Crítica de Southpaw / Revancha

Se trata de la historia del campeón junior de peso mediano Billy \»El Grande\» Hope, un peleador zurdo que lo pierde todo en una tragedia personal y que se ve forzado a combatir en su camino hasta la redención.

Southpaw, Jake Gyllenhaal

Con una impresionante transformación física de Jake Gyllenhaal como principal punto de interés, parecía que Southpaw estaba destinada a sumarse a los grandes films de boxeo de la historia. Y sin embargo queda solo en la promesa. No por falta de intentos, seguro, dado que su director Antoine Fuqua lanza todos los golpes que puede, muchos de los cuales impactan por debajo del cinturón. Parafraseando a uno de sus personajes, usa más el corazón que el cerebro, con lo que se acaba por arrojar un gancho detrás de otro a la espera de provocar un nocaut emocional que no va a llegar, en vez de proponer una historia creíble y sensible de redención dentro del ámbito del deporte.

Fuqua es un realizador que consiguió un film notable como Training Day temprano en su carrera, por lo que todos sus proyectos posteriores apelaron a una fórmula de acción y emoción que tiende a tomarse demasiado en serio. King Arthur, Brooklyn’s Finest, Shooter, Olympus Has Fallen o The Equalizer son ejemplos de películas de un realizador que siempre aspira a más y se queda corto, sin tanto pulso para las escenas dramáticas pero que compensa con las secuencias en las que la adrenalina sube. Lamentablemente, Southpaw sigue ese mismo recorrido. Su guionista Kurt Sutter (Sons of Anarchy) sabe mucho de tipos rudos y propone a un gran personaje en Billy Hope, un boxeador que pelea más fuerte cuando las cosas se ponen peor. Y como su vida es una parábola de lo que ocurre dentro del ring, en su camino para recuperar la gloria enfrentará todo tipo de penuria, al punto de que se acerca más a una telenovela que a un drama real.

Pero antes que nada este es un film de boxeo y, en ese sentido, se luce lo suficiente. El director filma combates de esos que amamos gracias a la gran pantalla -al estilo Rocky, de palo y palo-, aquellos que se muestran como imposibles en la realidad del Madison Square Garden. Tiene a un Gyllenhaal en el mejor momento de su carrera, en una seguidilla de actuaciones destacadas –End of Watch, Prisoners, Enemy, Nightcrawler– que a fuerza de trabajo lo pondrán en la mira de los grandes premios tarde o temprano. Cuenta con una banda sonora de primera nivel gracias a uno de los últimos trabajos del fallecido James Horner (Titanic) y también está Forrest Whitaker en un buen nivel, como un ex peleador centrado y medido capaz de enseñarle a Hope que tiene que tener la cabeza fría en cada round. Así, no solo hay sangrientas peleas para valorar, sino también una gran secuencia de entrenamiento para que Billy se redima –algo que en más de una oportunidad dice la voz del presentador, por si el público no estaba atento a que esta es una historia de redención-.

No obstante, todo queda corto cuando se tiene que subir al cuadrilátero con las tragedias personales del protagonista, cerca de una decena a lo largo de la película. El peso dramático que se le insufla a este film es desmedido, al punto de que algunas de las mayores desgracias se adelantaban en los avances como si se quisiera prevenir al espectador. Había un gran film dentro de Southpaw, pero así como en el boxeo un error puede costar un título, una serie de decisiones fallidas socavan todo el potencial que tenía. Queda al menos la interpretación cruda y salvaje de un Gyllenhaal totalmente comprometido con la causa, quien entusiasma y conmueve al servicio de un guión lacrimógeno.

5 puntos