Crítica de Power Rangers

La película sigue a cinco estudiantes comunes de secundaria, que deben convertirse en algo extraordinario cuando descubren que su pequeña ciudad de Angel Grove -y el mundo- están al borde de ser destruidos por una amenaza extraterrestre.

It’s morphin time!!! es una frase que representa para los nacidos en la década del ’90 una parte de la infancia añorada e inolvidable. El momento de las remakes y reboot le llega a Power Rangers, tomando como modelo de entre las innumerables versiones que existieron a lo largo de sus 23 años a la más querida e icónica generación, Mighty Morphin Power Rangers. Como todas las reversiones de Hollywood, es una oportunidad para aggiornar el relato y que los chicos de hoy conozcan a la banda liderada por el Ranger Rojo.

La misión de traer a los Rangers de regreso desde el principio requiere manejar con habilidad aquellas características tan ingenuas y estereotipadas más esenciales para recuperar el espíritu de la serie, aunque el auge de las películas de superhéroes es un importante aventón del cual poder asirse. El espectador contemporáneo no podría mantener su atención ni 30 minutos de las dos horas que propone el film si no fuera por las profundas diferencias que manifiesta la historia, sin perder de vista el argumento original.

Cinco adolescentes marginados, el primer gran cambio, hallan estas piedras que les confieren superpoderes, encuentran a Zordon y se convierten en Rangers, hasta allí historia conocida. Pero aquello a lo que estos jóvenes deben enfrentarse es más grande que ellos. El film está teñido de este tenor teen movie en el que el autodescubrimiento pasa a ser el foco de atención. Si uno espera encontrarse con las patadas y las chispas voladoras, estará en presencia de algo muy distinto. Ser un Ranger no es sencillo…

La increíble primera secuencia del film y los títulos denotan el tono más parco que desarrollará el argumento. A la vez, explica el origen de Zordon y Rita Repulsa y anticipa la verdadera catástrofe que esta villana puede causar. Este cambio realmente sustancial profundiza el personaje del mentor, que deja de ser el mero «jefe» de los cinco justicieros para volverse un hombre sufrido y con necesidades, un personaje importante en la trama.

No deja de ser una producción repleta de clichés, típica de géneros como éste. La película oscila entre baches narrativos y escenas de gran peso dramático. La acción no rebalsa la pantalla, pero la vertiginosidad está presente durante las dos horas de proyección, sobre todo gracias a los efectos visuales que se articulan magníficamente con la realidad, desde los trajes, los zords y Alpha 5, quién no tiene un marcado protagonismo pero juega perfectamente el papel de comic relief que manifestaba en la serie, aquí aún más dada la sobriedad que ronda a los personajes.

Power Rangers no sufre del llamado fan service, más allá de que sí tiene momentos de homenajes inevitables como la melodía característica o algunos cameos, pero no debe apelar a la memoria de los íconos rangerísiticos para lograr resultados. Podría incluso decirse que estamos ante una película de Power Rangers en que se reconocen pocas cosas de la magia original.

El resultado final es meritorio porque, viendo más allá de todos los avatares de un relato básico de superhéroes y adolescentes, es capaz de volar por sus propios medios y ser entretenida sin necesidad alguna de apoyarse exclusivamente en la serie noventosa. La historia queda abierta para varias secuelas ya planeadas, en las que promete expandir con madurez y sobriedad el universo Ranger.

estrella3

 

 

 

 


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