Crítica de Angel Has Fallen / Presidente Bajo Fuego

Cuando hay un intento de asesinato contra el presidente de los Estados Unidos, su agente de confianza Mike Banning es acusado injustamente y se da a la fuga para limpiar su nombre.

Angel Has Fallen, Gerard Butler

Tercera y por ahora última entrega de la franquicia «Has Fallen», que tiene como protagonista a Gerard Butler en la piel de Mike Banning, el mejor agente del Servicio Secreto a cargo de la seguridad presidencial. En esta ocasión, no obstante, lo que deberá cuidar es su propia vida y reputación, luego de que el Presidente sufra un atentado y todo apunte a que él es el culpable. Cuando el FBI se obsesione con su captura, y ponga a toda su propia agencia en su contra, él tendrá que luchar contra viento y marea para salvaguardar su buen nombre y encontrar a los verdaderos responsables detrás de todo esto.

Luego de los eventos de Olympus Has Fallen y London Has Fallen, vemos a un Mike que sufre las consecuencias de tanto golpe y balas recibidas. Si bien el personaje tiene en la sangre la impronta de la lucha, no hay que olvidar que los años pesan y el cuerpo pasa factura. Así es que Angel Has Fallen gira en torno a la culminación de la pelea y el paso de antorcha para las nuevas generaciones de agentes. Tras haber protegido a los primeros mandatarios del mundo en las dos entregas pasadas, ahora es el turno de cuidarse a sí mismo. La traducción Presidente Bajo Fuego ignora lo que el título original indica. El ángel caído no se refiere, por ejemplo, al avión presidencial, sino al ángel de la guarda ocupado de mantenerlo a salvo. Quien está bajo fuego es Mike.

Angel Has Fallen, Gerard Butler

Sin nada que realmente rompa con una fórmula o que verdaderamente sorprenda, se puede apreciar que todas las escenas de acción están muy bien realizadas. La adrenalina empieza a correr a tan solo 10 minutos de iniciada la película, lo que nos coloca en una montaña rusa permanente. Pero, a diferencia de las dos pasadas, esta también se permite sus momentos de reflexión. No solo acerca de la madurez, sino también sobre la familia, los amigos y, por qué no, los enemigos.

No se puede dejar de mencionar el trabajo de Morgan Freeman, quien en esta ocasión ostenta el cargo de nada más y nada menos que presidente de los Estados Unidos, rol que le sienta muy bien como ya viéramos en Impacto Profundo (Deep Impact, Mimi Leder, 1998). Un primer mandatario que quiere destacarse de sus antecesores pero, como bien se sabe, tratar de diferenciarse conlleva su precio. Y para terminar de redondear al reparto tenemos el regreso de Nick Nolte a la pantalla grande, con el aporte de la cuota de humor necesaria y el despliegue de todo su encanto, para demostrar que la edad no es una restricción para dar pelea.

Cuando decimos que esta película no quiere dejar nada librado al azar es real y eso se nota principalmente en el aspecto técnico. Hay verdaderos expertos en la materia detrás de este proyecto, como Robert Mark Kamen a cargo del guion, escritor detrás de las franquicias Búsqueda Implacable (Taken) y The Transporter (El Transportador), así como también el creador de The Karate Kid. La música corre por cuenta de David Buckley, compositor a cargo de Jason Bourne, The Nice Guys o The Town, en tanto que hay un buen trabajo con la fotografía, a manos de Jules O’Loughlin, un DF que en su haber tiene varias películas del género como Duro de Cuidar (The Hitman’s Bodyguard) y eso se nota en el manejo de la cámara. Y, para terminar de completar el paquete, el director es Ric Roman Waugh (Felon, Shot Caller, Snitch), un doble de riesgo devenido en realizador que no es ningún improvisado en la materia. La amalgama entre todos estos talentos produce un acabado redondo para este final… por ahora.

7 puntos