Crítica de Mia et le lion blanc / Mi mascota es un león

Una jovencita londinense se muda a África con sus padres donde se hace amiga de un peculiar cachorro de león.

Mia et le lion blanc, Mi Mascota es un león

En un momento actual del cine donde todo se siente digitalizado y apurado para llegar a las salas comerciales y reventar la taquilla en épocas de estío, una película tan encantadora como Mi mascota es un león demuestra fehacientemente que el arduo trabajo de filmar una historia como se debe se traduce en una magnífica y entrañable fábula de amistad entre humano y animal.

El film de Gilles de Maistre tiene su concepción junto a su esposa Prune de Maistre, quienes cranearon una aventura africana a partir de un viaje hacia el viejo Continente. Ambos se documentaron y buscaron la mejor manera de cuajar este amor por el rey de los felinos, y se decidieron por dos criaturas dispares pero, sin verlo a primera vista, muy afines entre sí. La protagonista es la revelación Daniah de Villiers, quien interpreta a Mia, una preadolescente arrancada de su vida urbana en Londres para vivir junto a sus padres (Mélanie Laurent y Langley Kirkwood) y hermano (Ryan Mac Lennan) en la granja y reserva leonina familiar. La brutal transposición de un escenario a otro hace mella en la caprichosa pequeña, quien se enzarza en peleas en el colegio y arremete contra su familia en más de una ocasión. Pero el nacimiento casi milagroso de una cría de león de pelaje blanco cambia todo el panorama y se empieza a gestar una amistad legendaria.

Mia et le lion blanc, Mi Mascota es un león

A lo largo de la ilusamente titulada Mi mascota es un león -su título real sería Mia y el león blanco– vemos el crecimiento a la par de ella y el león Charlie, mientras que en pantalla podemos apreciar que Daniah y el cachorro Thor crecen frente a nuestros ojos. Este magnífico detalle que no se ve todos los días en el cine comercial es fruto de los de Maistre, que eligieron filmar en bloques a lo largo de tres años para promover la amistad entre la actriz y el león, para una relación natural y real en pantalla. Parece imposible tomarse tanto trabajo hoy en día, pero esta aventura demuestra que si se quiere se puede, y los resultados son más que alentadores.

La historia comienza con el choque de mundos de los protagonistas, humano y felino, para luego ir girando su relación hacia aguas más turbulentas. Mia y Charlie crean un nexo muy poderoso, pero a medida que el león vaya creciendo, sus instintos animales van poniendo en jaque la estadía del tempestivo animal en el hogar de los Owen. Entra en juego el siempre ríspido tópico de la caza de animales por deporte, y un tesoro tan preciado como el extravagante león del título será codiciado por muchos, iniciando una carrera contra el tiempo para poner a Charlie a salvo. Dentro del elenco la cara más conocida es la de Laurent como la sensible madre de la protagonista, mientras que De Villiers es luminosa como la Mia que va creciendo a la par del cachorro y genera un vínculo que traspasa la pantalla.

Mi mascota es un león es una tierna historia no carente de lugares comunes en el género de aventura -sobre todo la postura maniquea de bondad y maldad-, que resulta una película en vías de extinción por la genial manera en la cual fue realizada. Rebosante de corazón y momentos hermosos, es una disfrutable de principio a fin.

7 puntos

 

 

 

 


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