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  • Crítica de Logan

    Publicado el 2 marzo, 2017 por Nicolás Mancini

    Ambientada en el futuro cercano, la película sigue a un cansado Logan mientras cuida de un enfermo Profesor X en un escondite en la frontera mexicana.

    El personaje principal es un hombre duro y aparentemente invencible, ágil a la hora de usar sus armas, que deambula solitario por zonas desérticas. Toma alcohol y su físico se vence en consecuencia de la edad. Cuando la muerte lo acecha, llega a su vida una persona que cambia todos sus planes. Esta descripción no es la del Clint Eastwood de Gran Torino, tampoco la del de Unforgiven; corresponde a Logan, el superhéroe icónico de los X-Men de Marvel. El director James Mangold sabe que la trilogía Wolverine se termina y, afortunadamente, se aprovecha de ello.

    Logan (Hugh Jackman) vive el 2029 en una casa en medio de una carretera junto al rastreador Caliban (Stephen Merchant) y un senil Charles Xavier (Patrick Stewart), de 90 años recién cumplidos. Cuando Donald Price (Boyd Holbrook), lider de The Reavers -humanos perseguidores de los pocos mutantes que quedan- y la pequeña Laura (Dafne Keen) aparecen en sus vidas, los problemas no tardan en llegar y comienza una larga persecución entre héroes y villanos esencialmente similar a la de Mad Max: Fury Road. Ni Logan ni Charles utilizan en plenitud sus poderes desplegados por primera vez en el filme del 2000. El devenir de los dos personajes, entre una historia y otra, irradia una cuota nostálgica incomparable con cualquier otra película de la saga. La deficiencia de los superhéroes es el primer elemento diferencial del film.

    En Logan predominan los elementos del western crepuscular, aquel subgénero que presenta protagonistas avejentados y dispuestos a realizar su última misión, y de la road movie. A lo lejos, y en segundo plano, adopta las características del cine de superhéroes. Que la metáfora principal del film esté relacionada con Shane, un western del ’53 de George Stevens, y en una escena suene una canción de Django Unchained, de Quentin Tarantino, permite mirarla con otros ojos. Con la fuerza de sus características rupturistas -dentro del universo de este tipo de películas-, Logan cierra su trilogía personal apabullando a sus dos predecesoras y rompe la monotonía del sexteto de películas de los mutantes.

    James Mangold, director de The Wolverine, y sus dos co-guionistas, Michael Green y Scott Frank, saben muy bien que la cosa se termina y lo expresan tomándose libertades. La mencionadas estructuras de western y road movie conviven con escatimados momentos de gore y con un grupo de homenajes y referencias. Toda la mezcla genérica conforma una narración de ritmo cansino, oscura y sumamente nostálgica. Como aspecto negativo, los villanos demuestran que no están a la altura de los héroes y su gran incidencia en la historia está injustificada.

    El cine dentro del cine y, de alguna manera, el cómic dentro del cómic, aportan una importante cuota positiva en Logan. La película se convierte en el mejor cierre de una saga que avanzaba trastabillando y supera a muchas de sus pares del universo al que pertenece. A base de nostalgia, acción y un héroe y una estructura poco convencionales en relación a películas del género, Wolverine se despide del cine en libertad, inmiscuido en una película dispuesta a dejar conformes a detractores y fanáticos.

    estrella4

     

     

     

     

     

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