Crítica de Ready or Not / Boda Sangrienta

Durante la noche de su boda, una mujer recibe la invitación por parte de la rica y excéntrica familia de su marido para participar en una tradición ancestral, que se convierte en un juego letal de supervivencia.

Ready or Not, Samara Weaving, Boda Sangrienta

¿Qué tanto se puede ensuciar un vestido de bodas? Los realizadores Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillet parecen tener la respuesta: lo que sea necesario, mientras el resultado sea memorable. Y es que Ready or Not, la nueva propuesta de género que marca el segundo trabajo como realizadores de los mencionados, es un grácil entretenimiento que hace brillar a sus mayores aciertos, danzando con habilidad entre ser una suerte de muy sangriento thriller de supervivencia y una desopilante comedia negra, siempre teniendo en mente su carga de sátira social.

Grace (Samara Weaving) está teniendo el día de su vida. Tras un noviazgo mucho más corto de lo que la familia de su futuro esposo esperaría, ha llegado el momento en que se unirá en las buenas y las malas con Alex (Mark O’Brien), convirtiéndose en la nueva integrante de la familia Le Domas, un acaudalado y excéntrico grupo que vive del imperio millonario que surgió del redituable negocio de los juegos de mesa. Lo hay de todo: el cuñado desvergonzado, la suegra aparentemente accesible y, como el patriarcal líder, el suegro que intimida. Pero para ser portadora del apellido del millón, deberá jugar a un juego como ningún otro, unas «escondidas letales» donde su principal objetivo será mantenerse con vida.

Ready or Not, Boda Sangrienta

En Ready or Not, todo se trata de construcción. Por ejemplo, la lujosa mansión donde se desata la carnicería es una edificada con varios pasadizos que serán clave para la supervivencia de su protagonista. Pero esto también se traslada a su modélico guion, uno que sitúa con habilidad a todas las piezas del tablero y que les hace moverse a toda velocidad con lógica interna, haciendo la experiencia sumamente satisfactoria. Porque el papel de la cuñada adicta a la cocaína es tan claro como el del melómano mayordomo de los Le Domas, dándole tiempo a cada personaje de definirse -aunque algunos no salen del arquetipo- y de hacer del remate de sus historias como momentos totalmente merecidos. Ayuda que su elenco esté cargado de carisma, luciéndose principalmente Adam Brody -que este año también estrenó la divertida Shazam!– y Andie MacDowell, a quien siempre es un gusto ver en pantalla.

Pero quien se termina por llevar las palmas es la talentosa Samara Weaving, quien entrega una actuación que bien la podría consolidar como una memorable Scream Queen, siempre llevando consigo un oportuno sarcasmo que se va haciendo cada vez más amargo. Si la película termina de funcionar es gracias a su dedicado trabajo, el cual nos hace sufrir sus desventuras junto a ella. Y si su interpretación brilla con tanta intensidad, es gracias al demencial libreto de Guy Busick y Ryan Murphy -no confundir con el showrunner de Glee y American Horror Story-. Porque, aún cuando por momentos es filmada con la suciedad de un slasher, su crítica a la alta sociedad se mantiene palpable, creando un perfecto equilibrio entre todas sus intenciones y llegando a un desenfadado clímax al que solo se le puede definir como disparatado.

En resumen, a Ready or Not se le puede dar uno de los mejores cumplidos: es una experiencia sumamente entretenida que hace pasar un buen momento en la sala de cine. Sus menos de 94 minutos de duración se van con un suspiro y, aunque su mencionado comentario social es uno que se ya se ha visto este año -y mucho mejor desarrollado-, termina siendo otro atractivo para una película llena de ellos.

7 puntos