Crítica de Birds of Prey / Aves de Presa

Después de separarse de Joker, Harley Quinn se une a Canario Negro, Cazadora y Renée Montoya para salvar a una chica de un malévolo criminal.

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«¿Sabes lo que tenemos que hacer? Tenemos que armar un maldito equipo. Los necesitamos rudos, moralmente flexibles, y lo suficientemente jóvenes como para cargarse esta franquicia por 10 o 12 años»
Wade Wilson, Deadpool 2 (2018)

Después de revelarse como uno de los aspectos más destacados de la pobre Suicide Squad, Harley Quinn se convirtió en un bien preciado para Warner Bros. y DC. No se tenía claro el cómo, pero se la quería en todo. Primero se habló de una versión cinematográfica de Gotham City Sirens, luego de una película que encabezaría junto al Joker de Jared Leto y finalmente se concluyó en la formación de Birds of Prey, un ensamble que tiene al personaje en el centro, como seguramente sucederá con la próxima The Suicide Squad. En este nuevo paso por las salas hay muchas ideas en juego que no terminan de confluir de la mejor forma, aunque una sobresale a las claras: hacer de ella la Deadpool de este universo.

La mención al mercenario que interpreta Ryan Reynolds no es casual, dado que Birds of Prey parece inspirarse en las dos películas de este. Cargada de humor, buen nivel de acción y un espíritu irreverente, al menos lo que le permite una historia acorde a los tiempos que corren, Harley Quinn rompe piernas y cuartas paredes. Es la otrora doctora Harleen Quinzel quien se apropia el derecho de contar a su manera esta historia, una de crecimiento personal y girl power basado en la unidad. El problema radica, sobre todo, en que se cree más cool de lo que es, lo que conspira en contra de su resultado global.

Es una buena idea la de explorar la emancipación de Harley Quinn, definitivamente alejada de una relación tóxica con Joker. Un problema es que hay poco de esto de lo que podamos ver. La última vez que vimos a los personajes se disponían a huir juntos hacia el horizonte, pero en el medio hubo movimientos tectónicos dentro del universo extendido de DC y no hay rastro del Joker Leto. Por el contrario, todo lo que suceda en Birds of Prey lo sabremos a través del lente de su protagonista. Con ello veremos cómo sufre y se empodera en pantalla, pero su guion sobrecargado se ocupará de explicar lo visto en caso de que no se entienda, como si se subestimara al espectador.

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Cual si se sintiera la mano de Margot Robbie en la producción, porque no solo es la estrella del show sino también una de los que lo hace posible, todo en Birds of Prey necesita de su mirada. Así es que hay grandes problemas de ritmo, porque va atrás y adelante en la historia según la recuerda Deadpool Quinn. Eso limita el desarrollo de otros personajes, lo cual es una dificultad cuando desde la concepción se piensa en un ensamble. Es como si se hubiera sentido que el crecimiento individual de Harley no era suficiente para justificar una película en solitario, con lo que se hizo un puente precario para justificar la inclusión de las Aves de Presa en este universo. Y así la película no respira.

Cada nueva heroína no es más que lo que Harley ve de ella. Una ruda detective, una ruda mujer con ballesta, una ruda mujer con una voz letal. No por nada es el Black Mask de Ewan McGregor quien resulta el personaje más interesante de ver. Más allá de la desatada interpretación de este impredecible y trastornado mafioso, es un antagonista con vida propia.

Birds of Prey tiene suficientes elementos a favor como para considerarse un paso adelante respecto a Suicide Squad. Cuando tiene espíritu insolente da en el clavo y se permite ser francamente divertida. Ya descartado el opaco filtro gris con el que se concibió a este armado colectivo de películas, explota cuanto color puede en pantalla, lo que se utiliza desde los vestuarios a las inventivas secuencias de acción –la de la cárcel, la batalla final- en las que se luce el pulso de la directora Cathy Yan, quien también trabajó junto al muy solicitado Chad Stahelski (John Wick) y su compañía para hacer de estas escenas las mejores que fuera posible. Esa buena colaboración se nota y en materia de acción hay un dinamismo que no está presente en otros aspectos de la película. Ni hablar de que no se le escapa a la sangre o los huesos rotos, con lo que se gana su calificación restringida.

Aves de Presa no siempre se lleva bien con la fantabulosa emancipación de una Harley Quinn. La pandilla de chicas es solo una excusa para no hablar del show de Harley Quinn, pero ha habido peores intentos por parte de DC de tomar atajos en el armado de su universo. Aquí se propone un (conocido) cambio de rumbo, uno más bien lúdico, para abordar de lleno y con innegable olfato comercial una problemática de la época, lo que limita el alcance su incorrección. Y el viaje no deja de tener sus momentos atrevidos, salvajes, violentos y divertidos.

5 puntos