Iron Monger, Abomination, Whiplash, Yellow Jacket y demás), pero eso es solo lo que se ve en la superficie. Debajo hay más capas y algunas sumamente ricas, con puntos de vista con los que se puede sentir empatía más allá de que no se coincida con los métodos. No hace falta entrar en detalles del argumento, pero es un hombre preparado y con motivaciones coherentes, que encuentran su repercusión en el mundo real y que ponen un espejo frente a la cara de T’Challa y Wakanda para señalar sus imperfecciones.

    Ryan Coogler demostró con Fruitvale Station ser un cineasta apasionado, humano y gran pulso dramático, pero sin apelar a golpes bajos. Creed dio cuenta de que estaba en condiciones de manejar presupuestos importantes sin renunciar a su estilo, con peleas emocionantes filmadas con excelencia que ayudarían a conseguir la mejor Rocky desde la original. Esto lo lleva para Black Panther, una película en la que resuenan los ecos de la consciencia social de la primera, y del luchar con un legado como en la segunda. Y con un trío impactante de títulos en su haber, es uno de los cineastas más destacados que han aparecido en los últimos tiempos, uno del que no podemos esperar a ver qué más tiene en agenda.

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