Crítica de Joker / Guasón

La película sigue la historia de Arthur Fleck, un hombre maltratado y abandonado por la sociedad que lo rodea. Cada golpe, cada caída, cada humillación lo llevarán a convertirse en el villano que todos conocemos: el Guasón.

Joker, Joaquin Phoenix, Todd Phillips

Desde lo que parecen tiempos inmemoriales, el Joker -o Guasón, como lo conocemos localmente-, fue, es y será uno de los villanos más vitales en el folclore de Batman y Ciudad Gótica. Habrán pasado otros antagonistas en la historia comiquera del Hombre Murciélago, pero es el imprevisible lunático que se disfraza con ropaje de payaso el que tanta fascinación ha creado en el público consumidor, y al que finalmente se la da su momento en solitario con Joker, el gran viraje hacia terreno dramático del director de comedias Todd Phillips (Road Trip, Old School, The Hangover), que desde su glorioso paso por el Festival de Cine de Venecia ha cosechado tantos laureles como detractores en un film más que interesante, pero complicado de deconstruir y, mucho más, de debatir.

Sería importante aclarar de entrada que Joker no es una película de superhéroes, por más que pertenezca al universo de DC Comics. Es un desprendimiento puro y duro, con apenas algún que otro lazo conector, más por obligación contractual de la casa matriz que por otro motivo. La historia que se cuenta es un estudio psicológico realista sobre la mitificación del Guasón a través de los tumbos personales de su protagonista, una persona desequilibrada mentalmente arrojada a los feroces fuegos que se cuecen en la desorganizada y roñosa Ciudad Gótica, que atraviesa una crisis a punto de estallar. No esperen ver grandes escenas de acción ni héroes en spandex, mucho menos comedia desternillante á lá Marvel. Todo lo contrario, con pocos detalles de entretenimiento es un adentramiento que puede resultar deprimente.

Lo que hace Joker es centrarse en la demoledora vida de Arthur Fleck (Joaquin Phoenix) un hombre cuarentón que padece severos trastornos psicológicos. Cuidando de su anciana madre casi postrada (Frances Conroy) y trabajando como payaso a sueldo, él sueña con convertirse en comediante, impulsado por la adoración al anfitrión de talk show Murray Franklin (Robert De Niro) y los constantes comentarios de su madre, quien dice que su tarea en este mundo es esparcir alegría allí donde vaya. Pero es más fácil decirlo que hacerlo en medio de una ciudad al borde del abismo, con una brújula moral girando sin sentido, y un problema de huelga con los recolectores de basura que dejan acumular pilas y pilas de desechos en las enfermizas calles de Ciudad Gótica. La ciudad está sucia y corrupta, tanto interna como externamente, y en ese caldo de cultivo, en esa tormenta perfecta de caos y locura, es que nace un villano a la fuerza.

Joker, Joaquin Phoenix, Todd Phillips

La reimaginación áspera y cruda del origen del Guasón cuenta con un apartado visual espectacular. Phillips parece que ha estudiado fervientemente el cine de Martin Scorsese y entrega una aproximación bastante acertada del mismo, en donde se respiran aires tóxicos de una ciudad en pedazos a partir de una magnífica fotografía, y una banda sonora que abruma y aplasta con cada toque musical. En este escenario turbulento es donde se maneja Arthur, yendo de la mano de un guion escrito por el mismo Phillips y Scott Silver, quienes constantemente arrojan a su protagonista a través de un mar de azotes físicos y psicológicos. Es un proceso para nada agradable de ver, con apenas algunos destellos de luz en medio de tanta oscuridad, y es un esquema repetitivo donde se pone el dedo en la llaga tantas veces que puede terminar por aburrir. Es el costado más polémico del film, uno que propone revisar el papel de la violencia tanto en la trama como en la vida real, y esgrime el interrogante de si un asesino despiadado se nace o es el producto natural de una vida de maltratos constantes. Joker puede parecer capaz de contestar un tópico tan al rojo vivo como éste, pero si la miramos de cerca nunca termina de responderse a sí misma.

Donde realmente se esconde su brillantez es en la brutal interpretación de Phoenix, que mediante el método actoral que lo caracteriza se mete de lleno en papel, piel y hueso mediante. Joker es una máquina de clips introductorios a la multitud de premios que sin duda cosechará a partir de su estreno comercial, ya que su trabajo es descomunal y hace olvidar completamente cualquier traspié narrativo. Era de esperar, ya que Joaquin es uno de los mejores actores de su generación y cada nuevo rol es una oportunidad para demostrar sus dotes camaleónicas. Basta nomás el ver la primera escena para entrar en calor con su Arthur Fleck, y conforme transite su camino irá transformándose poco a poco en el asentado villano que ya conocemos. La revisitada fachada de payaso que tanto se difundió en el proceso de marketing es el punto de quiebre, uno que me gusta equiparar a la labor de Natalie Portman en Black Swan. Una vez que los protagonistas se deshacen de sus ataduras, es una pura clase maestra de actuación de antología, por más regodeo que Phillips haga de su demacrada figura. Sé que muchos lo compararán al legendario Heath Ledger, pero hay que entender que son diferentes versiones y que ambas pueden coexistir dentro del mismo medio.

Una película como Joker debe haber sido difícil de vender como proyecto, pero el resultado es de alguna manera fascinante. ¿Es una película de superhéroes? No lo creo, solo toma un personaje del canon para explorar el costado más dramático y humano del mismo. ¿Es un drama de prestigio? Sin dudas quiere serlo, a toda costa, y tiene las herramientas para lograrlo, pero de no ser por la emblemática interpretación de Phoenix, sus constantes y repetitivos actos de violencia verbal, psicológica y física no serían tan llevaderos como lo son en un film de dos horas que pretende iniciar una conversación madura, cuando no tiene por sí sola la madurez necesaria para lograrlo. Es un avance dentro del universo cinematográfico de DC porque recurrió a un camino nada transitado y le abre la puerta a adaptaciones más maduras, pero su pesimismo constante y el peligro latente en su mensaje no la dejan convertirse en el legado al que apunta llegar.

7 puntos