Crítica de Ash is Purest White / Esa Mujer

Qiao está enamorada de Bin, un mafioso local. Durante una pelea entre bandas rivales, ella dispara un arma para protegerlo. Qiao recibe cinco años de prisión por este acto de lealtad. Tras su liberación, ella va en su búsqueda.

Ash is Purest White, Esa Mujer, Jiang hu er nv, Jia Zhangke

El director Jia Zhangke es uno de esos realizadores chinos que se ha mantenido a la vanguardia del cine -específicamente, de la sexta generación- de su país, excepto por un diferenciador clave en toda su obra: no obedece a los estatutos propagandísticos impuestos por su turbia situación política. En su lugar, opta por empaparla de un desbordante interés hacia la humanidad, así como un revelador -e íntimo- estudio sobre la evolución social, económica y, desde un lado crítico, diplomática de lo que es su nación de origen. Y ahora, tras más de 25 años consolidándose como un talento inoxidable, ofrece una película que recoge todas las virtudes de su cine, un sensible retrato de sus intereses titulado Jiang hu er nv (Ash is Purest White / Esa Mujer).

Si Zhangke es conocido por su contacto con la demoledora realidad en la trilogía de documentales que realizó durante la década pasada, también se le debe recordar por su brillante manejo de la ficción -siempre aterrizada-, como ya demostró en años pasados con A Touch of Sin y en el tercer acto de Mountains May Depart -se verá que su obra suele estar estructurada en tres más que evidentes secciones, usualmente divididas por años-. Esto se hace evidente durante el inicio de la película, la cual sigue a una protagonista tan memorable como es Qiao -interpretada por la musa del director, Zao Thao-, quien está enamorada del jefe de la mafia local, un contenido y respetado hombre llamado Bin (Liao Fan). Así, al pausado ritmo en que se revela el funcionamiento tan fraternal de la red criminal, es cuando se nota al director inspirado en el género; construye una envidiable torre que no duda en desmantelar para su segundo acto, que es donde persigue sus verdaderas ambiciones.

Ash is Purest White, Esa Mujer, Jiang hu er nv, Jia Zhangke

Así es como, tras una asfixiante secuencia donde un grupo rival busca asesinar a Bin, la joven Qiao le defiende con un atronador disparo hacia el aire. Una advertencia no únicamente para los rivales, sino para lo que se vendrá en la vida de los dos. En consecuencia, ella es encarcelada durante cinco años -perdiéndose el clave lapso entre 2001 y 2006- para que, al salir, Zhangke de verdadero inicio a lo que quiere contar: una crónica sobre el impío tiempo que lo mueve todo, no únicamente a favor de algunas personas, pues el realizador enfoca su siempre oscilante lente en aquellos que ya no tienen su lugar en el mundo; almas perdidas que buscan implacablemente su supervivencia. El ritmo decae pero no el interés y, al igual, brilla que parte del metraje fue filmado hace más de 10 años -como cierto concierto que cataliza todo el dolor de su protagonista- y que, aunque los tiempos son esenciales, tiene cierto tono atemporal que se fija en algo mucho más trascendental de lo que parece a simple vista.

Sin embargo, no se puede ignorar su portento técnico, pues la ecléctica fotografía del cosmopolita Eric Gautier -quien estuvo detrás de Into the Wild y Diarios de Motocicleta– da cuenta de la evolución de China, no sin regalar bellas secuencias como el baile al ritmo de Y.M.C.A o el momento en que Qiao consigue aquella arma que la mandaría al vacío. La película fue filmada con siete cámaras distintas que aportan a la diferencia de temas y formatos; un recurso necesario por el documentado cambio que China logró en el primer lustro del siglo, así como algo meramente narrativo que encapsula al pérfido paso del tiempo para sus protagonistas. Del mismo modo, resalta con creces el impecable trabajo de una Zao Thao que pocas veces ha estado mejor, ahora es una mujer fría pero con un latente corazón roto. Seguir su palpable cambio es descorazonador, fascinante y único; se trata de una actriz con una mirada tan mágica como controlada que, como ya ha demostrado, siempre está a la altura.

Ash is Purest White se presentó en el 71° Festival de Cine de Cannes y, aunque la anhelada Palma de Oro le fue arrebatada por la también asiática Shoplifters -una de las mejores películas del pasado 2018-, la obra culmen del gran realizador no pasó desapercibida. Se desconoce cuál será la siguiente película que Zhangke encare -por lo pronto, está dirigiendo un documental sobre un festival de literatura en Shanxi, China-, pero se puede aseverar que tras años de excepcional trabajo para el séptimo arte, no ha perdido ni un ápice de genialidad.

8 puntos