Critica de Lady Macbeth

En la Inglaterra rural de 1865, Katherine vive angustiada por culpa de su matrimonio con un hombre amargado al que no quiere y que le dobla la edad, y de su fría y despiadada familia. Cuando se embarca en un apasionado idilio con un joven trabajador de la finca de su marido, en su interior se desata una fuerza tan poderosa que nada le impedirá intentar conseguir lo que desea.

Lady Macbeth

La clásica historia de época inglesa con una vuelta de tuerca hitchcockiana y actuaciones deslumbrantes.

El velo le cubre la cara, mira hacia los costados, hacia atrás. Están cantando en la iglesia, en su boda. Esto es lo primero que vamos a ver de Katherine, una imagen inocente, casi temerosa. Esta casándose con un hombre varios años mayor que ella, pero eso a mediados del 1800 no era algo raro. A continuación, están en la habitación, ella lo espera de pie, con el camisón. Alexander, su flamante marido, no parece tener ningún interés en ella, la humilla. La vemos desprotegida, frágil, casi temerosa. A lo largo de la película esta imagen cambiará completamente.

Lady Macbeth es la ópera prima de William Oldroyd y con ella logra demostrar sus indudables habilidades detrás de cámara. Durante la casi hora y media de duración veremos la transformación de Katherine, o, mejor dicho, la revelación de su verdadero ser. No es la heroína, pero tampoco la villana. Es ella, una mujer que lo único que quiere es sentir el aire fresco, salir de la casa en la que está confinada, escapar de un marido que la ofende y maltrata y de un suegro que no se cansa de aclararle que ella es una propiedad adquirida, que ese es su único valor.

Lady Macbeth

Los planos simétricos, amplios, muestran ese caserón en el medio del campo que ocupa un lugar central en la trama, es otro personaje. La fotografía de Ari Wegner es precisa, sobria, juega un rol fundamental a la hora de asistir a la narrativa, por ejemplo, mostrándonos esa casa como una prisión; o acompañando a Katherine en las caminatas, el único momento donde la vemos imperturbable, libre. Otro factor fundamental es el sonido, o en muchos casos la falta del mismo. El film hace uso casi perfecto del silencio: a medida que la historia avanza este va teniendo menos protagonismo, al igual que la inocencia que en un principio creíamos que nuestra protagonista tenía.

Una historia que puede comenzar como algo conocido: la joven obligada a casarse por un arreglo, un marido distante, una prisión, el anhelo de libertad y la pasión en los brazos de un sirviente. Si, Lady Macbeth tiene todo esto, pero no se parece a nada que hayamos visto antes. La abrumadora e increíble actuación de Florence Pugh logra mostrarnos a un personaje complejo, esa antiheroína con la que a veces empatizamos pero que en ocasiones odiamos. También nos hará reír en momentos donde no pensamos que fuera posible. El elenco completo brinda actuaciones memorables que logran poner la piel de gallina. Cosmo Jarvis, un cantante, compositor y actor, da vida a Sebastian, el amante que poco tiene de romántico o ideal y Naomi Ackie se pone en la piel de Anna, la criada de color que será la verdadera víctima de la historia. Tres interpretaciones impecables de actores a los que tenemos que estar atentos.

La película no es para todos los gustos. Puede que incomode, puede que a más de uno le parezca lenta. Pero si logran disfrutarla van a estar frente a una obra brillante que se quedará con nosotros por mucho tiempo.

estrella45