Crítica de La Odisea de los Giles

A fines del 2001, por una estafa un grupo de amigos y vecinos pierde el dinero que había logrado reunir para reflotar una vieja cooperativa agrícola. Estos vecinos deciden organizarse y armar un plan para recuperar lo que les pertenece.

La Odisea de los Giles, Ricardo Darín, Chino Darín

En el pueblo de O’Connor nunca pasaba demasiado, era un lugar signado por la calma y la tranquilidad, por las caras conocidas, por la predictibilidad de todo. Eso era, por lo menos, hasta cierta noche de tormenta en 2002. La Odisea de los Giles es la brillante adaptación que Sebastián Borensztein hizo de la novela de Eduardo Sacheri, una comedia con tintes de drama y cargada de nuestro ADN, una de las mejores películas en lo que va del año.

Cuando Fermín Perlassi (Ricardo Darín), su esposa (Verónica Llinás) y un par de amigos empiezan a darle vueltas a la idea de reabrir la acopiadora abandonada y convertirla en cooperativa, creían que lo peor había pasado, que la crisis ya era cosa del pasado, que a esa altura, en el 2001, ¿qué más podía suceder en el país? De a poco van juntando la plata y sumando interesados, cada uno pone lo que tiene, muchas veces los ahorros de su vida, con la ayuda de la labia de Fontana (Luis Brandoni), un viejo anarquista del pueblo, el proyecto va tomando forma. Pero lo que nunca imaginaron fue que el banco se quedaría con todo. El disparador de la historia es el «corralito», y la película -así como la novela-, logra contar una historia de revancha y de reivindicación del gil, pero no entendida como una persona poco astuta, sino como aquel que todavía cree en las personas y en el bien.

La Odisea de los Giles, Ricardo Darín, Chino Darín

En la presentación de la película ante la prensa, tanto el elenco como el director se encargaron de remarcar que no es una versión de la venganza por mano propia. «No queremos que se confunda con eso, muchas veces esos casos que se ven en las noticias están cargados de violencia», remarcaba Ricardo Darín, y enfatizaba que en el caso de La Odisea de los Giles hay un ajuste de cuentas pero metafórico, porque los protagonistas buscarán recuperar lo que les pertenece, pero no por medios violentos. Luego del corralito y otras desgracias, Rodrigo (Chino Darín) vuelve al pueblo y se queda trabajando en la estación de servicio de la familia. Fermín pierde la esperanza y son Fontana y Belaúnde (Daniel Aráoz), con la ayuda del personaje del Chino, los que convencen a Perlassi de que hay una forma de recobrar el dinero. De a poco el golpe a Fortunato Manzi (Andrés Parra) va tomando forma, y lo que empezó como una idea descabellada se convierte en el motivo para salir adelante y contar una de las historias más lindas en llegar a la pantalla en los últimos años.

Algo que esta película consigue es tener a tantos personajes en el centro y que cada uno tenga tiempo suficiente en cámara para desarrollarse. Para cualquiera que haya leído la novela este era, quizás, el punto que más dudas generaba. La literatura se presta para hacer desarrollo de personajes que en el cine no son posibles. Sin embargo el guion, escrito por Sacheri y Borensztein, es dinámico e inteligente y encuentra la manera de que el espectador conozca a cada uno de los personajes y logre sentir empatía con ellos. Por supuesto que esto también viene de la mano de un equipo fantástico, que también incluye a Carlos Belloso, Marco Antonio Caponi, Rita Cortese, Ailín Zaninovich, Alejandro Gigena y Guillermo Jacubowicz. Todos y cada uno de estos actores y actrices se lucen y crean personajes tridimensionales, significativos e inolvidables.

«La Noche de la Usina» fue galardonada con el Premio Alfaguara en 2016, no sería ninguna sorpresa que su adaptación también se haga con varios premios. Emotiva, divertida, muy bien filmada, La Odisea de los Giles es sin lugar a dudas el estreno argentino del año, pero aún más importante, es una historia que el espectador se lleva consigo, de esas películas que dan esperanzas y que dejan una sonrisa dibujada por días.

9 puntos