Crítica de La lección de anatomía

A más de cuatro décadas del estreno de La lección de anatomía, el autor y director teatral Carlos Mathus emprende la aventura de reestrenar la obra que lo consagró. Una odisea que pondrá en jaque no solo a su salud, sino también a la creación de su vida y a su espíritu rebelde.

La lección de anatomía, Agustín Kazah, Carlos Mathus, Pablo Arévalo

La noción de disfrute teatral siempre me escapó, incluso con obras mas acequibles que la aplaudida La lección de anatomía, un hito al momento de su estreno cuyo mensaje sigue vigente hoy en día, casi llegando a su 50º aniversario. El teatro tiene un código particular al cual no consigo descifrarlo, por más que intente, y eso que he visto unas cuantas en mi vida. Pero viendo el detrás de escenas al revival de la reverenciada hija del dramaturgo Carlos Mathus que proponen los directores Agustín Kazah y Pablo Arévalo, dan muchas ganas de dar una chance renovada a este estilo de arte tan particular y especial para muchos.

Lo que comienza como los entretelones del armado del nuevo elenco de la reposición teatral termina siendo un homenaje al genio característico de Mathus, tanto en el carácter casi irascible del director, como el de su colega Antonio Leiva, quien oficia de voz cantante para dirigir a los postulantes de cara a la tarea física y mental que exige la pieza. Si no se conoce absolutamente nada de la obra y de los participantes alrededor de la misma, es entonces una sorpresa que tiene este documental que captura al espectador con un revés dramático que se va vislumbrando desde los primeros minutos pero cae como un martillazo cuando sucede lo inesperado. Más revelación trágica que vuelta de tuerca, es un momento lacrimógeno que resignifica el sentido de la película y la enfrenta a la historia de vida de Mathus. ¿Cómo se sigue después de la inesperada partida hacia la inmortalidad del sujeto del documental?

La lección de anatomía, Agustín Kazah, Carlos Mathus, Pablo Arévalo

Por fortuna, Kazah y Arévalo se desenvuelven con firmeza y sentimiento frente a la situación azarosa, entregando el micrófono proverbial y literal a Leiva, quien tuvo una relación muy estrecha con Mathus revelada en una pequeña escena que con un par de fotos demuestra el trasfondo sentimental de la dupla. Leiva, quien fuera participante de las primeras puestas en escena de la obra como actor, tiene la pesada tarea de llevar a cabo la reposición ya no por el mero hecho de seguir transmitiendo el mensaje social y cultural de la misma, sino como saludo y cortina final a la vida de su compañero que ya no está con él.

El costado lúdico de los primeros minutos se torna dramático conforme la fecha de estreno se acerca, mas nunca cae en sentimientos poco genuinos. Uno de los temores del finado director era si el núcleo emocional y el mensaje de su obra seguía fresco luego de tantos años. Tras ver los numerosos ensayos y vislumbrar los parlamentos y diversas escenas, es suficiente decir que la condición humana sigue igual o peor que antes, que el mensaje se lee más fuerte que nunca, y que la polémica sobre los desnudos integrales se ha diluido con tanta pornografía pop que se presencia en la televisión actual. La lección de anatomía, la película ya no la obra, es un arma de doble filo, que resulta una reverencia para con la vida y obra de Carlos Mathus, y un electrizante vistazo sobre el génesis de una puesta teatral cuyo objetivo de explorar la humanidad sigue intacto, tan doloroso como punzante.

7 puntos