Crítica de It

Cuando niños empiezan a desaparecer en la ciudad de Derry, Maine, un grupo de chicos se ven enfrentados a sus peores miedos al confrontar a un payaso maligno llamado Pennywise, cuya historia de asesinato y violencia data de hace siglos.

En 1990 se estrenó la primera adaptación del, para muchos, mejor trabajo del maestro del terror contemporáneo, el señor Stephen King. El relato en formato de telefilm, que aunaba los dos capítulos de un grupo de amigos combatiendo al payaso Pennywise, suscitó diferentes opiniones en cuanto a su calidad, pero aún así fue suficiente como para insertarse dentro de la cultura pop. 27 años después, IT llega a la pantalla grande con una nueva representación, mucho más perturbadora y profunda, de la mano de nuestro querido Andy Muschietti en la dirección de la que ya se ha convertido en una de las películas más comentadas del año, que ha llegado a aterrorizar al mismísimo autor de la novela.

Viendo en perspectiva el telefilm, que tenía como villano principal a un payaso interpretado por Tim Curry, resulta hasta naif al comparar la forma en que se creaban los relatos del género por aquellos años, sin embargo funciona para entender cómo el espectador ha llegado a precisar de algo mucho más brutal, menos contemplativo y, sobre todo, la necesidad de recurrir a lo sobrenatural. Muschietti se enfrentaba a un gran problema: ¿Cómo se puede generar terror y miedo a partir de una historia de la cual ya se conocen sus elementos? ¿Qué se le puede sacar de nuevo a una novela que incluso ya tuvo una adaptación?

El director no se preocupa en generar misterio por saber qué está sucediendo en el pueblo de Derry, por el contrario, los personajes se desenvuelven dentro de un terreno que el espectador ya conoce, solo que ahora el autor de todos los males, Pennywise, se presenta mucho más delirante, más amargo; aquello que hace no es lo que produce el miedo sino su propia imagen, la sola mención de su nombre, el imaginarse que no hay lugar donde esconderse.

Y quizás el pilar fundamental de la dirección y el guión escrito por Chase Palmer, Cary FukunagaGary Dauberman sea el darle lugar a los conflictos internos de los niños, los cuales tienen su importante reverberación en su enfrentamiento con el payaso. Es por esto que IT no solo se vuelve efectiva por las herramientas más clásicas para producir terror, utiliza de forma muy inteligente temas sociales como el bullying, la violación, la brecha generacional y las desapariciones para dotar de profundidad a unos personajes que deben encarar estos miedos y superarlos.

El grupo de amigos púberes, los autodenominados «Club de los Perdedores», conforman otro factor fundamental con la manifestación de una gran química entre los actores, que enriquecen la verosimilitud en el relato y la identificación con ellos. Identificación en tanto que la ya mencionada profundidad de los personajes no remite solo a los conflictos sino a una diferenciación bien marcada entre cada uno, como por ejemplo el anteojudo Richie Tozier, solo por nombrar a uno, quién es el encargado de llevar el cómic relief al relato con un humor que hasta incluso en situaciones tensas se siente orgánico y disfrutable. El alma de la película coming of age refuerza aún más el concepto de unos niños que entran en la edad en que deben afrontar el crecimiento que conlleva enamorarse, rebelarse y enfrentar los miedos.

Párrafo aparte para Bill, el miembro más joven de la familia de actores Skarsgård, quién se pone en la piel del maldito Pennywise con una ductilidad asombrosa para ir desde lo más juguetón e inocente hasta lo realmente siniestro y delirante solo con un movimiento de mirada.

Los interminables comentarios sobre la nueva versión de IT se ven completamente justificados. Resta ver cómo Muschietti se pone al hombro la segunda parte de una pesadilla que aún no terminó. El director entrega un film extremadamente brutal y lacerante; ni siquiera el brillo de los hermosos personajes logra borrar la estela de inseguridad que cubre el relato, la inseguridad en la que de un momento a otro cualquiera puede desaparecer; y aún sabiendo de los riesgos que se corren es un deber hacerse cargo de un problema, que incluso si no se quiere verlo, está siempre allí.

estrella4