Crítica de Once Upon a Time in Hollywood

Rick Dalton, antigua estrella de una serie western de televisión, y su doble de riesgo de hace años están luchando para hacerla a lo grande en un Hollywood que ya no reconocen. Pero Rick tiene una vecina muy famosa… Sharon Tate.

Once Upon a Time in Hollywood, Quentin Tarantino, Rick Dalton, Leonardo DiCaprio, Cliff Booth, Brad Pitt

Había una vez en Hollywood un cinéfilo, cuyo amor por las películas lo llevó a hacer las suyas propias y se convirtió en uno de los grandes autores de esta generación. A casi cuatro años de su último trabajo, Quentin Tarantino está de regreso con Once Upon a Time in Hollywood, un film que lleva su pasión a otro nivel. Una oda al cine, a la televisión y a la industria en general, su homenaje no se limita a un género en particular como en trabajos previos, sea el de artes marciales (Kill Bill), el exploitation (Death Proof) o el western (Django Unchained, The Hateful Eight). No, se trata de una celebración del arte de hacer arte.

Y su punto de partida para este sincero tributo son los actores que lo hacen posible. Uno que se enfrenta al posible ocaso de su carrera, otra que está al borde del estrellato, y en el medio el doble de riesgo del primero, cuyo destino de sombra glorificada está atado al del otro. Cercana a Pulp Fiction, si es que se quiere buscar algo con qué comparar dentro de la filmografía del realizador, se propone contar diferentes historias en la Hollywood de 1969, en el marco general de lo que serían los crímenes de la Familia Manson.

Allí está Rick Dalton, con un impecable Leonardo DiCaprio a pura emoción. Una de las grandes estrellas de la industria da vida a un actor que ha probado las mieles del éxito como protagonista de un western en la pantalla chica y hoy emprende la larga cuesta abajo, con trabajo constante pero incapaz de seguir escalando. Y Tarantino lo explora a fondo. Su meticulosa radiografía nos adentra en lo que ha hecho frente a cámaras, en el inestable estado emocional en el que se encuentra y en las opciones que tiene para seguir adelante –es clave la participación de Al Pacino en ese sentido-, todo mientras le permite lucirse como intérprete, tanto a DiCaprio como a Dalton. Cual si fuera una BoJack Horseman con la firma de Tarantino, Once Upon a Time in Hollywood es acerca de él, de la permanente búsqueda de la cima, de sobreponerse a sus miedos y de enfrentar la dura realidad.

Once Upon a Time in Hollywood, Quentin Tarantino, Sharon Tate, Margot Robbie

En ese viaje está Cliff Booth, su doble de riesgo y mejor amigo, un personaje cargado de polémica de esos que el realizador entiende bien. No hay dudas de que al cineasta le gusta jugar con los límites, no le preocupa el qué dirán o la corrección política. Entonces tiene a Brad Pitt en un papel que despertará controversia, porque siempre alguien reclamará algo -sobre todo de las películas-. Un sostén de Rick Dalton, desde los primeros minutos se lo define como alguien que «lleva su carga». Y ahí está él, que a pesar de los esfuerzos de Rick tiene cada vez menos trabajo como doble –algo que sin dudas se ganó solo- y más tareas como mandadero. Pero, sobre todo, es un amigo y Once Upon a Time in Hollywood explora bien esa amistad.

Quien completa el trío central es Margot Robbie como Sharon Tate. De los tres, el único personaje real y quizás el de mayor importancia a los ojos de Tarantino. Mientras Rick busca hacerla a lo grande en la industria, ella vive su vida cotidiana. Y es un ángel. Se ve que el brutal asesinato de la actriz impactó en el pequeño Quentin, que por aquel entonces tenía 6 años. Charles Manson y sus seguidores le arrebataron la vida a la joven Tate, con lo que el director quiere devolvérsela en pantalla. Así que explora su día a día, menos enfocado en el glamour o las fiestas de la crème de la crème y más dedicado a demostrar qué clase de persona era ella. Un alma gentil, inocente, idealista, que carga de luminosidad la última película de un Tarantino que con ella imagina lo que hubiera sido un mundo diferente, con menos oscuridad, que en una fatídica noche cambió a la ciudad de Los Ángeles para siempre.

No hay escenas menores para el director. Acostumbrado a los grandes ensambles desde sus primeros trabajos, aquí hace una impresionante selección de actores para llenar cada papel de su film. Hasta el rol más pequeño es de relevancia y trae consigo a alguna figura de la serie de turno para decir sus líneas o a alguna cara reconocida para el ida y vuelta con DiCaprio o Pitt. Es que el guion siempre es la gran fortaleza de Tarantino y Once Upon a Time in Hollywood no es la excepción, cargándose de diálogos potentes y personajes impecablemente delineados.

Once Upon a Time in Hollywood, Quentin Tarantino, Rick Dalton, Leonardo DiCaprio

Al elenco y guion de siempre hay que sumar otras marcas del cine tarantinesco, con sus secuencias largas sostenidas en ricas conversaciones. Cada escena es importante y a todas les dedica su tiempo para desarrollarse; lo que pierde en ritmo lo gana en efecto. Desde luego que se pueden rastrear algunos de sus planos característicos –los pies siempre presentes- y también algunas explosiones de violencia, aunque más acotada a ciertos momentos particulares -especialmente el final- y no repartidas a lo largo de toda la película. Como es habitual, hay un impecable uso de la música, más al servicio de la historia que la historia al servicio de la música –la breve inclusión de Mrs. Robinson me llevó al borde de las lágrimas-. La estructura narrativa de Once Upon a Time in Hollywood es lineal, lo cual no implica que el cineasta no tome desvíos para adentrarnos en mayor profundidad en la personalidad de sus protagonistas y su pasado.

En un presente cargado de relanzamientos de clásicos, secuelas, precuelas, universos cinematográficos y demás productos planeados para maximizar ganancias y minimizar riesgos, un film de Quentin Tarantino es un oasis en el desierto. Once Upon a Time in Hollywood es un espectáculo difícil de hacer realidad, una entrega apasionada que se sostiene en las constantes búsquedas de un cineasta que no tranza, que no se rinde a los mandatos y se mantiene firme a sus principios. Un film revisionista que mezcla muchos géneros –hay una buddy movie con western, comedia, suspenso y más- y que se lanza de cabeza hacia el peligro para consolidarse en un título más festivo dentro de la carrera del realizador, en un sincero homenaje a la industria que ama, hecho a la forma en que trabajaban los autores de antes. Vivimos felices y comemos perdices con cada nuevo film que Quentin Tarantino nos regala y Once Upon a Time in Hollywood es uno que dará que hablar por muchos años venideros.

9 puntos