Crítica de Home Team: el espíritu deportivo según Happy Madison

Kevin James personifica al entrenador ganador de la NFL Sean Payton.

Home Team, Kevin James, Taylor Lautner

¿De qué va? Es la historia del entrenador de los New Orleans Saints, Sean Payton, que al ser suspendido durante la temporada 2012 por sus vínculos con un escándalo se dedicó a entrenar al equipo de fútbol americano de su hijo.

Un experimento interesante para Happy Madison, la productora de Adam Sandler, que no contaba con antecedentes de este tipo en su currículo: ponerle su sello a una historia basada en hechos reales. Y vaya si se nota, pero no solo por la pelota de golf rompiendo la pantalla al inicio –que nos puede anticipar lo que tenemos por delante-, sino que a lo largo de la hora y casi 40 minutos que dura Home Team encontramos todos y cada uno de los vicios, sellos y peculiaridades que presentan en sus respectivos proyectos, esta vez sin su mandamás delante de cámaras, quien cumple el rol de productor, dejando parte de su séquito para protagonizarla, como son Kevin James, Rob Schneider y Jackie Sandler, bajo la dirección de Charles y Daniel Kinnane.

El entrenador Sean Payton pasa de la gloria de haber obtenido en 2009 el primer Super Bowl para los New Orleans Saints a estar envuelto en un escándalo deportivo de 2012 bajo un sistema de «recompensas» para lesionar a futuros rivales del equipo, lo que provocó la suspensión del técnico por un año. Caído en desgracia, decide viajar a Texas para entablar relaciones con su hijo Connor (Tait Blum), con quien no tiene mucho vínculo debido a la distancia en el amplio mapa estadounidense y sus exigencias laborales.

El joven cursa la secundaria y juega en el equipo de fútbol americano de los Warriors. Pero lejos de parecerse a los homónimos de Stephen Curry y Klay Thompson, los pre-adolescentes se divierten a pesar de perder todos los encuentros, apoyados por la dupla de entrenadores Troy (Taylor Lautner) y el vago Bizone (Gary Valentine) en un rol más didáctico que deportivamente hablando.

Home Team, Kevin James, Taylor Lautner

Pero la llegada de Sean modifica el andar rutinario del círculo, con un equipo expectante ante la presencia de un ganador de la Liga que se irá metiendo poco a poco en su formación hasta abusar de la misma y perder los pergaminos iniciales del espíritu deportivo. Sin embargo, para el protagonista no es nada fácil el día a día al encontrarse con el bloqueo sentimental de su descendiente, un hotel que lejos está de las comodidades esperadas y ver cómo su exesposa Beth (Jackie Sandler) se encuentra felizmente en pareja con Jamie (Rob Schneider). La vida continuó, y el debe insertarse de una manera u otra y la mejor parece ser a través del fútbol americano.

Más allá de que la historia es verídica, la película decide insertarla en su propio universo con los códigos propios de la productora: personajes bizarros, chistes al corte de cada escena y diálogos intranscendentes. Esto sucede también con la presencia de personajes redundantes, teniendo como gran ejemplo al conserje del hotel Eric (Jared Sandler, sobrino de Adam) que poco puede agregarle a la trama y solo forma parte de los pasajes humorísticos, algunos más logrados que otros, junto al protagonista –dejándole la posta que en algunos otros proyectos le ha tocado a él-.

En el mismo sentido, si bien está basada en hechos reales, la trama se presenta muy lineal y con poco espacio problematizador sobre la misma junto a una interpretación homogénea pero a la vez sin fisuras de James, donde no resultan del todo convincentes los diferentes escollos que se presentan y nunca logramos insertarnos en ese universo caótico del propio protagonista, algo común en historias deportivas que apuntan principalmente a un público familiar –algo que pudimos ver en varias historias que presentó Disney-. Además, muchas de las características que vemos principalmente en los jóvenes son similares a las de Kicking & Screaming, con un equipo devenido en la desgracia deportiva pero que logra unirse como grupo para pasar por lo menos un grato momento. Una de las diferencias entre la comedia de 2005 y esta es que los personajes de la primera son más empáticos, y en este caso nunca logramos encariñarnos con el resto de los equipos de los Warriors, a excepción del hijo del protagonista y Harlan, el personaje de Manny Magnus.

Sin embargo, vale destacar que como propuesta familiar pasatista no falla –ya que cuenta con todos sus clichés posibles- y no deja de ser un grato momento que se puede pasar junto a los seres queridos, más aún para los fanáticos del tipo de humor del protagonista de The King of Queens. Amantes u odiadores de esta productora y este tipo de propuestas: ustedes decidirán si darle o soltarle a mano.

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