Crítica de Fatman

La historia se centra en un Papá Noel poco ortodoxo, que lucha por evitar que su negocio se hunda a la vez que debe evitar ser asesinado por un matón contratado por un niño de 12.

Hay películas que, luego de su visualización, generan sensaciones encontradas, que hacen difícil tomar un criterio de aceptación, como es el caso de Fatman.

La historia es la de un Papá Noel interpretado por Mel Gibson, quien deberá evitar ser asesinado por un criminal contratado por un niño que recibió un carbón como regalo navideño.

Los directores Eshom e Iam Nels de entrada nos muestran que no estamos en presencia de una típica película navideña, con el actor practicando puntería con gesto adusto, un porte visto en películas como Arma Mortal o Revancha.

El ambiente cinematográfico creado por los hermanos realizadores presenta un espíritu navideño olvidado en algunos niños, incluso le llegan a disparar a Papá Noel en una época marcada por el consumismo. El film, entre líneas, utiliza la navidad como un negocio en el que se puede tener cualquier cosa a cualquier precio. En esa línea es donde tiene los cimientos, personificada por un niño de 12 años de clase alta, decepcionado con el hombre de los regalos.

Resulta original la idea de un Papá Noel con escasos recursos económicos para afrontar los gastos de la fabricación de los regalos, quien recibe la ayuda financiera del Tesoro de los Estados Unidos. Lo mismo el mostrar un lado más «humano» del personaje, al que llaman Cris todo el tiempo.

Pero dichos conceptos no terminan de desarrollarse, al focalizar la atención en la planificación y ejecución del asesinato de Santa en casi todo el desenlace. Y es aquí donde el film navega en un humor negro que a veces funciona -depende del gusto del espectador- pero que tiene a favor la gran interpretación de Walton Goggins (The Hateful Eight), logrando caracterizar un matón a sueldo sin principios y calculador pero con ciertos gustos que no concuerdan con su personalidad, pero que causan gracia por su locura. Basta mencionar una escena donde compra una ruedita para que su hámster -que lleva en su auto- se sienta más cómodo en su largo camino hasta matar a Papá Noel.

La película cuenta con momentos de acción, especialmente en el tramo final, donde el espectador aguardará el resultado solamente por mera curiosidad. Parte de culpa la tiene su hilo argumental al no ahondar en el comportamiento del niño, en la falta de explicación del por qué de su conducta. La sola ausencia del padre de vacaciones con su novia no convence, lo que marca un simple proceder macabro del pequeño por el solo hecho de no tener lo que quiere.

Como siempre, Mel Gibson lleva bien su interpretación, aquí como un Papá Noel más «realista», pero se tiene la sensación de que está desperdiciado, siendo un actor que combina muy bien el lenguaje corporal emotivo como las secuencias de acción.

En definitiva, Fatman acaba con el sinsabor de lo que podría haber sido con semejante premisa y protagonista. Quizás con otra dirección y un argumento más pulido, el resultado hubiese sido diferente.

4 puntos