Crítica de Dolemite is My Name

Cuando a un multifacético showman le cierran las puertas en las radios, decide filmar por su cuenta una película con su nuevo y excéntrico personaje.

Dolemite is My Name, Eddie Murphy

Comenzaba la década de 1970 y Rudy Ray Moore no se conformaba con ser sólo el presentador de shows del club donde trabajaba. Seguro de sí mismo, y confiando en que la oportunidad siempre está disponible para el que sabe observar el momento, escuchó la voz de las calles para renovar su repertorio como comediante en clubes nocturnos y locales. Al adoptar bromas sucias y lenguaje vulgar pero cotidiano, Rudy no solo logró el estrellato sino que creó su propio estilo. Incluso grabó álbumes con canciones cómicas en las que exploró los temas favoritos de su público. Tal éxito lo hizo decidir tomar vuelos más altos e ingresar al mundo del cine, para llegar a una audiencia mayor, aunque el desafío no tardó en probar ser uno importante. Dolemite is My Name presenta la historia de vida del comediante, músico, cantante, actor y productor de cine que terminó convirtiéndose en un icono del blaxploitation para la comunidad norteamericana.

El mérito de Craig Brewer (Hustle & Flow, Footloose) se sostiene en la dirección de una película apasionada por la entrega absoluta de sus personajes, en un entorno en el que nadie más los valoraría, abundando en diálogos inspiradores y sabrosos. Con notable fidelidad a la original, la historia sincera sobre la vida y esfuerzo de Rudy Ray Moore, quien crea para sí mismo una personalidad extravagante fácilmente reconocible para el público, al cual se dedica de lleno en todo momento. Todo este viaje se presenta a lo largo del primer acto del film, así como la formación de la compañía que seguirá al carismático Eddie Murphy durante sus próximos pasos. El actor de los mil papeles parece haber nacido para éste. Su ingenio y su clásica sonrisa cautivadora crean una fidedigna interpretación.

Dolemite is My Name, Eddie Murphy, Wesley Snipes, Keegan-Michael Key

Esta comedia con tintes de drama cuenta también con la participación de Keegan-Michael Key (Key & Peele, The Predator) en su tono más serio, Craig Robinson (The Office) como el compositor de la banda sonora y también con un divertido e irreconocible Wesley Snipes (The Expendables 3, Brooklyn’s Finest), quien se lleva gran parte de los aplausos al interpretar un engreído actor y director.

El guión llega de manos de Scott Alexander y Larry Karaszewski quienes tienen una cuidadosa atención al detalle que rodea la realidad actual de cambio social. Desde la producción del largometraje original, lanzado en 1975, no sólo contaron con la ayuda de sus amigos cercanos, que carecían de los conocimientos técnicos de producción, sino también de algunos jóvenes estudiantes de cine, hipnotizados por su carisma y dedicación, elementos que desbordan en toda la historia.

Una obra que ríe mucho en este afán de hacer que las cosas sucedan sin estar preparado adecuadamente para ello, cuando la voluntad es lo único que se tiene de sobra. En Dolemite is My Name nos percatamos que Ruby Ray Moore quizás no tenga mucho conocimiento técnico sobre la producción de un film, pero si de deseos de grandeza se vive ningún obstáculo será lo suficientemente grande como para hacer una película. Claro que, en el cine de la manera en que él lo ve, contará con muchos senos, diversión y, por qué no, kung fu.

8 puntos