Years and Years, una joya escondida de la que deberíamos estar hablando

Uno de los estrenos televisivos del año.

Years and Years, Emma Thompson, HBO

Years and Years es una miniserie con vocación de advertencia, que nos plantea una distopía que no está cargada de situaciones imposibles sino que, más bien, nos enfrenta a una profecía potencialmente viable. Después de verla y tomar un momento para reflexionar en torno a su temática, se presenta esta reseña, cuyo único sesgo es la preocupación sobre el desarrollo del mundo para las futuras generaciones.

Se trata de un programa de 6 episodios, producido por la BBC (siempre sorprendiendo) y transmitido internacionalmente por HBO. Debo reconocer que las mejores series que he visto en mi vida son británicas, y esta no es la excepción. Years and Years está dirigida y escrita por Russell T. Davies, quien nos toma desprevenidos con esta propuesta de drama familiar, político y distópico, escondida en el amplio y exquisito catálogo de HBO; y, terminada la fiebre de Game of Thrones, es tiempo de darle el lugar que se merece.

La misma sigue los cambios progresivos, por un periodo de 15 años hacia el futuro, de la sociedad en la que se desenvuelven los miembros de la familia Lyons, formada por un abanico muy variopinto de personalidades, edades, problemáticas y orientaciones sexuales; cada uno con sus conflictos y retos particulares. En este período de tiempo veremos cómo la realidad política del Reino Unido y la internacional son cada vez más inestables, a nivel económico, social y tecnológico.

Los Lyons, representan a una familia de clase media británica que se queja frente al televisor de las miserias de nuestra realidad, mientras vota al partido conservador para que mantenga sus escasos privilegios. Como ellos, la serie nunca amenazará realmente un status quo capitalista, sino que intentará enseñarnos cómo sacar mejor partido de él. O, al menos, cómo evitar que se convierta en nuestra perdición.

Years and Years, Emma Thompson, HBO

Hay dos líneas narrativas principales para unir esta historia temporal: la familia protagonista y el ascenso meteórico de Vivienne Rook, una mujer que salta de los círculos televisivos -donde se la conoce por soltar torpezas y apelar a la conciencia patriótica y racista del país- al gobierno del Reino Unido como Primera Ministra. En tanto que los Lyons intentan sobrevivir como pueden a los cambios del mundo, veremos a Rook ascender como la espuma, consiguiendo que el electorado se olvide de sus inicios bufonescos y la consideren la única opción para salvar al país del desastre -cualquier parecido con la realidad, no es coincidencia-. Cabe decir, que la serie trata estos temas con humor, el mismo que todos tenemos al ver los programas de noticias; generando un buen balance entre el drama y la tragicomedia.

De este modo, Years and Years plantea un presente lleno de problemas, que no encuentran soluciones por parte de quienes se supone deberían procurar el bienestar y la estabilidad social. Es por esto que el caos es progresivo: avances tecnológicos que automatizan los servicios, política populista, pérdida de derechos, guerras entre grandes potencias, la amenaza nuclear, la crueldad de las grandes corporaciones, el cambio climático, entre tantos. Así, la serie presenta un reflejo terrorífico del mundo del que somos parte, y en el que da auténtico pavor mirarse, y es que cada día hay más razones para pensar en el fin del mundo.
Cuando la identidad sexual deja de ser un problema, llega la transhumanización; cuando la sobrepoblación es un problema, producto de la migración, llega el establecimiento de guetos y la contaminación biológica para disimular el genocidio bajo el paradigma de la selección natural; cuando estamos hartos de la política conservadora e ineficiente, llega el populismo y la demagogia; cuando es turno del aparente fin del mundo, llega la indiferencia social. Y es que la serie hace la acusación implícita de que solo nos movemos por nuestros intereses individualistas; que estamos dispuestos a adaptarnos desesperadamente, dispuestos a permitir el aprovechamiento de los más fuertes sobre los débiles y, aun cuando hay una disconformidad sistemática, que siempre sale ganando la pasividad encubridora de no hacer nada para cambiar la realidad.

Todo esto va ocurriendo en un lapso de 15 años y en medio de la cotidianidad de la familia Lyons. Es alarmante ver que los acontecimientos mostrados en Years and Years no solo son posibles, sino que están a la vuelta de la esquina y son inminentes, puesto que, pese a tantas advertencias aparentemente obvias, la clase política, la sociedad actual y las corporaciones parecen no verlas.

Ahondar en la trama sería injusto para quienes no la han visto, pues vale la pena mirar con atención y sin sesgos previos cada episodio. Solo diré que el capítulo 4 es infartante de principio a fin; y el episodio 6 tiene el mejor monólogo que he visto en una serie de este corte -la abuela reflexiona sobre la situación actual, del 2024-.

Years and Years, Emma Thompson, HBO

En la parte técnica no hay nada que reprocharle. La música -a excepción de un par de canciones aisladas- funciona de maravilla y conforme a los eventos, los tiempos y las acciones. De hecho, esos acordes postapocalípticos nos dan la clara señal de que el tiempo avanza, las cosas cambian y no precisamente para mejor.

Otro punto a resaltar es el elenco. Es fantástica la labor de Emma Thompson (Sense and Sensibility) en el rol de la inescrupulosa, irreverente, torpe, populista, radical e ineficiente Vivienne Rook -toda una política a carta cabal-. Una actuación que huele a premio por todos lados. Del mismo modo Anne Reid (Hot Fuzz), quien hace de Muriel, la matriarca de la familia, está maravillosa en su papel, junto a todo el equipo frente a cámaras. La puesta en escena es otro punto fuerte, pues lo mismo estamos en la casa de la familia en el 2019, como en una empresa corporativa en el 2024, con todo el diseño de producción que eso implica. Los personajes son profundos, lo justo y necesario, pues es claro que Years and Years va mucho más lejos de ser un drama familiar.

La mini-serie no nos proporciona una solución a nuestros problemas, pero sin duda sabe identificar dónde fallamos. Es una que habla de la forma en que vivimos ahora, y la manera en la que podríamos estar viviendo en los próximos años si somos lo suficientemente torpes como para no ver las señales de advertencia. Y si hay algo que sabemos sobre la humanidad es eso, que somos torpes. Sin embargo, también quiere inspirarnos para comprender que todos podemos hacer algo. Nos invita a pensar que aún hay una manera de luchar por nuestra realidad, de dominarla, de ver en ella todas las posibilidades, de luchar contra las injusticias, de encarcelar a quienes hacen daño y de volver a confiar en nuestras instituciones.

El caso es que, si no hablamos, si no nos quejamos, si no luchamos, la realidad se irá convirtiendo en algo aterrador sobre todo para los más vulnerables. Me quedo con esta frase de la abuela Muriel, dicha en un extraordinario momento del capítulo 6: «Resoplasteis y gruñisteis pero lo aguantasteis, y ahora todas esas mujeres ya no están y dejamos que pasara».

9 puntos