Crítica de Bumblebee, de Travis Knight

En la fuga en el año 1987, Bumblebee encuentra refugio en un depósito de chatarra. Charlie es quien lo descubre, herido y con cicatrices de guerra. Cuando ella lo revive, pronto descubre que este no es un escarabajo amarillo común y corriente.

Bumblebee

Y la sexta fue la vencida. Bumblebee, el primer desprendimiento de Transformers, es por lejos la mejor película de la franquicia. No solo en términos comparativos con las otras cinco, sino que en líneas generales es un muy buen film que abraza un espíritu que antes se eligió ignorar. Uno conectado a títulos como The Iron Giant o E.T. the Extra-Terrestrial, con los que comparte un núcleo emotivo que pone en primer lugar al corazón, con lo que la acción tiene sustento y no es un mero choque descerebrado de chatarra. Quizás era cosa de prestarle atención a Steven Spielberg, que fue productor ejecutivo de todas las entregas de esta serie cinematográfica. Pero lo que indudablemente motivó el cambio de rumbo hacia pasturas más verdes fue la elección de otro director en Travis Knight (Kubo and the Two Strings).

Desde el momento en que se supo que el CEO y presidente de Laika (Coraline, ParaNorman, The Boxtrolls) se iba a hacer cargo de este spin-off, había motivos para sentir entusiasmo por una película de los robots alienígenas por primera vez en mucho tiempo. Michael Bay tocó su techo con la original, que sin ofrecer demasiado abrió el camino, delimitó las formas y se consolidó, hasta ahora, como la mejor entrega dentro de este armado. Lo que siguió fue una larga e insensata batalla interplanetaria que daba vueltas en círculos, condimentada con todas las explosiones que se pudieran incluir en el presupuesto y torpes peleas de Autobots y Decepticons que eran el equivalente fílmico de un niño jugando con muñecos.

Es verdaderamente increíble que Paramount Pictures le haya dado al arriba mencionado la dirección de tres películas en la franquicia y después le volviera a dar las riendas de lo que sería su relanzamiento, pero el dinero manda. Las caras frescas frente a cámaras poco cambiaban si detrás de ellas estaba la misma persona, una que no tenía interés en volver pero al que los grandes cheques lo terminaban por convencer. Después de Transformers (2007) no había más ideas y, sin embargo, se llamó a Michael Bay para que exprima al máximo lo poco que tenía e hiciera otras cuatro películas más, de calidad decreciente pero ganancias exponenciales –cosa que cambió con la absurda Transformers: The Last Knight-. Así se saturó al público y se agotó a la franquicia. Bumblebee, la mejor de las seis, es de momento la que menos ha recaudado y por mucho, una ironía que duele y que hay que esperar que se corrija pronto. No van a dejar de hacer producciones de Transformers, el tema es quién las haga de ahora en más.

Bumblebee

¿Y por qué es tan buena Bumblebee? Travis Knight y su guionista Christina Hodson encuentran el corazón entre todo el metal y ponen en el centro de atención la relación entre una joven con problemas personales y el Autobot del título, quien viene a ser una adorable mascota alienígena. Ella una chica poco sociable que busca encontrar su lugar de pertenencia en el mundo, él un robot extraterrestre en la huida, en búsqueda de un refugio para su especie. Al ser eso el foco principal de interés, toda la aventura estará atada al desarrollo de los personajes. Cybertron y los Decepticons están presentes, pero a una escala menor que las otras. Existe el plan de los villanos para colonizar y eventualmente destruir a la Tierra, pero la película elige una ruta menos convencional para llegar a esto, con un perfil más bajo y apuestas más íntimas. También hay enemigos en el Ejército de los Estados Unidos, que por lo pronto no son aliados, y el film se ocupa de seleccionar a su antagonista y darle reales motivos para perseguir a nuestro héroe, en vez de hacerlo un mero uniforme que acata órdenes.

Ayuda y mucho que la película esté ambientada en los años ’80. La ola nostálgica que inunda nuestro presente está a la orden del día y le insufla vida nueva a la franquicia Transformers al llevarla a los tiempos en los que surgió. La música es un elemento fundamental de la historia y, por supuesto, hay una cuidadosa selección de éxitos de aquellos bellos tiempos. Ninguna rareza, las decisiones musicales van en la línea de elegir cuanto clásico de la época se pueda incluir, y funciona. Ni hablar del peso que tiene The Smiths en la trama, siendo Charlie una joven alternativa de buen gusto, cosa que ensancha el corazón. Que suene «Girlfriend in a Coma» en una película de Transformers es mágico.

Y la influencia de dicha época no se limita solo a la música, sino que hay un criterio estético general que acompaña. Bumblebee y Optimus Prime, así como los villanos Dropkick y Shatter, tienen diseños más sobrios, propios de los muñecos que dieron pie a la franquicia. Pueden someterse a las mismas transformaciones de antes, aunque no están limitados a solo una, sino que pueden asumir más disfraces. Y el hecho de haber sido pensados en términos más moderados no tiene que ver con una mera apelación a la nostalgia, dado que además favorece al entendimiento de los combates, con buenas dosis de acción que se filman en forma más clara y limpia, con menos metal que se retuerce y explosiones para disimular el caos.

En parte Spielberg, en parte John Hughes, Bumblebee elige las piezas que necesita para funcionar en la mejor forma posible. Sin dejar de ser una película de Transformers, opta por dejar en la pila de chatarra todo aquello que no sirve para el desarrollo de su historia o sus personajes. Encuentra en Hailee Steinfeld a una buena protagonista, con traumas que la han marcado de por vida, y en el gigante de hierro al mejor amigo del hombre… o mujer. Es gracias a su vínculo honesto y tierno que puede florecer una nostálgica aventura que rebosa de acción y buen humor, que se permite ser emotiva cuando corresponde y que no pierde de vista el hecho de integrar una franquicia mayor, pero que no tiene que estar permanentemente rindiéndole pleitesía.

Una verdadera lástima que, por decisiones incomprensibles de la distribuidora local, me haya tocado verla en castellano y no en idioma original. La película es lo suficientemente buena como para superar esa dificultad, pero sin dudas resintió la experiencia. Debe ser todavía mejor poder disfrutar de la actuación de la joven nominada al Oscar como Dios manda, o de ese gran humorista de enormes músculos que resultó ser John Cena.

estrella4

 

 

 

 

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