Ricky ha sobrevivido en la calle desde que fue abandonado a los 12 años. Con 23 y ante la inminente salida de la cárcel de su madre, él decide poner en marcha el Hiroshima Club, un prostíbulo donde ella podrá ser la regente y dejar atrás su pasado como prostituta.
Una bala se aproxima a Ricky en cámara lenta. Cómo ha llegado el muchacho
hasta esa peliaguda situación es lo que centra la atención de Carne de neón, segundo film de Paco Cabezas, que adapta su corto
homónimo de 2005 con suerte mezclada y elige nuevamente posarse a medio camino entre la tierra patria y un escenario argento bastante notable.
La especie de comedia negra y barriobajera que presentaba en su corto se traslada al largo con puntos a favor y en contra, pero su peor error es
cambiar de registro a medio camino, lo que hace que el conjunto se desestabilice por completo.
El acierto de la película es que, a pesar de
partir de un ejercicio fílmico heredero de Tarantino y sus allegados (Boyle, Ritchie o Rodriguez), la mirada de Cabezas al
universo sórdido y peripatético de sus personajes es netamente brusco. Más allá de las escenas de violencia, tratadas con su apropiada estética y un
sadismo convincente, la verdad es que, como ocurriera también en el corto original, estamos ante un ejemplo de puro y duro realismo noir
tragicómico español. Matones, prostitutas, yonkis, policías corruptos, traficantes de carne y sangre, un cóctel de elementos recurrentes en cierta
ramificación del thriller urbano moderno, mezcolanza presidida por la sensación de que ni el que apunta va a salir vivo de este periplo.
Como
es habitual en un corto hecho largometraje, el guión de Cabezas pierde gas progresivamente luego de un comienzo lleno de humor negro para virar hacia
un drama social brutal que comienza a aleccionar al espectador, cuando al principio prometió un viaje sin historias con moraleja. Afortunadamente, la
capacidad del cineasta para exprimir lo mejor de su abultado reparto eleva la percepción de la trama, encabezado por la joven estrella ibérica
Mario Casas, que por momentos es más que una cara bonita y brinda un par de sorpresas, cuando su elenco secundario no lo opaca con las
participaciones nacionales de Luciano Cáceres y el gran Darío Grandinetti, o por la parte española con la fabulosa Ángela Molina
como la confusa madre del protagonista, o Infantita, la travesti roba-escenas de Dámaso Conde.
Aunque su estreno era una cosa impensable
en nuestras carteleras -su lanzamiento comercial en España data de Enero del 2011- Carne de neón hace un arribo tardío en las salas, promete
una comedia sucia e irreverente y se queda con las ganas de salir de ese mismo molde que se creó para sí misma engañando con su trama sentimental y su
desenlace algo moroso.