Crítica de Resident Evil: Infinite Darkness

Años después de los horrores de Raccoon City, Leon y Claire se ven consumidos por una oscura conspiración cuando un ataque viral azota la Casa Blanca.

La saga Resident Evil es una franquicia que me ha acompañado desde temprana edad y a la cual le guardo un cariño extremadamente elevado. Dicho cariño a veces me ha posibilitado obviar ciertos recovecos un tanto oscuros tanto en la serie de videojuegos como en todos los proyectos audiovisuales por fuera de las consolas. Sí, inclusive la sextalogía interpretada por Milla Jovovich tuvo el visto bueno -excepto el capítulo final que fue una soberana decepción, y estoy siendo benévolo-. Pero cuando el conglomerado Netflix puso sus miras en el producto y anunció sendos proyectos, una serie live-action y una animada, tuve precaución al acercarme a la misma. La versión live-action ya levantó polvareda al anunciar a un Albert Wesker negro -el menor de los males, porque la sinopsis de la misma no promete mucho- pero es Resident Evil: Infinite Darkness la que nos encuentra en un pantano cenagoso con su falsa publicidad y su escaso interès por aportar aunque sea un granito de inventiva a la saga.

A sacarnos un peso de encima desde el comienzo: Infinite Darkness no es una serie. Es nada mas y nada menos que la cuarta película animada – sigue la tradición de Degeneration, Damnation y Vendetta de llenar huecos entre juegos – pero dividida en cuatro partes que unidas acusan una duración de hora y cuarenta. No es la primera vez que Netflix hace esta jugarreta, ni será la última, pero quien esperaba una serie mas longeva, que mejor termine una campaña de los juegos mas recientes de la saga en su consola favorita.

Infinite Darkness toma lugar entre los acontecimientos de los juegos troncales Resident Evil 4 y Resident Evil 5, con un Leon S. Kennedy regresado desde territorio español tras haber rescatado a la hija del presidente norteamericano, y una Claire Redfield aportando ayuda humanitaria bajo el auspicio de TerraSave a la desolada región de Penamstan. La dupla Kennedy/Redfield hizo maravillas en Resident Evil 2, y tras haber querido reunir esa llama con la película Degeneration, no se tuvo mejor idea que recurrir a esa quìmica de sobrevivientes del incidente en Racoon City. El quid de la cuestión es que, nuevamente, Infinite Darkness es un producto diseñado a la talla de Leon, con una Claire escandalosamente empujada a un cameo en la historia, con apenas menos de cinco minutos de metraje destinado a ella, y un indignante papel reducido a una damisela en peligro. Claire Redfield, la misma que detuvo infinidad de armas biológicas en el pasado, ahora no utiliza siquiera un arma, y es un pie de pagina en la historia de alguien mas.

Hay un ligero intento de aportar relevancia a la trama con los manejos oscuros de un gobierno que utiliza armas biológicas para sus propios propósitos, apuntar a un thriller político con tintes macabros, y la culpa del sobreviviente a semejantes aberraciones pero esta todo tan mal conducido desde un pobre guión que no dejan espacio a duda, a escaparle a la dicotomìa del blanco y negro. Un nuevo personaje llamado Jason emerge como una nueva voz, con un pasado intrigante, pero que nunca se termina de ahondar en sus motivos. Es como si no tuviesen las herramientas necesarias para llevar adelante su historia, ni tampoco tienen de su lado el tiempo para hacerlo. Infinite Darkness posee una cantidad muy pobre de escenas de acción, si pestañean quizás se pierdan los dos o tres zombies que la película tiene que insertar porque sí, y en líneas generales es una gota de lluvia de un océano: apenas si hace olas.

Parece que los productores de Capcom estaban mas preocupados en progresar con la historia fundacional que en estos proyectos alternativos, porque Infinite Darkness, si bien no es un desastre a nivel técnico, no comporta una razón de existir. Su trama languidece en comparación con otras historias que se han contado en el mismo universo, la conversación final entre los protagonistas deja un gusto amarguísimo que no lleva a ningún lado y, en definitiva, es una pérdida de tiempo incluso hasta para un fanático de la saga.

4 puntos