Crítica de Klaus

Un joven y holgazán cartero es enviado al pueblo de Smeerensburg con la misión de abrir una oficina postal. Su difícil situación comienza a cambiar cuando conoce a un ermitaño leñador que en su pasado fue fabricante de juguetes.

Klaus, Sergio Pablos, Netflix

Desde el 15 de noviembre se encuentra disponible en Netflix el primer largometraje animado producido por la compañía, en colaboración con SPA Studios. En este se cuenta la historia de Jesper Johanssen (Jason Schwartzman), un aspirante a cartero un tanto haragán e irresponsable quien goza de una vida de privilegios. Para sacar al protagonista del apoltronamiento, su padre, una de las autoridades de la Academia Postal Real, lo designa como emisario en la remota localidad de Smeerensburg con la tarea de despachar seis mil cartas en un año. De no lograrlo, se verá despojado tanto de sus bienes como de su herencia. El panorama se torna aun más conflictivo para Jesper debido a la delicada situación social del lugar. Allí, una antigua pelea entre los clanes Krum y Ellingboe hace que lo cotidiano esté signado por la violencia física, la escasez de diálogo y el desprecio mutuo -a tal punto que los niños no asisten al colegio para no mezclarse con los hijos del bando enemigo-.

De todo este contexto nos enteramos gracias a Alva (Rashida Jones), una joven docente que ha perdido su trabajo debido a la ausencia de chicos en las aulas, y que pasa sus días obrando como vendedora de pescados. Pese a que en un principio nadie escribe cartas en el pueblo, y que por ende Jesper no tiene forma de lograr su cometido, las cosas cambian a raíz del encuentro con Klaus -representado de forma espectacular por J.K Simmons– un viejo leñador que vive en una antigua y aislada cabaña. Luego de que el cartero se olvida por casualidad el dibujo de un niño y que Klaus lo encuentra, el anciano decide recurrir a Jesper y llevarle un obsequio al autor de la mencionada ilustración. Otros nenes terminan enterándose de lo acontecido y deciden mandar sus propias cartas. Esto no solo le abre una oportunidad al protagonista de alcanzar su objetivo, sino que además da paso a una serie de transformaciones en la vida de los habitantes de Smeerensburg.

Uno de los aspectos más interesantes de Klaus puede advertirse en su forma de combinar simpleza con sensibilidad. Esto se vincula tanto con las determinaciones a nivel técnico / visual, como también con la estructuración narrativa. Respecto a lo visual, podemos sostener que la decisión del director Sergio Pablos (co-autor de las historias de Mi Villano Favorito y Minions), de adoptar un estilo que combina lo clásico con lo novedoso fue sumamente acertada, ya que la emotividad y el enternecimiento que produce la propia historia encuentran un punto de apoyo en la sutileza de los trazos y los rasgos. Dejar de lado la espectacularidad y los efectos digitales excesivos en este caso representa una virtud.

Klaus, Sergio Pablos, Netflix

Por otro lado, las resignificaciones históricas que propone el film constituyen sin duda una de sus principales fortalezas. No solo la forma de reelaborar el origen de la figura de Papá Noel -o si prefieren Santa Claus-, sino también el modo en el que se hace hincapié en el valor de las buenas acciones -lo cual implica una recapitulación narrativa de los relatos con enseñanzas-. Justamente, el pasaje de una postura egoísta y usurera a otra más altruista y colectiva es la principal modificación que experimentan los personajes -no solo Jesper, Alva y Klaus, sino el pueblo en general-. La idea de brindarle una explicación realista a la mayoría de los mitos asociados a la navidad, desde el por qué Papá Noel ingresa por la chimenea, por qué este no les deja regalos a los niños que se portan mal o cómo surge la idea del trineo y los renos, lejos de quitarle magia y poder de encantamiento a la narración la dota de una cuota de humor muy sagaz, que además no subestima a sus espectadores.

Si tenemos que señalar un aspecto un tanto endeble del film, este puede hallarse en la falta de credibilidad en las motivaciones que subyacen en el plan de los antagonistas. Es cierto que la intención de los cabecillas de los clanes de mantener a la ciudad dividida y confrontada puede leerse como un mecanismo para la perpetuación en el poder por parte de ambos bandos. Al mismo tiempo, esto funciona como una especie de refutación a nivel narrativo de la idea de un odio de índole natural -ya que los niños de las dos familias juegan entre sí, comparten sus juguetes y conviven sin inconvenientes en el aula de la escuela a la que finalmente asisten para poder escribirle cartas a Klaus-. Pese a esto, la obsesión de los líderes Krum y Ellingboe por sabotear el accionar de Klaus merecía una mayor explicación y una cuota de malicia más pronunciada -estimo que esto funcionaría como un refuerzo en términos de verosimiltud-.

La primera película navideña lanzada por Netflix en el año no tiene a la navidad como tema principal. Como se indica en el inicio del film, el gran disparador son las cartas. Estas dan paso a las principales acciones y situaciones: la partida de Jesper a Smeerensburg, la llegada de Klaus a la casa Krum, la conversión en leyenda de este antiguo fabricante de muñecos y el cambio de percepción de los residentes del pueblo. Este antiguo sistema comunicativo es retomado en todo su esplendor, y su poder de transformación caracterizado de forma precisa. Klaus, no solo nos recuerda la necesidad de comunicarnos, los beneficios que trae el encuentro con los demás, o el lugar especial que ocupan en nuestras vidas las cartas que le escribimos al antiguo amigo barbudo durante nuestra infancia. La moraleja esencial, tan simple y tan efectiva a la vez, se concentra en la importancia de los gestos de amor y las acciones desinteresadas, ya que «un acto de genuina bondad siempre provoca otro».

8 puntos