Crítica de Enemy / El Hombre Duplicado

Adam es un profesor de historia que lleva una vida rutinaria y tranquila. Un día, viendo una película, descubre que hay un actor idéntico a él. Así comenzará la búsqueda para conocer a esta persona y se enfrentará a consecuencias inesperadas.

Jake Gyllenhaal, Enemy, Denis Villeneuve

Denis Villeneuve es una máquina imparable de buen cine. Sin ir más lejos, vean lo muy bien recibida que fue su anterior película, Prisoners, que mereció la más alta calificación en el sitio por su servidor aquí presente. Si no la vieron corran a verla, porque es una demostración más que sólida de los poderes cinematográficos del canadiense. Ahora, resulta bastante encomiable que en el pasado Festival Internacional de Cine de Toronto -el TIFF para los amigos- Villeneuve presentó al mismo tiempo Prisoners y Enemy, película que nos compete en esta ocasión. Si presentar dos films de calidad al mismo tiempo en el mismo festival no lo hacen un director para seguir de cerca, no sé que más lo hará.

Por lo pronto, diremos que Enemy está basada en la novela El Hombre Duplicado, del autor portugués José Saramago, y que gira en torno al descubrimiento de un profesor de historia -Adam, interpretado por Jake Gyllenhaal– de un actor terciario más que secundario en una película que ve por recomendación de un colega. No sé hasta qué punto las historias de la novela y su adaptación están relacionadas, pero lo que sigue es un descenso hacia los recovecos oscuros de la mente humana, en una historia tan aterradora como adictiva.

La fantasía de encontrar a un doble exactamente igual a nosotros es un pensamiento que muchos hemos tenido a lo largo de nuestras vidas. La serie canadiense Orphan Black está tocando ese mismo precepto pero lo impulsó hacia un número más alto que dos, pero el resultado en Enemy recorre aristas más profundas que la del show televisivo. La obsesión y la curiosidad llevan a un simple profesor de historia a querer conocer más de ese extraño que posee sus mismos rasgos y en la senda del descubrimiento hay puertas que no deberían haber sido abiertas.

Ayudado por una suntuosa fotografía en sepia y varias tonalidades de amarillo -no, esta vez no fue la mano de Roger A. Deakins sino la del joven Nicolas Bolduc– y una electrificante banda sonora, el guión del español Javier Gullón no peca de excesivo, y la mano de Villeneuve va conduciendo al espectador a este doble festival de Gyllenhaal, que cumple la tarea de crear dos personajes parecidos físicamente pero muy diferentes en personalidad. La intensidad en las miradas de Adam y Anthony ya revelan todo sobre los hombres, y es un gran trabajo de caracterización creado por un excelente actor, que prácticamente está en todas las escenas.

Ahora bien, mucho se ha hablado de lo extravagante que resulta la incorporación de elementos fantásticos, oníricos o como quiera llamárselos, y con esto hablo del uso de las arañas dentro de la trama. Por contrato, no se les permitió al elenco revelar nada del simbolismo de los arácnidos en la trama, así que queda a plena disposición del espectador quitarle el velo a sobre qué se refiere tanto el guión como la dirección con respecto a este particular uso, pero gracias a esta incorporación es que la escena final resulta tan especial, única, explosiva y atemorizante al mismo tiempo.

Con una duración escueta -90 minutos, casi la mitad de PrisonersEnemy genera una atracción magnética impresionante, aunque definitivamente no es para todos los gustos. Con una trama altamante indescifrable, es una muestra bastante experimental de parte de un director que desafía las categorías, generando inquietudes en cada historia que presenta.

8 puntos