Crítica de Princesita, de Marialy Rivas

Un perverso cuento de hadas desde la mirada de una niña inocente criada en una secta y elegida para continuar con la descendencia del grupo.

Princesita, Marialy Rivas

Tamara, una niña de 12 años que ha sido criada alrededor de un culto guiado por el carismático líder Miguel, se está por convertir en mujer; y recibirá instrucciones para su misión en la vida: cargar a un niño santo, engendrado por el propio jefe del grupo. Sobre la penumbra de esta historia, Tamara se dará cuenta que lo que desea en la vida no es lo que Miguel ha escogido para ella, y su desobediencia tendrá consecuencias inimaginables al tratar de ganar su libertad.

«Solo de una mujer pura puede salir un hombre nuevo». Una voz en off neutra acompaña el relato, junto a la de la propia Tamara, aunque en su caso son meramente susurros de lo que piensa. Un provechoso toque por parte de la directora Marialy Rivas (Joven y alocada), quien con solo dos largometrajes a cuestas genera cada vez más expectativas en sus provocadores trabajos. Ambientada en el sur de Chile, la historia se centra en la relación entre dos personajes: Miguel, interpretado por un cautivador Marcelo Alonso (100 días para enamorarse, Araña) y Tamara, a cargo de la joven Sara Caballero.

Princesita, Marialy Rivas

«Mientras más oscura la noche, más brillantes son las estrellas». En tanto que es constantemente tildada como única y adornada como la indicada para continuar con el legado, con un sucesor para el líder, es la primera persona en ser enviada a la escuela. Severamente advertida de no revelar nada sobre su vida y los actos de la comunidad, Tamara descubre el mundo de la pubertad al mismo tiempo que se da cuenta que su tiempo se acaba. Esta próxima a convertirse en una mujer, más precisamente en la mujer de Miguel. Su mundo de fantasía da un giro completo cuando es inundado de miedos y confusiones sobre la hermenéutica del mundo adulto.

«A veces hay que decirles a los adultos cosas que puedan entender». Con líneas como estas, el guion es una delicia para los sentidos. Una comunidad hippie con rasgos sectarios, una mezcolanza de religiones y frecuentes actos sexuales nos adentran en un cuento para niños macabro. Una silenciosa lectura evita que sepamos más sobre el entorno de Tamara y sus orígenes. Sus pensamientos conducen el film en una mezcla de elementos conocidos -como la entrada a la edad adulta- y de lo aberrante -como lo es el abuso de menores y las sectas-.

«Quiero enterrarme, llenarme de tierra, para ensuciarme esta pureza». La directora nos regala una película desafiante y sigilosamente violenta, que nos compenetra de lleno en la historia de Tamara y su capacidad de adaptación a un suceso para el cual no está preparada. Excelentes frases e ideas sacadas directamente de la psiquis de un niño hacen de esta obra algo único en su género. Situaciones inesperadas y con un final impactante….

8 puntos