Crítica de Angélica

Una película oscura sobre la soledad de una mujer y su destructiva tendencia a escapar del presente y aferrarse al pasado.

Angélica, Delfina Castagnino

Angélica, una mujer de 40 años, se refugia en la casa de su infancia, donde su madre falleció recientemente. Esta propiedad está vendida, y se va a demoler para construir un edificio. Pero ella la ocupa, sin que su hermana lo sepa, mintiendo y tomando posesión sobre la misma. Es su lugar detenido en el tiempo, tal como ella percibe su realidad. Enceguecida por los celos con su ex novio, conoce a Alfonso, un hombre mayor con quien establece una nueva relación amorosa. Ficción y realidad parecen entremezclarse, pero pronto todos sus planes se ven frustrados: no puede superar el duelo de la madre como tampoco ser sincera con la hermana, y su relación con Alfonso empieza a parecerse cada vez más a una fantasía. Mientras se resiste a los cambios, la demolición continúa sus pasos, convirtiéndose en una amenaza tanto para su hermana como para ella misma.

El segundo film de Delfina Castagnino (Lo que más quiero) propone la caída en desgracia de una mujer que vive aferrada al pasado y cuya vida se transforma, suceso tras suceso, en un descenso sin fin. Angélica está sola. Su único contacto social con el exterior es su hermana, cuya única preocupación es vender la casa; tiene una hija que la llama pero a la que no le contesta las llamadas. El alcohol y la depresión en la que está sumida la llevan por caminos extraños mientras que hace del pasado su propio hogar.

Angélica, Delfina Castagnino

Cecilia Rainero (Algunas Chicas, Tarde para Morir Joven) elabora un personaje complejo y detallado, permitiendo que no queden dudas o grietas sobre su personalidad. Infantil pero intrigante. Dependiente, pero auténtica. Su vida es una extravagancia tras otra: ya sea recorrer la casa en patines, infiltrarse en fiestas de disfraces o jugar a las cartas con ancianas vistiendo las pelucas de su madre. Una destacada interpretación de la actriz que permite una empatía genuina con su carácter.

La fotografía es otro elemento a destacar, ya que la mayor parte de la filmación está realizada dentro de la casa y siendo la oscuridad un ingrediente clave para la protagonista. Necesita pasar desapercibida y, además, poder refugiarse en su pasado al observar filminas de su niñez. Los momentos coloridos comienzan a aparecer in crescendo dando pauta al desbordamiento del mundo imaginario de Angélica. Por eso es que la iluminación y los colores son utilizados con astucia, habiendo una singular sincronía entre la descomposición física de la casa y la mental del personaje.

Una obra de por sí oscura, con un marco psicológico bien depurado y llevada a cabo con visible precisión en sus ciclos. Sin contradicciones en sus caracteres y con cada acontecimiento, un descenso de mayor profundidad en la melancólica y nostálgica psiquis de la protagonista. Un relato fascinante y portentoso en su dimensión y alcance, constituyendo una nueva perlita para el cine nacional.

8 puntos