Crítica de Mare of Easttown

Una detective de un pequeño pueblo de Pensilvania investiga un asesinato mientras intenta evitar que su vida se derrumbe.

Para afirmar que las series de HBO son garantía de calidad, basta con sintonizar esa señal los domingos por la noche en donde ofrecen sus funciones de gala y comprobarlo: desde Game of Thrones a Big Little Lies pasando por Westworld o Succesion y sólo estaríamos hablando de la última década. En un 2021 que venía bastante discreto aún en este género, la recién finalizada Mare of Easttown se convirtió en la estelar sorpresa dominical del año. Una miniserie de siete capítulos que, entre el oscuro drama y el suspenso latente, emociona al tiempo que intriga a través de la investigación y el viaje interno de su protagonista, la detective Mare, interpretada por una inmensa Kate Winslet que, aunque suene trillado, va a sonar fuerte en la temporada de premios.

La historia repite una fórmula clásica en los policiales de este tipo: un crimen horrendo recae sobre una víctima inocente, sorprende e interpela a todo el pueblo y un investigador atribulado termina vinculándose personalmente con el caso; estructura ya probada en las mejores temporadas de True Detective o en The Outsider pero que, de todos modos, logra innovar y sorprender gracias a un minucioso y delicado trabajo de su director Craig Zobel (The Leftovers, Compliance, The Hunt) y a los imprevistos giros y emocionales diálogos de su creador, el guonista Brad Ingelsby (The Way Back, Run All Night). Esta dupla desparramó, con una estética moderna, las piezas del rompecabezas en un asfixiante pueblo chico, y por lo tanto, infierno grande y conflictuado, con habitantes adultos atribulados o enemistados con su pasado y adolescentes precoces, con hijos los más afortunados y jovencitas desaparecidas. El ritmo es vertiginoso, acelerado ante la violencia y su tono melancólico no aletarga sino que profundiza en los sentimientos, laberintos y experiencias de la protagonista, fija nuestro punto de vista desde su perspectiva pero nos permite escapar de vez en cuando a espiar algunos secretos de los escurridizos miembros de esta comunidad de Easttown que es tan partícipe como sus habitantes de la notable galería de personajes.

Todos allí tienen su historia, su adversidad o su lucha; la crudeza y la cotidianidad se entremezclan en los dramas que viven los vecinos. Y es Mare quien mejor encarna la neurosis de su pueblo, ya que esta anti heroína también se encuentra estancada, gris, dispersa por duelos no superados, por casos sin resolver, porque el dolor que los hunde también los une y los impulsa. Winslet convence y conmueve, empatiza y simpatiza a pesar de su policía tosca y amargada, quebrada tratando de mantenerse entera, malhumorada pero obstinada y volcada a su trabajo y su nieto. No se sientan viejos los que se asustan al ver a Kate haciendo ya de abuela porque la joven edad de las madres de Easttown es una temática que aparece entre líneas, entre otros conflictos juveniles que se vislumbran.

Dudosa y reservada, Mare intenta salvar los maltratados lazos afectivos con las mujeres que forman parte de su vida: su madre Helen, una simpática y admirable Jean Smart (Legion, Watchmen), su hija Siobhan interpretada por Angourie Rice (The Nice Guys), su mejor amiga Lori en otra destacable actuación de Julianne Nicholson (The Outsider), sus ex compañeras y hasta su nuera; porque así como el rol de Winslet es vibrante y profundo, también lo es el resto del emotivo coro femenino. Al igual, más que correcta la labor del elenco masculino: Evan Peters (American Horror Story, Pose) en una actuación distinta a la que nos tiene acostumbrados como un tenaz detective; Guy Pearce (Memento, L.A. Confidential) como un seductor novelista y otro grupo de actores que acompañan y provocan la tensión necesaria para que el suspenso se prolongue en la trama del modo más humano y equilibrado, sin perder su espíritu de thriller.

Seres vulnerables, débiles y golpeados pero que buscan en sí mismos la fortaleza para enfrentar sus fantasmas y la esperanza de no defraudar a quienes les importan; rotos, intentarán redimirse. A través del trayecto y la búsqueda de su magnética protagonista, sobrevolamos Easttown y las vivencias de sus frágiles pobladores, perseguimos los intentos de desentrañar un misterio que sirve para desenrollar una larga red de melodramas latentes y desgracias personales, tendida y tensionada por ellos, pero tejida e ideada magistralmente por sus creadores Zobel, Ingels y todo su equipo. Porque desde los detalles hasta los elementos más básicos de una miniserie fueron cuidados y puestos con una razón de ser, como la dulce música del compositor Lele Marchitelli (The Young Pope, La Grande Bellezza). La historia es dura pero no golpea bajo sino que, desde la peculiaridad de un extraño crimen, trasciende y atraviesa la universalidad de los traumas, adicciones, pérdidas y secretos que nos aíslan e intentan derrotarnos. Mare of Easttown mantiene la vara alta, interpela y mantiene la intriga hasta el final. Un producto redondo y una fábula de esas que pueden conmover como perturbar pero que siempre son bienvenidas por su valor y calidad.

9 puntos