Crítica de Hereditary / El Legado del Diablo

Cuando fallece Ellen, la matriarca de los Graham, la familia de su hija empieza a desenredar crípticos y cada vez más terroríficos secretos acerca de sus antepasados. Mientras más descubren, más se encuentran tratando de escapar al destino siniestro que parecen haber heredado.

Hereditary

Hereditary se estrena en cines luego de un auspicioso debut en Sundance, de donde emergió imbuida de elogios que la tildaban del film más aterrador en años. No se puede aceptar sin más esa aseveración, dado el entusiasmo que se produce por algunos proyectos en festivales, si se tiene en cuenta que apreciaciones similares se han hecho de las notables It Follows, The Witch o Get Out, para señalar algunos ejemplos recientes. El miedo, al fin y al cabo, es una emoción subjetiva. Pero por más cautela con la que uno se aproxime a la ópera prima de Ari Aster, no se puede estar del todo preparado. Inquietante a más no poder, vive a la altura de las expectativas y más.

La cocción de este drama de terror es a fuego lento. En sus dos horas de duración hay muy pocos de los famosos jump scares, esos sustos imprevistos que toman por asalto al espectador y lo llevan a sobresaltarse en la butaca. El terror se construye desde otro lado, a pura atmósfera y con una tensión que se acumula permanentemente, hasta el punto de contener la respiración. Si debo ser honesto, me provocó una de las experiencias más perturbadoras que haya tenido en una sala de cine. Minutos después de terminada, ya caminando por la calle, no podía dejar de pensar en los minutos finales, sintiéndome realmente afectado por lo que acababa de ver.

Hereditary

Hereditary es el producto de la mano de un artesano que elige con sapiencia cada pieza de su obra. Su desarrollo pausado está en la línea de un drama familiar, exponiendo la dinámica de cada uno de los integrantes del clan Graham. Se apuesta a un conocimiento acabado de tres de los cuatro miembros –el padre queda bastante apartado-, lo que provoca un efecto mayor al momento de la verdad. Durante una hora o más, Aster construye con delicadeza la cotidianidad de una familia que lejos ha estado de la normalidad. Con el cuidado con el que Annie Graham crea sus escenas en miniatura para una galería de arte, el realizador compone un tableaux vivant, una pintura viviente que nos proporciona una aproximación a la psicología de cada uno. El impacto es todavía más grande cuando sus mundos empiezan a colapsar.

Su desarrollo es tan denso como rico, a pesar de que en ciertos pasajes se resiente y frustra por cierta falta de ritmo. El realizador propone un film de la vieja escuela, hecho con un estilo más propio del cine de terror de los años ’70. Para ello convoca a un firme equipo frente a cámaras, con grandes actuaciones de Alex Wolff y Milly Shapiro, pero con una descomunal interpretación de Toni Collette, quien ofrece uno de los trabajos más destacados en su prolífica carrera. El horror se construye desde el interior. El pobre y genérico título local acierta la noción del «legado», el destino sombrío se hereda y se pasa de generación.

La combustión lenta rinde sus frutos conforme el film avanza, con vueltas de guión que realmente lo toman a uno con la guardia baja. El conocer a fondo a los Graham no prepara para lo que los espera, solo profundiza el lúgubre impacto. Y no se puede dejar de alabar el aterrador final, orquestado con pulso de maestro, en el que somos testigos de una verdadera pesadilla. Todo sazonado con una efectiva labor musical del compositor Colin Stetson que acentúa el miedo, mientras que la fotografía de Pawel Pogorzelski se complementa a la perfección con el diseño de producción de Grace Yun, aprovechando a fondo las posibilidades de la enorme casa en la que viven los Graham, un hogar que de a poco pareciera revelarse como una tétrica miniatura, obra de otro tipo de artista. Hereditary es una pieza de arte, que augura un futuro promisorio para su autor novel.

estrella45