Crítica de Kong: Skull Island

Un viaje de regreso al misterioso y peligroso hogar del Rey de los Simios, este nuevo film sigue a un equipo de exploradores, que se adentran en la profundidad de la traicionera isla para encontrar al hermano del líder y un suero mítico, enfrentando criaturas extraordinarias en el camino.

Aquel que haya visto Apocalypse Now recordará el espectáculo visual provocado por el napalm, la formación de helicópteros delante de un cielo anaranjado y el humo de colores desperdigado por todos lados. El que haya hecho lo mismo con Jurassic Park -o la reciente Jurassic World– traerá a colación las peleas entre humanos y animales gigantescos, así como también de los propios colosos. La nueva película acerca del simio Kong se atreve a combinar su propio universo, creado en el ’33, con los mundos salvajes de Francis Ford Coppola y Steven Spielberg. Con el nada pretencioso pero difícil objetivo de entretener ya cumplido, el espectador no olvidará de Kong: Skull Island sus efectos visuales, una selección de escenas sumamente estilizadas -dirigidas con maestría por Jordan Vogt-Roberts– y su reparto secundario.

Esta vez, la excusa para la llegada de los personajes a la Isla Calavera no es la grabación de una película, sino los delirios del investigador Bill Randa (John Goodman), en afán de explorar un lugar que no figura en los mapas. Tampoco es la década del ’30, sino mediados de los ’70, época en que la guerra de Vietnam llegaba a su fin. Los personajes que se topan con Kong y un crisol de animales prehistóricos XXL está conformado por un equipo de soldados sobrevivientes a la guerra, al mando del veterano super-patriota Preston Packard (Samuel L. Jackson); el mercenario James Conrad (Tom Hiddleston); la fotógrafa Mason Weaver (Brie Larson) y unos cuantos geólogos. Vogt-Roberts equilibra de forma jerárquica y le da entidad a cada pequeño grupo de personajes que, por alguna u otra razón, se forma en la isla. En ningún momento el reparto secundario pierde relevancia y de esta manera, Hiddleston y Larson, a priori la pareja protagonista, queda sumamente desplazada. La aparición del personaje interpretado por John C. Reilly termina de opacar su trabajo y aporta a la historia una cuota de humor extra que se mantendrá a lo largo del film.

Sin apostar al golpe bajo, Kong: Isla Calavera avanza riéndose todo el tiempo de sí misma y de lo desafortunados que son sus personajes. El reparto secundario y el estilo que implanta el realizador a sus escenas da lugar a que el humor negro no desentone y la película entretenga, a pesar de sus más de dos horas de duración. Alimentado por el aspecto visual y musical setentero de Apocalypse Now, la esencia catastrófica de Jurassic Park, Godzilla o Predator y algunos primerísimos primeros planos leoneanos, el director crea escenas sumamente estilizadas e ingeniosas, que diferencian aún más a esta versión de la original y a la vez dejan impactado al espectador.

Aunque la pretensión principal de los productores sea preparar a los espectadores para el enfrentamiento entre el simio y Godzilla, se nota el intento de Kong: Skull Island por sobrepasarse al objetivo de entretener. Con sólo dos películas en su haber, Vogt-Roberts demuestra que es ágil dirigiendo gigantes y, en base a referencias fílmicas y a increíbles efectos visuales, crea una selección de escenas que posiblemente dejará conforme a los espectadores.

estrella35