Crítica de The Babysitter: Killer Queen

Pasaron dos años desde que Cole derrotó a la secta satánica liderada por la niñera Bee. Sin embargo, un giro inesperado hará que el joven tenga que enfrentarse nuevamente a sus antiguos enemigos, quienes han regresado para asesinarlo.

The Babysitter: Killer Queen

La plataforma Netflix trae de vuelta a la niñera y vino mucho más letal. The Babysitter: Killer Queen (2020) es una comedia terrorífica dirigida por McG (Terminator: Salvation, 2009) y escrita por Dan Lagana, Brad Morris, Jimmy Warden y el propio realizador, basándose en los personajes creados por Brian Duffield. Esta nueva entrega ubica su historia dos años después de que el joven Cole (Judah Lewis) derrotara a la secta satánica que liderara la niñera Bee (Samara Weaving).

Luego de sobrevivir y experimentar acontecimientos paranormales, Cole no ha podido olvidar tan traumática experiencia y esto ha hecho que su vida se torne complicada, puesto que sus pocos amigos y hasta sus propios padres creen que todo lo contado por él es producto de su imaginación. En vista de que no deja de afirmar lo vivido, su familia decidió recluirlo en una institución psiquiátrica y el joven, al enterarse por casualidad, decide contarle a su mejor amiga, Melanie (Emily Alyn Lind), quien lo convence de escapar con ella a una fiesta que se dará en un apartado lago y así evitar el traslado.

A esta aventura se suman tres amigos más: Jimmy, Diego y la joven Boom-Boom y ya con todos ellos reunidos en un bote, Cole pronto descubrirá cómo lo que prometía ser un fin de semana normal y divertido se convierte -de repente- en una real pesadilla, cuando Max (Robbie Amell), Allison (Bella Thorne), Sonya (Hana Mae Lee) y John (King Bach), cuatro jóvenes que habían sido asesinados en la primera entrega, regresan del más allá con la única finalidad de cumplir el ritual y asesinar al chico. Pero un giro inesperado permitirá que Cole cuente con la ayuda de Phoebe Atwell (Jenna Ortega), una rebelde joven que ha ingresado «por azar del destino» a la misma secundaria a la que él asiste. A partir de este encuentro, todo se convertirá en una carrera de supervivencia.

Aunque la plataforma logró sorprender a su audiencia con el lanzamiento de la primera película, esta secuela no logra mantener el esplendor creativo de su predecesora. Sin embargo, McG logra presentarnos una pieza entretenida, una película que mezcla eficazmente humor con mucho gore.

The Babysitter: Killer Queen

Para atraer al espectador, su director se ha ido por lo seguro y decidió utilizar varias fórmulas exitosas que, en cierta medida, logran que el film pase de ser un largometraje mediocre a convertirse en una película promedio. Básicamente, la fortaleza se encuentra -justamente- en mostrarnos una historia poco original, absurda e irreverente, protagonizada por alocados adolescentes que le inyectan dinamismo, recordándonos por momentos a la ya conocida saga Scary Movie (2000-2013) o a los emblemáticos slashers de Wes Craven, es decir, body count por montón.

Asimismo, el empleo de una estética ochentera -formula ya utilizada en piezas como Stranger Things (2016), It (2017) o Ready Player One (2018), entre otras tantas series y películas-, logra cautivar a los más nostálgicos y le aporta cierta particularidad, resaltando principalmente los elementos plásticos de las escenas de acción. En este sentido, pareciera que a su director no le preocupa utilizar indiscriminadamente todos los recursos que tiene a la mano, sin importarle que al final el film se convierta estética y narrativamente en una mezcla de cosas que, para bien de la audiencia, han acabado en un producto interesante.

A todo este pastiche, lleno de dinamismo y color, se le suma una banda sonora que le sienta muy bien. Algunos temas de Queen, Alannah Myles, Dead Kennedys y The Cramps, entre muchos otros, no hacen más que aumentar el tono «cool» y divertido.

En definitiva, podemos afirmar que si bien The Babysitter: Killer Queen no logra sorprender como lo hizo en su momento la primera entrega, su humor basado en lo absurdo, su arriesgada estética y su joven reparto dando lo mejor de sí hacen de esta secuela una película fresca, divertida y disfrutable, digna de ser vista, claro está, siempre y cuando no estemos buscando un producto grandioso. No podemos olvidar que es una película para pasar el rato y por ello, ciertamente, es de esos films que muchos amaran y otros tantos odiaran.

6 puntos