• Crítica de Patriots Day / Día del Atentado
    Publicado el 20 Abril, 2017 por Nicolás Mancini

    En las secuelas de un acto de terror indescriptible, el sargento de la Policía Tommy Saunders se une a valientes sobrevivientes, primeros intervinientes e investigadores en una guerra contrarreloj para dar caza a los terroristas antes de que ataquen de nuevo.

    Martin Richard, Krystle M. Campbell y Lü Lingzi fueron las víctimas del atentado del 15 de abril de 2013 en la maratón de Boston. Dos bombas caseras que explotaron cerca de la línea de meta, mientras la carrera finalizaba, mataron a tres personas e hirieron a más de 280. En Patriots Day, el director Peter Berg apuesta a la acción, al homenaje y al mensaje antiterrorista. Para conseguirlo repite la fórmula de Deepwater Horizon: historia catastrófica verídica con un poco de Mark Wahlberg.

    La misma se divide en dos partes, el momento de la explosión en la maratón y la persecución de los sospechosos. Cada mitad tiene sus puntos de lograda tensión, ya sea en los minutos anteriores al estallido o en el juego del gato y el ratón entre la policía y los hermanos Tamerlan y Dzhokhar Tsarnáv. También cuenta con momentos de acción de primera línea y esto reside en la pericia y destreza de Berg, quien cuenta con una buena base de trabajo en películas del género. El buen uso de los efectos especiales en Horizonte Profundo llamaron la atención del mundo, tal es así que la película estuvo nominada al Oscar en esa área. Pero en el caso de Patriots Day, el director apuesta al tono realista, cuasi documental. Los tiroteos y persecuciones son grabadas con cámara en mano, decididamente desprolijos, que recuerdan al estilo de Paul Greengrass en la saga Bourne y Captain Phillips.

    Berg se toma el trabajo de que no falte ningún personaje en la historia. Aparece señalada con un subtítulo -a veces en abuso- cada cara visible que tuvo que ver con la captura de los terroristas y que ayudó a los heridos en el momento de la explosión. Su héroe en cuestión vuelve a ser Wahlberg, tras haber interpretado a un jefe de mantenimiento en la malograda fábrica Deepwater Horizon y a un soldado del equipo de élite de las fuerzas especiales SEAL en Lone Survivor (2014). En esta oportunidad, el actor interpreta a Tommy Saunders, un sargento aficionado al alcohol que, como última “misión” antes de que lo vuelvan a tener en cuenta para casos importantes, debe cumplir con la denigrante tarea de mantener las cosas en orden en la maratón de Boston. Un par de duplas de actores reafirman la característica que los destacan hace años: J.K. Simmons y John Goodman son dos tipos que, habitualmente, interpretan a personajes secundarios carismáticos e inolvidables; Michelle Monaghan y Kevin Bacon, en cambio, hace una década que no encarnan a un protagonista o a un secundario relevante.

    Pero, lamentablemente, encuentra sus flaquezas en el texto, en cómo expresa su ideología. No se queda conforme con ser una buena película de acción y suspense e impone un mensaje pacifista que está claramente sobreentendido. El texto que está de más, el destartalado y ultra-patriótico homenaje en el último tramo de la historia y una sobreactuada lección antiterrorita del sargento Tommy Saunders en una de las escenas finales determinan los tropiezos de la película.
    Diferentes personajes, protagonistas tanto en la ficción como en la realidad, se entrecruzan en el desarrollo de una persecución, a priori, espectacular. Los más de 5700 de corredores, los aficionados de las gradas, la policía local, el FBI, los vecinos, los terroristas y los políticos implicados en el día del atentado tienen su lugar en un logrado homenaje que sienta sus bases en la más pura tensión cinematográfica.

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