Crítica de Le Grand Bain / Nadando por un sueño

En plena crisis de los cuarenta, un peculiar grupo de hombres decide formar el primer equipo nacional de natación sincronizada masculino.

Le Grand Bain, Nadando por un sueño, Mathieu Amalric, Gilles Lellouche

Bertrand (Mathieu Amalric) tiene depresión, todas las mañanas se levanta y toma su medicación, despide a su familia y se acuesta en el sillón a jugar algún juego en el celular. Sin trabajo y sin una meta que perseguir, sus días pasan sin pena ni gloria, pero un día encuentra un salvavidas: un grupo de nado sincronizado masculino en la pileta local. Le Grand Bain (Nadando por un sueño) es una comedia dramática francesa con grandes actuaciones, muy buen guion y un corazón inmenso.

Un grupo de hombres muy dispares se unen al equipo para atravesar diferentes situaciones, en su mayoría relacionadas con crisis de la mediana edad. Su entrenadora, Delphine (Virginie Efira), es una ex estrella de nado sincronizado con un pasado turbulento, que les lee poemas mientras ellos practican. No son buenos, de hecho distan de serlo, pero tampoco parece interesarles, o por lo menos a la mayoría. Es una historia de amistad, de superación cargada de humor y también de drama. Gilles Lellouche, el director, logra contar una historia con la que el espectador conecta casi inmediatamente. Si bien no es una obra maestra y dista de eso, cumple con el objetivo y mantiene a la audiencia entretenida y sumergida en las aventuras de este grupo.

Le Grand Bain, Nadando por un sueño, Mathieu Amalric, Gilles Lellouche

Las actuaciones son impecables y cada una lo suficientemente diferente como para llenar la historia y brindar diferentes personajes que, en otro contexto, jamás se relacionarían. Su aspiración es poder competir en el mundial de nado sincronizado representando a Francia, pero su nivel está muy por debajo del requerido y será necesario un entrenamiento extenuante para llegar, y es en este momento que el necesario montaje de entrenamiento tiene lugar pero cargado del típico humor francés. Con esto también se van entrelazando los dramas de cada uno de ellos y la cinta logra que todos sus protagonistas -más de ocho- tengan suficiente tiempo en pantalla como para que sus historias se desarrollen.

Por momentos puede sentirse estirada y esta es quizás su mayor falla, pero lo compensa con un final que, si bien no es sorpresivo, es efectivo. Una linda película que no va a cambiar la vida de nadie, pero que logra sacar más de una sonrisa.

7 puntos