Crítica de The Mule / La Mula

Earl Stone es un hombre en sus 90 años que está quebrado, solo y de cara a la ejecución hipotecaria de su negocio, cuando recibe la oferta de un trabajo que simplemente requerirá que conduzca. Sin saberlo, acaba de firmar para ser un mensajero de droga para un cartel mexicano.

Y Clint Eastwood lo hizo de nuevo. Hace una década se estrenó Gran Torino y con ella se proponía una despedida que afortunadamente no se concretó, una que parecía haber comenzado en 1992 de la mano de Unforgiven. Con aquella le dijo adiós al western, el género que lo hizo grande. Con la de hace 10 años, le ponía un potencial fin a su carrera como actor. Eso no se cumplió, cuatro años después hacía Trouble with the Curve a las órdenes de su amigo y protegido Robert Lorenz, pero sí le daba una especie de gloriosa partida a ese tipo de personaje que bien representa Walt Kowalski. Por fortuna, no pudo mantenerse mucho tiempo alejado de las cámaras. Siempre siguió filmando, entre Walt y Earl Stone hay otras siete películas que dirigió, y eventualmente volvió a pararse frente a ellas para The Mule. Si es el adiós definitivo, lo desconocemos. En lo personal espero su vuelta en diez años, con otra media docena de títulos como director en el proceso.

A diferencia de Unforgiven o Gran Torino –con la que está bien conectada en espíritu-, esta no abre con la muerte de su esposa. Quien no está presente es él, que se la pasa en la carretera. Un horticultor celebrado por sus lirios, prefiere ser el encantador sujeto con el que todos quieren hablar en las convenciones, antes que un padre para su hija o un marido para su mujer. Años después, próximo a perder el negocio en el que invirtió su vida, es un hombre atormentado por la culpa pero incapaz de cambiar. Él es quien es y hay que aceptarlo u olvidarlo. Y en el marco de una nueva demostración de rechazo por parte de su familia, es que recibe la oferta laboral que pone en movimiento los engranajes de esta historia y le da título a la película.

Con 90 años, una vida en la carretera y un historial limpio de multas, es un gran candidato para desempeñarse como una mula del narcotráfico. La película se estructura en base a cada entrega que realiza, mientras que en paralelo hay una investigación federal sobre el cartel para el que trabaja. Él no levanta sospechas, pero la información de la que dispone el equipo comandado por Bradley Cooper es cada vez más precisa y las balas empiezan a caer cada vez más cerca. Pero Earl sigue adelante. La afluencia de efectivo es cada vez más importante y con dinero en el bolsillo uno puede ser lo que quiera. Puede ayudar al que lo necesita, puede acercarse a la familia que hizo a un lado. Puede vivir sus últimos años enmendando los errores que cometió a lo largo de su vida.

Y el legendario cineasta sigue haciendo escuela. Su narrativa es clásica, libre de complicaciones intrascendentes. Es una road movie ordenada por cada viaje que realiza y en el camino encuentra el corazón de la historia que quería contar. Mientras aprende a reconciliar esas dos facetas propias, el sujeto encantador para el afuera y el hombre extraño para el adentro, Earl avanza en su camioneta con un andar despreocupado. Es la mula perfecta no solo porque es un anciano, sino porque lleva la carga como si no llevara nada. Se detiene donde quiere, cuando quiere, para ayudar al que lo necesita. El gran sentido del humor está a la orden del día, lo mismo que los consejos de vida o los comentarios racistas que bien se podían esperar de este veterano de la Guerra de Corea. Y está perfecto que los haga, porque así es su personaje. Un hombre de 90 años que siempre fue lo que quiso, que ya está grande para el cambio.

El peligro abunda. Hay quienes desconfían de su labor dentro del propio cartel, están los oficiales cada vez más cerca. Pero Earl sigue ascendiendo entre las filas de la organización criminal. Él sigue siempre hacia adelante, con ese encanto comprador que lo volvía popular entre sus pares. Él canta. No solo Earl sino también Clint. Ve la posibilidad de volver a ser un hombre pleno, de encontrar la fuerza en su interior para corregir aquello que hizo mal. Porque si hay algo que termina de entender el señor Stone, como tanto ha demostrado el señor Eastwood a lo largo de los años, es que el legado es importante. El cómo uno será recordado, lo que deja atrás. Y con The Mule nos deja otra nueva gran película, para sumar al fenomenal repertorio de una de las estrellas más brillantes y prolíficas en el cielo de Hollywood.

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