Crítica de Relic

La inexplicable desaparición de la abuela Edna, hace que su hija Kay y su nieta Sam tengan que regresar a la antigua casa familiar en su búsqueda. Pero todo empeora cuando reaparece tan misteriosamente como cuando desapareció.

Relic, Emily Mortimer, Bella Heathcote

Tras ser estrenada a principio de este año en el Festival de Cine de Sundance y recibir, en general, buenos comentarios, es que ve la luz el film de horror Relic (2020), primer largometraje de la cineasta australiano-japonesa Natalie Erika James. Co-escrito por Christian White, nos narra la historia de tres mujeres -una hija, una madre y una abuela- que quedan prácticamente encerradas en una vieja casa de campo, mientras un poderoso ente paranormal intenta consumir tanto a la antigua vivienda como a ellas.

En este sentido, la película de James no parece ofrecer nada nuevo. De hecho, aunque las comparaciones tienden a ser odiosas, Relic parece quedarse a la mitad de obras como Hereditary (2018), del cineasta Ari Aster, o The Babadook (2014), de la directora Jennifer Kent. Sin embargo, posee una ambientación tan tenebrosa que solo este detalle es suficiente para querer verla y disfrutarla.

La historia comienza cuando Kay (Emily Mortimer) y su hija Sam (Bella Heathcote) regresan a la casa de campo de la abuela Edna (Robyn Nevin), una mujer de avanzada edad que ha desaparecido inexplicablemente. Luego de mucho tiempo sin comunicarse con su madre, Kay debe acudir a su rescate -casi obligada- y mientras es buscada por los cuerpos de seguridad, ella comienza a encontrar en los rincones de la casa ciertas pistas que apuntan a que su madre posiblemente padece de demencia. Esto la alarma, ya que implicaría un mayor cuidado de ella hacia su progenitora. No obstante, Edna regresa misteriosamente a su hogar pero es incapaz de decir dónde se encontraba. Es así como, con su repentina aparición, cosas inexplicables comienzan a ocurrir: extraños sonidos, objetos que se mueven, crecimiento de un moho que consume paredes, ventanas y puertas, así como repentinos cambios de humor por parte de Edna, que evidencia ya no ser la misma.

Relic, Emily Mortimer, Robyn Nevin

Así es que, cuando parecía ser más de lo mismo, Natalie Erika James logra transformarla en algo más al utilizar el género del terror para narrarnos el duro tema del desamparo y la soledad. A lo largo de la película queda claro que Kay no quiere hacerse cargo del cuidado de su madre y que esta misma suerte le podría tocar a ella, ya que la relación con su propia hija parece estar condenada. Siendo así, el tema del abandono -físico y emocional- es el leitmotiv que da soporte a la historia.

Lo anterior se aprecia a todas luces en una tenebrosa pesadilla de Kay, en la que se ve a un hombre abandonado en una pequeña cabaña, aquella en la que murió su padre. Así se pone de manifiesto que la soledad que sufre su madre ya había sido experimentada años atrás por su padre y, aunque dicha situación en apariencia atormenta a Kay, ella parece no querer hacer nada por corregirlo. Es una de las escenas más claras e impactantes, con un manejo realmente asombroso de la estética de lo macabro, que nos recuerda a famosas obras pictóricas propias del romanticismo oscuro.

Entonces, la casa se convierte -poéticamente- en una alegoría de la enfermedad de Edna, el abandono que la misma sufre y la complicada relación que existe entre las tres mujeres. La pesadilla que se vive en la casa, se convierte en el detonante que, posiblemente, permitirá que Kay y Sam entiendan los errores que como familia han cometido.

Robyn Nevin, Relic

Si bien Relic nos ofrece un tema profundo, que invita a la reflexión más allá del miedo, no aporta mucho más. De hecho, por momentos se vuelve un film trillado, que repite las ya conocidas fórmulas del género: música tétrica y de suspenso, apariciones repentinas que provocan los tan característicos jump scare, encierro de los personajes en zonas oscuras y claustrofóbicas, entre otros elementos bien conocidos.

Asimismo, otra de las debilidades del film de James se encuentra -precisamente- en la forma de contar la historia. Aunque la misma se narra en forma lineal, por momentos se siente pesada, lenta y sin mucho más que decir. La directora trata de prolongar una historia corta en una pieza de 90 minutos. Esto podríamos asumir se debe a que la película nace, justamente, de un cortometraje de la propia autora –Creswick, 2016-, el cual no dura más de 10 minutos.

Sin embargo, en sus momentos finales la historia logra elevarse, haciendo que el espectador realmente se sienta nuevamente atrapado en un cuento tenebroso, que a fin de cuentas es lo que deseamos apreciar en este tipo de películas. De igual manera, su maravillosa fotografía, su preciosismo estético -oscuro y macabro- y su bien pensada banda sonora, hacen de Relic una película digna de apreciar y disfrutar, más aún cuando se es amante de este género.

7 puntos