Crítica de Nomadland

Después de perderlo todo durante la recesión, una mujer se embarca en un viaje hacia el Oeste americano viviendo una vida fuera de la sociedad convencional, como nómada moderna.

Nomadland, Frances McDormand, Chloé Zhao

Recorriendo entre los vestigios de su vida pasada, Fern (Frances McDormand) se lleva con ella algunos de los tantos recuerdos que inundan el garaje alquilado para iniciar el reencuentro con su propio ser.

Chloé Zhao (Songs My Brothers Taught Me, The Rider) nos trae esta nueva elegía acerca de Fern cuya vida, tras el cierre de la planta US Gypsum en Nevada, da un vuelvo irreversible. No solo la desesperación de una economía desesperanzadora golpea a su puerta, sino también lo hace la enfermedad que se lleva a su marido Bo. Tras perder su hogar y lo que lo conformaba, la mujer se sube a su Vanguard, aquella camioneta que funciona como un techo motorizado, para comenzar la travesía de su vida.

El film nos muestra un relato no solo sobre la vida de nuestra protagonista, sino que nos muestra historias de gente rota en un mundo hostil. En donde el trabajar toda una vida no alcanza, nuestros personajes transitan el camino más duro; el despegarse de aquello que conocen, que creen que es el móvil del sueño americano, y se entregan al afuera, aquel lugar en el que ser un forastero es tener un hogar consigo mismo. Chloé no nos mete en la piel de un personaje, sino de toda una comunidad.

Nomadland, Frances McDormand, Chloé Zhao

Como vimos en la filmografía previa de la directora, la participación de los sujetos reales del mundo que se toca le da una nueva dimensión al film. Al ficcionalizar las crónicas de aquellos actuantes, la película traspasa al espectador con su mensaje, reafirmando la importancia de cómo una obra tiene, tanto consciente como inconscientemente, un deber sobre el que la mira y sobre el tema que plantea. Porque es gracias a este relato que hoy podemos conocer las voces de aquellos que dejaron todo atrás para poder empezar de nuevo. El metraje no solo da esperanza, sino que nos hace partícipes de ella.

Con la colaboración de artistas como Ólafur Arnalds y Ludovico Einaudi, y gracias a la intimidad que se logra por la selección exquisita de planos, Nomadland nos sumerge en los pequeños destellos cálidos que los caminos de arena pueden darnos. De la fría nieve al árido desierto, Fern se corre de la civilización para emprender un viaje perpetuo. Cruzándose con personajes como Dave (David Strathairn) o Swankie (Charlene Swankie), nuestra protagonista se entrega a la experiencia de superar los dolores, acallar los demonios internos y de aprender las reglas básicas de esta forma de vida tan peculiar.

Chloé nos vuelve a regalar un mundo exquisito, que nos habla sobre el apreciar el hoy y no dejar ir el mañana. Porque Nomadland no es solo sobre el estimar las pequeñas cosas, es acerca de entender que el soltar no es olvidar, sino que es aprender que el camino que dejamos atrás es uno de los tantos que tenemos delante nuestro.

8 puntos