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  • Crítica de Set It Up / El plan imperfecto

    Publicado el 26 junio, 2018 por Lucas Rodríguez

    Dos empleados descontentos urden un plan para que sus insufribles jefes los dejen en paz: hacer que se enamoren.

    La cantidad de productos que mastica y escupe la maquinaria imparable de Netflix puede esconder, a veces, ciertos proyectos que pasan de largo, ocultos bajo una pila inagotable de series y películas mediocres que no hubiesen sobrevivido por mucho tiempo en las salas comerciales. Set It Up es una de esas películas tapadas, una comedia romántica de enredos que representa un estudio a consciencia de lo que hizo de la rom-com un subgénero tan popular en los ’90 y por qué ahora es tan difícil de aproximarse. Con un guión calibrado para máxima precisión, y una dupla protagonista como hace rato no se veía, este pequeño romance puede significar las brasas desde las cuales resurja el fénix de la comedia romántica.

    Harper y Charlie (Zoey Deutch y Glen Powell) son dos asistentes veinteañeros terriblemente agobiados por sus respectivos jefes, ella asistiendo a Kirsten (Lucy Liu), una editora en jefe de un portal deportivo, y él a Rick (Taye Diggs), un exitoso empresario financiero. Los jóvenes han dejado de lado sus vidas personales en pos de mantenerlos contentos y quizás conseguir un preciado ascenso en sendos ambientes competitivos. Pero cuando sus planes terminan totalmente frustrados, y la gota que colma el vaso está al caer, un encuentro fortuito los pone en el camino de un plan ideal para tener un respiro en sus vidas: hacer que sus jefes se enamoren perdidamente y así dejar de mandonearlos tanto. Ellos llevan sus agendas día a día, saben sus gustos e intereses, así que mover los hilos detrás del cortinado no debería ser una tarea tan ardua de lograr… ¿o no?

    Set It Up sabe que va en andas de comedias románticas que marcaron a toda una generación (Meg Ryan y Tom Hanks tuvieron el monopolio del género en su momento) y también que la mitad de su premisa se vale del todavía fascinante trabajo de Meryl Streep como Miranda Priest en The Devil Wears Prada -hay una referencia no muy escondida a dicha película-, pero no le importa. Tachemos eso, sí le importa, pero se toma el honor de continuar la tradición del subgénero muy a pecho, tanto que logra una comedia sencilla y lo suficientemente edulcorada para pasar un muy buen rato y no aburrir al espectador en el camino.

    Su directora Claire Scanlon ha pasado demasiado tiempo dirigiendo comedias para televisión -en su haber tiene episodios de The Office, Modern Family, The Last Man on Earth, Brooklyn Nine-Nine y Unbreakable Kimmy Schmidt– y en su debut como realizadora de largometrajes demuestra que es una estudiante prodigio y que no en vano ha trabajado tanto en el género. Ayudada por un impecable guión cortesía de Kate Silberman, Set It Up encuentra su propio lugar entre tantas imitadoras en una honesta actualización del romance en los tiempo digitales que corren.

    Por supuesto, no estaríamos hablando de esta película si no fuese por la excelente labor de la dupla Deutch-Powell. Ambos han ido trepando poco a poco la colina de Hollywood y haciéndose conocidos, a puro pulmón, y acá demuestran cuán carismáticos son, juntos y por separado. Hace rato que no había una pareja protagónica que despegue tantas chispas de química entre ellos. Deutch es toda una fuerza de la naturaleza, con un timing cómico impresionante, tanto para la comedia física como para retrucar diálogos rápidos, y más si tiene al lado a un adorable patán como el que encarna Powell. Sus escenas son magnéticas y juegan un genial ping-pong entre ellos o sus horribles jefes. Que, por cierto, me lleva a cuestionar por qué no le dan más papeles similares a Lucy Liu como una verdadera perra, con una mirada o un simple diálogo que harían que Meryl estuviese orgullosa de ella. Taye Diggs resuelve el cuarteto con solvencia y, aunque su personaje es el menos explorado de todos, sale adelante a fuerza de carisma y una sonrisa que derrite.

    No hay nada nuevo bajo el sol que presente Set It Up, pero es para agradecer que toda la producción involucrada haya hecho bien los deberes. Cuando parece que va a tocar notas convencionales, la historia va para otro lado, y, cuando sí toca notas repetidas, lo hace con la convicción absoluta de no faltarle el respeto a sus predecesoras. Es, literalmente, una feel good movie, que demuestra que a veces las buenas intenciones llevan a buen puerto.

    estrella35

     

     

     

     

     
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