Crítica de Cuadros en la Oscuridad

Marcos es un artista de 65 años que nunca ha podido exhibir sus pinturas. Un día un joven ladrón de 13 años, Luis, irrumpe en la casa creyéndola deshabitada. Él es el único testigo de la obra de Marcos.

Cuadros en la Oscuridad, Paula Markovitch

El segundo largometraje de Paula Markovitch, luego de recoger elogios por su opera prima El Premio, toca una fibra personal en la cineasta, quien basa su Cuadros en la oscuridad en su padre, un hombre que nunca pudo exponer su obra. Con el insilio como precepto fundamental para desarrollar su historia, Markovitch narra un cuento mínimo que lucha constantemente con lo que tiene que decir y cómo lo dice.

Contrario al exilio, el insilio es una condición psicológica de auto-encierro o destierro de uno mismo creado por el propio orden político, trastorno que padecía el padre de la autora y responsable de que éste se mantuviera encerrado ocultándose a sí mismo y a sus cuadros. Es lo que padece Marcos (Alvin Astorga), un hombre huraño viviendo al límite de la pobreza pero prolífico en su trabajo artístico, quien se ve acosado un buen día por Luis (Maico Pradal), un intruso de 13 años que le sacude el claroscuro mundo en el que ambos viven. La peculiar relación que nace entre ellos está muy bien conseguida por la realizadora, que dirige con excelente percepción a sus disparejos protagonistas y les saca más sentido con miradas y momentos que con parlamentos, muy acotados a lo largo del film.

Cuadros en la Oscuridad, Paula Markovitch

Es este un drama contemplativo, que arroja a sus personajes a las aristas más inhóspitas de la sociedad y les intenta dar un sentido a su vida, el uno enseñándole al otro lo mucho que sabe sobre el arte, el más pequeño haciendo compañía sin entender demasiado a su vecino de mal carácter pero con un corazón de oro. La misma directora dice de su película que es un collage en su parte formal, narrativa y de textura, una cinta de escasos diálogos y ritmo pausado, matices que se notan a cada paso de sus 85 minutos de duración pero que no son suficientes para construir un marco narrativo que se sostenga con los elementos mencionados en pantalla.

Markovitch quiere homenajear la vida y obra de su padre mediante la historia de Marcos, pero mas allá de expresar por boca de él que sus dibujos nunca vieron la luz del día por su posición social, no hay un intento de seguir explorando. El pequeño Luis poco y nada entiende, complica extremadamente la cotidianidad de ambos y termina en un embrollo que deja al tercer acto carente de un protagonista, por lo que la película termina arrastrándose más de la cuenta y sin un cierre preciso. La vida es ardua y a veces no nos da las respuestas que uno necesita, pero Cuadros en la oscuridad a veces le pide demasiado a sus protagonistas, y si bien Astorga y Pradal tienen una química natural, no es suficiente para llenar los recovecos argumentales que ni el buen pulso narrativo de la directora pueden subsanar.

4 puntos

 

 

 

 


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