Crítica de Captain America: The Winter Soldier

Cuando un colega de S.H.I.E.L.D. se ve amenazado, Steve Rogers se encuentra envuelto en una trama de intrigas que puede poner en riesgo al mundo entero. Uniendo fuerzas con Black Widow, lucha por desenmascarar una conspiración cada vez mayor mientras pelea contra asesinos profesionales enviados para silenciarlo a cada paso.

Captain America: The Winter Soldier

Los superhéroes han alcanzado tal dimensión en la pantalla grande que sus películas han empezado a volverse más y más complejas, con el uso de dichos personajes en géneros diferentes a los habituales de acción y aventuras –drama en The Dark Knight, thriller de suspenso en Iron Man 3-. Captain America: The First Avenger era una introducción como lo era Thor, una preparación a The Avengers que permitía explorar en detalle a Steve Rogers antes de ceder a la tentación del slow motion y las secuencias de combate vistosas. La primera mitad de esa película, con el recorrido del escuálido soldado por las filas de un Ejército norteamericano que lo rechazaba, era de lo mejor que Marvel había entregado, pero se abandonaba ante el ascenso a la gloria de la figura patriótica, conformándose con ser una más del montón. Captain America: The Winter Soldier no cae en ese problema y de principio a fin logra sostenerse, lo que permite identificarla fácilmente como una de las mejores producciones en solitario que la compañía haya hecho hasta el momento.

Los hermanos Anthony y Joe Russo ofrecen un thriller político de espías propio de los años \’70, en la línea de Three Days of the Condor –no por nada Robert Redford es uno de los protagonistas-, con idas y vueltas permanentes, sin poder confiar en nadie. Lo hacen con un ritmo vertiginoso, manteniendo la tensión en todo momento y no dejando que esta se quiebre. En términos narrativos, es un film impecable, así como en el resto de las facturas técnicas que hacen de esta una superproducción del género. El gran aliciente –que estaba presente en Iron Man 3 pero el affaire Mandarín impidió que se notara- es que se permite hacer declaraciones políticas y tomar postura sobre cuestiones importantes como el control gubernamental a los ciudadanos, la libertad y los aparatos represivos del Estado, todo sin necesidad de incurrir en posturas solemnes ni de engolar la voz. Es una respuesta a DC de que se puede hacer una película compleja y comprometida, sin perder de vista la fórmula de acción y comedia –no hay tanta como en la última de Tony Stark o la de Thor, pero sigue ahí- que ha estado presente en la construcción de este Universo Cinematográfico.

Captain America: The Winter Soldier funciona a la perfección como una película en solitario así también como una parte dentro de la Fase 2. Iron Man 3 solo lo hacía en el primer aspecto, con consecuencias que solo afectarían a Tony y a los suyos pero sin incidencia en el entramado que los rodeaba. Esta, por otro lado, tiene un fuerte impacto sobre un Steve Rogers que debe cuestionarse todo lo que conoce, sus lealtades, sus motivos y el si debe o no seguir acatando órdenes. Pero así como la serie Agents of S.H.I.E.L.D. debe pensarse como una previa a los eventos que aquí se ven, los sucesos retratados en el film de los hermanos Russo, sobre todo lo sufrido por Nick Fury y su agencia, afectarán a todo el Universo en su conjunto.

Chris Evans vuelve a mostrarse sumamente cómodo como el héroe de la bandera estadounidense, bien flanqueado por una cada vez más seductora Scarlett Johansson y por un Anthony Mackie que prueba ser una excelente adquisición para el ensamble de superhéroes. Se produce un desfile permanente de personajes en los que nadie puede terminar de creer, dado que los directores junto a los escritores Christopher Markus y Stephen McFeely se cuidan de mantener un velo sobre todos hasta que es el momento oportuno de desenmascarar al traidor. Uno solo desearía que Disney hubiera mantenido ese mismo resguardo al momento de trabajar en la campaña publicitaria, en la que revelaron la identidad del Soldado del Invierno cuando es uno de los objetivos de los cineastas el mantenerlo oculto.

Así como la cuestión de las peleas merecía un apartado especial en The First Avenger, también lo necesita en The Winter Soldier. Se ha aprendido del abuso del slow motion –no todo es cool por una cámara lenta, gente- y los combates aquí son más duros, con los pies en la tierra, de golpes veloces que lastiman y se sienten. Si la memoria no me falla, solo hay una secuencia en la que se utiliza un ralenti y se aprecia mucho que solo sea así, porque la espectacularidad de la propuesta lo merece. En un terreno diferente, también hay un claro paso adelante en lo que a «villano» se refiere, dado que tras una serie de némesis que necesitaban más trabajo -Malekith, Aldrich Killian, Whiplash-, se ofrece una maraña de terror que tiene al guerrero del título como la tenebrosa cara visible.

Como uno de los que no disfrutó plenamente de la primera parte y que consideró que había muchas cosas por mejorar, es notable cómo ha cambiado todo para bien de una producción a la otra. Captain America: The Winter Soldier tiene todo lo que se espera de una gran película de superhéroes. Se permite lidiar con asuntos complejos como el trauma post-guerra –Rogers puede haber despertado décadas más tarde, pero sus últimos recuerdos eran los nazis- mientras el héroe busca su lugar en un mundo que ya no conoce, todo a la vez que se explora el concepto de un peligroso panóptico y de que el fin justifica los medios –unos pocos deben morir para el bienestar de la mayoría-, sin perder de vista que se trata de un thriller repleto de suspenso, acción y comedia, lo que hace de él un combo difícil de superar.

9 puntos