Crítica de Horse Girl / La chica que amaba los caballos

Este drama psicológico cuenta la vida de Sarah, una simpática joven, tímida y solitaria, que –aparentemente- sufre de una enfermedad mental que hace que sus alucinaciones cada día se sientan más reales.

Horse Girl, Netflix, Alison Brie, La chica que amaba los caballos

Después de debutar en el Festival de Sundance, a través de Netflix se estrenó Horse Girl (2020), un drama psicológico escrito y dirigido por el norteamericano Jeff Baena (The Little Hours, 2017) y protagonizado por Alison Brie (Glow), quien también participó como co-autora del guion.

El largometraje nos presenta la historia de Sarah (Brie), una simpática joven que trabaja en un pequeño local de telas y bisutería. Una chica que, a pesar de su devoción para con los demás, no logra conectar con las personas, pues su timidez y su peculiar forma de actuar la llevan a vivir una vida solitaria conformándose con tener pocos amigos, de los que resaltan Joan (Molly Shannon), su compasiva compañera del trabajo; Nikki (Debby Ryan), su compañera de piso; Gary (Paul Reiser), su padrastro y Darren (John Reynolds), un joven que se enamora de ella y es uno de los primeros en descubrir los verdaderos problemas que esta enfrenta.

A pesar de mostrarse –al principio del film- como una chica normal, Sarah comienza a presentar signos de estar perdiendo la cordura, ya que no es capaz de distinguir lo que es real de lo que no. Es esta confusión lo que da «sentido» a la historia, ya que Baena tratará -por todos los medios- de hacer que la audiencia comparta la confusión que diariamente sufre la joven como propia.

La locura de Sarah parece detonarse en el momento en que ve uno de los capítulos de su serie favorita: «Purgatory». Al enterarse de que el protagonista de la serie ha sido clonado, empieza a creer que ella podría ser un clon de su abuela -ya que tiene un gran parecido con ésta- y que esto se debe a un experimento realizado por unos alienígenas. Esta idea se va intensificando a lo largo del largometraje en cada una de las acciones que va desarrollando Sarah, quien comienza a hablar de viajes en el tiempo y abducciones, mientras sus delirios se siguen incrementando.

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En este sentido, Alison Brie realiza una actuación admirable, logrando que el espectador sienta cierta empatía con su personaje. Por momentos podemos sentir la soledad que puede sufrir un enfermo mental y cómo la sociedad es capaz de marginar a las personas que no encajan en los parámetros establecidos.

Es necesario destacar que el director Jeff Baena trata de hacer de Horse Girl una historia en donde el espectador sienta que tiene la última palabra, sin embargo, este falso libre albedrío es la falla más notable de la película, que abandona bruscamente sus pretensiones de ser un film de culto para convertirse en un relato pseudo-intelectual lleno de pequeñas tramas inacabadas y sin sentido. Por ejemplo, son muchos los momentos que quedan sin explicación y que debieron ser explotados para aportar una mayor comprensión de la historia, tal es el caso del accidente de caballo que sufrió una amiga de Sarah en la adolescencia, el cual es colocado como un inciso sin importancia y así como este ejemplo son muchos los momentos interesantes que quedan sin profundizar.

Por ello, Horse Girl puede ser catalogada como una película ambiciosa con un relato que parece quedar a medio camino, si bien son plausibles sus intentos de introducir al público en un tema tan complejo y delicado como el de las enfermedades mentales, cualquier buena intensión desaparece en una trama surrealista que se pierde en sí misma.

Entre los aspectos rescatables del film podemos destacar el uso del color. Así, Baena decidió utilizar colores fríos -diversas tonalidades de azul- en los momentos de lucidez de Sarah y colores cálidos cuando ella se sumerge en sus delirios, aportando con ello una interesante estrategia narrativa. Asimismo, la música es otro elemento que sobresale –aunque en ocasiones puede ser un poco angustiante- al ser utilizada como un instrumento que permite al espectador sumergirse en el estado de ánimo de la protagonista. Pero, sin duda, lo más notable, como ya se mencionó, es la actuación de Brie, quien logra acertadamente hacernos sentir la ansiedad de Sarah, tratando de hacernos comprender, como espectadores, el sufrimiento que experimenta una persona mentalmente enferma y cómo ésta se enfrenta a una sociedad que no está preparada para entender este tipo de comportamientos.

En definitiva, Horse Girl es una película con buenas intenciones, que se pierde en una interpretación demasiado fantasiosa sobre la difícil situación de padecer una enfermedad mental. Es una película que presenta una historia que no termina de encajar, dejando al espectador con más dudas que respuestas. Si bien esta parece ser la intención de su director -dejar algunos agujeros que el espectador debe llenar-, para el público común el relato puede resultar impenetrable e incompresible. Asimismo, su tratamiento sobre las enfermedades mentales puede resultar superficial e ingenuo. No obstante, Horse Girl termina por ser una de esas películas que amas u odias con locura… Y aunque esta crítica resulta desoladora, lo cierto es que, si quieren saber realmente de qué va, tendrán que verla y así sacar sus propias conclusiones.

5 puntos