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  • Crítica de The Meg / Megalodón

    Publicado el 16 agosto, 2018 por Migue Fernández

    Jonas Taylor, un experto rescatista en alta mar, es reclutado para salvar a la tripulación de una criatura que se creía extinta: un enorme tiburón prehistórico llamado Megalodón.

    The Meg

    Desde que Steven Spielberg revolucionó el concepto de tanque cinematográfico moderno con Jaws, todos amamos una buena película de tiburones. En ese sentido es que llama la atención que una como The Meg haya estado tanto tiempo en desarrollo. ¿Un escualo prehistórico de dimensiones titánicas? Es un concepto que se vende solo. Sin embargo, por dudas respecto al guión o su presupuesto, se pasó más de dos décadas en los planes en diferentes estudios. Pero el Megalodón por fin está libre para aterrorizar a la humanidad, con un producto final que busca ser una mezcla entre el clásico arriba mencionado y Jurassic Park, pero con un toque de Sharknado para darle al combo la suficiente autoconsciencia como para que se la disfrute. Más enfocada en la acción que en el terror, y con buenas dosis de humor, no abraza por completo un tono que Piranha 3D comprobó años atrás que era el adecuado.

    The Meg se destaca cuando acepta ese costado festivo e irónico que prometía en su campaña promocional, con un buen nivel de entendimiento de la bestia con la que se está lidiando. Le lleva una pesada primera parte, bastante solemne, hasta que le encuentra la vuelta. Ya desde la primera escena que se comprende la magnitud de la criatura y el impacto que ha tenido en la vida del personaje de Jason Statham, más allá de que para un vistazo apropiado faltarán varios minutos. El prólogo se carga del componente de horror para introducirnos al megalodón, mientras que luego se pasa a la exploración de ese territorio vasto y en su mayoría desconocido que es el océano. Se recorre la profundidad en forma acotada, pero con ojos maravillados. Eso hasta que el tiburón prehistórico vuelve a embestir y deja a un submarino de aguas profundas y a sus tripulantes incapacitados en el fondo, con solo un hombre al que recurrir. Jonas Taylor ha caído en desgracia por un evento traumático que nadie le cree y desde entonces se dedicó a pasarse la vida emborrachándose en la costa de Tailandia –por suerte para la historia, el consumo permanente de cerveza no le quitó ni un solo abdominal-. Desde luego que, tras cierta negativa inicial, será parte de la expedición para rescatarlos.

    The Meg

    Desde allí se ponen en marcha los engranajes de la película, una que pareciera tener la necesidad de tomarse muy en serio hasta poder llegar a tomarse a la ligera. Cuando el proyecto ya avanzaba en forma definitiva fue Eli Roth el realizador que se vinculó en primera instancia, lo que da la sensación de que en cierto momento se pensó en acentuar el componente de terror que genera este tiburón gigantesco. Eventualmente se fue por la ruta de Jon Turteltaub (National Treasure, The Sorcerer’s Apprentice), quien tiene algo más de experiencia en hacer películas de acción con comedia, aptas para un público menos restringido. El guión de Dean Georgaris (Lara Croft Tomb Raider: The Cradle of Life) junto a los hermanos Jon y Erich Hoeber (RED, Battleship) refuerza ese aspecto, transitando bien por una fina línea que la sumerge en aguas campy pero sin caer del todo en lo que es una parodia del subgénero.

    Si bien hay que soportar una densa primera parte repleta de clichés, personajes básicos y un tono pesado que no le sienta, con algún que otro chiste al paso, hay un punto de inflexión. Cuando es acerca del descubrimiento y rescate, cansa. Es básicamente desde que el megalodón emerge hacia la superficie que hay un cambio rotundo, con un tono más lúdico y absurdo. Al convertirse en una historia puramente de hombre versus monstruo, se le encuentra la vuelta. Se lo puede llevar hacia una playa repleta de bañistas chinos que saben disfrutar como pocos del mar, se puede elevar la apuesta y el riesgo sin perder de vista el tono juguetón. El hecho de que toda la segunda mitad sea así, lleva a que termine con una nota positiva y que parcialmente se olvide de todo lo que vino antes. Perdura la sensación de que había una película mejor para hacer, si tan solo aceptara lo que es desde el comienzo. A fin de cuentas, es Statham contra el escualo más grande de la historia del cine. Y eso alcanza.

    estrella3

     

     

     

     

     

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