• Crítica de Stronger / Más Fuerte que el Destino
    Publicado el 22 marzo, 2018 por Migue Fernández

    Sigue la historia de Jeff Bauman, un hombre común y corriente que se ganó el corazón de su ciudad y del mundo al convertirse en un símbolo de esperanza luego de sobrevivir al atentado de la Maratón de Boston en el 2013.

    La de David Gordon Green es una carrera prolífica, ecléctica y con altibajos. De mimado en el cine independiente con George Washington y All the Real Girls, pasaría con diferente suerte por el terreno de la comedia –hay Pineapple Express y Eastbound and Down, pero también las pobres Your Highness y The Sitter-, para luego volver a dramas más íntimos como Joe o Manglehorn. Un cineasta impredecible, que parece sentirse cómodo fuera de cualquier zona de confort, venía de tropezar con la comedia dramática de alto perfil Our Brand is Crisis pero ahora se sacude el polvo con Stronger, con la historia real de un “héroe” imperfecto que desafía los lugares comunes del género.

    Al momento de la explosión de la Maratón de Boston del 2013, Jeff Bauman era un hombre corriente. Con un trabajo de poca monta y una ex pareja que lo dejó, cansada de estar estancada junto a él, su único objetivo en la vida parecería ser disfrutar de algún espectáculo deportivo respetando sus cábalas, sentado en su sillón, con una cerveza en la mano y su familia white trash a su lado. En un segundo su vida cambia por completo, convirtiéndose en el símbolo de superación de un atentado terrorista, como la cara de un lema que ayuda a sanear a la ciudad. Y donde otro encontraría un relato de superación para cargar de clichés, el director elige abrazar aquellos defectos que lo vuelven más atractivo. El lado oculto de la propaganda.

    Para ello tiene un elenco destacado, comandado por un Jake Gyllenhaal al que la Academia necesita empezar a reconocer –su exclusión de la reciente contienda no se siente tan grave como en el caso de Nightcrawler, pero no hay dudas de que tranquilamente podría haber sido parte de la carrera-. El actor ha dado muestras previas de poder subir o bajar considerablemente de peso de acuerdo a las exigencias del rol y aquí vuelve a mostrar pérdida de masa, con un rostro más delgado y demacrado, con las marcas de la tragedia a cuestas. El trabajo físico es fundamental para este papel y da evidencias de una intensa preparación para el mismo, modificando su forma de conducirse para hacer una sólida recreación de un hombre que ha perdido sus piernas. Y la película no lo esconde sino que expone en reiteradas oportunidades sus miembros amputados, lo desnuda para revelarnos a este joven que debe mostrar una imagen diferente ante el escrutinio de las cámaras.

    En el ámbito privado es que se resquebraja, con muchas oportunidades para que el actor tenga colapsos emocionales, y ahí está Tatiana Maslany a la altura de lo que la película exige, como una mujer que sufre la presión de encontrarse también en una situación que no eligió. No es la amante incondicional que este tipo de film acostumbra a reflejar, sino una mujer que tiene idas y vueltas con Jeff, mientras aprende a amarlo con sus fallas y a cargar con la culpa de sentirse responsable por lo sucedido. La terna la completa Miranda Richardson (Sleepy Hollow, Harry Potter and the Goblet of Fire), quien se pone en la piel de una madre afectuosa pero asfixiante y bebedora, que le suma una presión adicional a su hijo.

    El guión de John Pollono es más bien corriente, pero David Gordon Green y su protagonista ayudan a ensalzarlo sin recurrir al golpe bajo. Evitando dar demasiadas vueltas, se posiciona la explosión en los primeros minutos y luego se dedica en forma loable a demostrar el cambio en la rutina de Bauman, que de repente debe aprender a vivir sin piernas. Su testimonio en los instantes posteriores a la explosión fue clave para identificar a los terroristas, pero el film elige evitar ese aspecto –de hecho se da fuera de campo- para concentrarse en el cómo Jeff hace las paces consigo mismo. Por un lado con su actitud hacia la vida, después de todo antes era el mismo desastre pero con dos extremidades en perfecto estado, y por otro con su imagen de héroe ante la opinión pública. El hecho de salir adelante es un testamento en contra del terrorismo y así lo siente todo aquel que le brinda su aliento, pero él entiende que solo es un hombre que estaba parado en el lugar incorrecto en el momento menos indicado, lo que lo llevó a perder sus piernas. Y ese costado por lo general no explorado, lo vulnerable en el héroe mediático, es el mayor fuerte de Stronger.

    estrella3

     

     

     

     


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