Durante los últimos 60 años, un alien llamado Paul ha estado dando vueltas en un base militar ultra secreta.
Por razones desconocidas, este decide escapar y se topa con Graeme Willy y Clive Gollings, dos nerds ansiosos por ver un OVNI o un
extraterrestre.

Con precisión de
relojero cada dos años Greg Mottola entrega una nueva gran película. No repite fórmulas, cambia, busca nuevos guionistas, da oportunidades a
jóvenes actores y siempre cumple. En el 2007 buscó y logró risas con Superbad, film que potenció a un adolescente grupo de actores y a
sus principiantes escritores Evan Goldberg y Seth Rogen. En el 2009 volvieron los ’80 con Adventureland, su mejor trabajo
hasta el momento y lamentablemente el menos conocido. Con Paul juega a la ciencia ficción. Como niños en una dulcería, lleva al paraíso geek a sus
siempre presentes nerds y los deja tocar todo. El resultado es una divertida y emotiva comedia cargada de personajes entrañables, como aquellas que
suelen caer de otro cielo que es el de Apatow.
Y para el combinado sci-fi humorístico, nada mejor que aquellos que durante algunos años
han mezclado sabores del otro lado del charco. Simon Pegg y Nick Frost han probado como dupla actoral, y como guionista el primero, la
comedia de terror (Shaun of the dead), le han sumado acción (Hot Fuzz) y, en su primer guión co-escrito, juegan con
Mottola a la ciencia ficción. Y como él, cambian. Pero al igual que el director mantienen un punto fundamental: el corazón. Sus personajes pueden
insultar cada dos palabras, pueden hacer cosas ilegales, los puede perseguir la policía, pero nunca pierden sus valores, y en estas películas lo
principal es la amistad. Paul es cómica, ocurrente, franca, emotiva. Puede que el género sea otro, pero en la práctica es lo mismo. El mismo
cine de Mottola, el mismo ejemplo de felicidad.
