Crítica de Hacer la vida

Los diferentes inquilinos de un antiguo edificio de Buenos Aires comparten el espacio mientras que cada uno busca la forma de conseguir lo que quiere.

Hacer la vida, Bimbo, película

En épocas de cuarentena obligatoria y cines cerrados, la industria nacional propone mantener los estrenos semanales de cada jueves a través de Cine.ar y la comodidad del hogar. Desde el viernes 10 hasta el jueves 16 está disponible en el catálogo la nueva película de Alejandra Marino, una elección que casualmente coincide con los temas de la cotidianidad y la convivencia. Pero entre tantos personajes e historias, Hacer la vida se queda a medio camino.

En un antiguo edificio de Buenos Aires, comparten residencia personas con personalidades diferentes. Lucy (Bimbo) lucha contra la independización de su madre, el cuidado de su hijo Mick y la búsqueda de trabajo. Mónica (Victoria Carreras) y Sergio (Darío Levy), quienes vuelcan sus ganas de tener un bebé en su perro Aquiles, alojan a su criada tucumana Mercedes (Florencia Salas) y su embarazo no deseado. Gabriela (Luciana Barrirero) y Mariano (Joaquín Ferrucci) son una pareja con objetivos distintos: ella sueña con bailar danza clásica en el Colón y él apenas le presta atención. Además del solitario Lorenzo (Pablo Razuk), cierra el elenco de la vecindad La Rusa (Raquel Ameri), una ucraniana recién llegada al país que busca cómo ganarse la vida mientras espera por su marido.

Ante un número tan grande de personajes, lo mejor que tiene Hacer la vida es su puesta en escena. Las habitaciones pequeñas, los reducidos movimientos de cámara y la avejentada decoración dan la idea de una obra de teatro, por lo que se hace instantánea la identificación de historias a seguir. Estar situada en un edificio le da la excusa perfecta para que ocurran los encuentros cotidianos y se terminen generando relaciones y secretos entre sus protagonistas. Pero es este el punto donde el camino se parte: demasiadas historias que apenas llegan a algún lado -si es que lo logran-.

Hacer la vida, película

Al tener tantas tramas por seguir, todas sucediendo al mismo tiempo y con personas que pasan de una a otra, era inevitable que algunos tuvieran más desarrollo para el final. Todos los personajes tenían una problemática bien marcada, pero solamente un puñado pudo elegir concretar una resolución, mientras que el resto tuvo que conformarse con lo que dejaron las acciones de los más afortunados.

Tal vez cada arco narrativo hubiera tenido más peso no solo con mayor tiempo en pantalla de algunos personajes, sino con mejores actuaciones. Lejos de ser el fuerte de la película, la gran mayoría de las interpretaciones se siente como la lectura de un guion que abusa de la exposición en más de una ocasión. Afortunadamente Raquel Ameri y su mal llamada Rusa son la excepción con un papel sólido y clave en el avance de la trama. También pueden llegar a rescatarse los diálogos entre Luisa Kuliok y Bimbo; madre e hija con ideas de vida muy diferentes.

Puede que Hacer la vida no llegue con bombos y platillos a destino, pero que esté a un click de distancia la hace una oportunidad imperdible para aprovechar los regalos que deja el cine argentino. Quedan en evidencia esos problemas que surgen de lo cotidiano, y son expuestos en un escenario familiar acompañados de diálogos que fácilmente recuerdan al teatro. Hay tiempo hasta el jueves 16 para disfrutarla desde cine.ar, porque nunca está de más bancar la industria nacional.

6 puntos