Crítica de The Kitchen / Las reinas del crimen

Tres mujeres, esposas de gángsters, deberán sobreponerse al encarcelamiento de sus respectivos maridos. Inmersas en esta situación conflictiva, lucharán por asumir el control del negocio.

The Kitchen, Las reinas del crimen, Elisabeth Moss, Tiffany Haddish, Melissa McCarthy

Llega a las pantallas argentinas The Kitchen (Las reinas del crimen), el primer largometraje dirigido por Andrea Berloff (Straight Outta Compton), uno que retoma las historias del cómic homónimo creado por Ollie Master y Ming Doyle, bajo el sello editorial DC Vertigo. En este se narra la historia de Kathy, Ruby y Claire, las esposas de tres mafiosos irlandeses, quienes a finales de los años ’70 asumen el mando de una agrupación delictiva encargada de agenciar los negocios turbios de Hell’s Kitchen, luego de la detención de sus cónyuges. Vale destacar la vitalidad que adquieren los personajes femeninos, desde el instante en el que deben sobrellevar su situación de desamparo. Esto se produce mediante la retroalimentación entre su excelente guion y las estupendas actuaciones de Melissa McCarthy, Tiffany Haddish y Elisabeth Moss. Las tres protagonistas se complementan a la perfección y logran asumir, cada una en su privacidad y también en las calles, una posición de poder sin caer nunca en el arquetipo masculino prepotente.

Un punto muy importante a tener en cuenta es que la película logra su cometido de construir un relato con tintes feministas. En principio por lo mencionado en el párrafo previo, en relación a que las protagonistas alcanzan el dominio de la organización a partir de la potencia propia de su femineidad. Sobresale en este aspecto la inteligente decisión de Berloff de mostrarnos el lado íntimo de las relaciones de Kathy, Ruby y Claire con sus esposos, para de esta manera dotar de sentido sus procesos de empoderamiento y de posicionamiento como personajes actuantes, a través de la ruptura de sus perjudiciales vínculos maritales. Asimismo, es notable también el humor intrépido y urticante que contiene la obra. No solo como herramienta narrativa para contrarrestar el peso dramático, sino también para criticar a ciertas formas de representación pretendidamente feministas o pseudo-transgresoras de otros films, que en la mayoría de los casos solo logran reproducir un mensaje vacío.

The Kitchen, Las reinas del crimen, Elisabeth Moss, Tiffany Haddish, Melissa McCarthy

Otro aspecto relevante de la obra es el manejo del género policial / gansteril. Antes que nada, esto se advierte en lo formal. La ambientación setentista, que incluye calles, prendas, autos y, por supuesto, al genial soundtrack con rock y música disco de la época, ubica la historia en la etapa de oro de este estilo de cine. Sumado a esto, la realizadora entabla un diálogo a través de ciertos planos, locaciones, movimientos de cámara y tipos de montaje con algunas obras canónicas del género como The Godfather (1972), Scarface (1983) o Goodfellas (1990). Esta seña quita al film del mero esteticismo nostálgico, en tanto que pone en evidencia el gesto reverencial y a la vez ambicioso de la autora, al evocar una tradición e incluir su película dentro de ella. Un punto en contra respecto al abordaje temático es la falta de relación entre el mundo de las pandillas y los criminales con otros sectores del poder, como por ejemplo la política o las fuerzas de seguridad -que por cierto aparecen pero de forma escasa-. Esta carencia provoca que la sensación de peligro se torne casi inapreciable, y que en ciertos pasajes la película se perciba como una colección de matanzas y delitos sin fundamento.

Pese a presentar una trama vinculada a un universo brutal, caótico y riesgoso, la película contiene también una serie de enseñanzas para el espectador, que al mismo tiempo funcionan como el sostén de las acciones de los personajes. El ingreso al mundo de las pandillas y del crimen organizado implicará caer en el círculo vicioso de la violencia. Una vez allí no habrá retorno, o al menos se saldrá herido. Para algunos de los personajes se convertirá en la única forma posible de resolver sus problemas -particularmente para Claire y Gabriel (Domhnall Gleeson)-. Esa lógica feroz también influirá en la relación entre las protagonistas, y entre estas y los personajes masculinos -sobre todo sus esposos-.

The Kitchen propone un considerable viraje estético en un género cinematográfico tradicionalmente varonil, y lo hace dentro del sistema de producción mainstream. En este sentido podemos afirmar que se trata de un film arriesgado. No deja de ser cierto que tanto algunos giros argumentales, como así también el desenlace, se sienten algo planos y genéricos. Más allá de esos aspectos endebles, la película como totalidad cumple con creces. La dureza del submundo del hampa y sus principios avaros, insaciables y violentos quedan notablemente reflejados. A la vez, la consolidación de las protagonistas como cabecillas de la mafia irlandesa en Hell’s Kitchen, como voces de mando de esa “cocina” que no es la del hogar asignada por los machos, sino la del crimen, la que ellas mismas reclaman y afianzan, también queda representada de forma brillante.

8 puntos