Crítica de Moana

Moana, una navegante de alma, se embarca en la búsqueda de una isla mitológica. Durante su increíble viaje, ella se alía con su héroe, el legendario semidiós Maui, para atravesar el océano abierto en una travesía repleta de acción.

En sus casi 100 años de existencia, Walt Disney Animation Studios atravesó diferentes altibajos en términos de calidad y popularidad. Se reconoce como un resurgimiento de la compañía la etapa que se empezó a gestar hacia fines de los ’80, cuando el lanzamiento de The Little Mermaid abrió un período de gloria que se continuó con otros clásicos animados como Beauty and the Beast, Aladdin o The Lion King. Esa época de bonanza llegó a un fin después de una década, mientras que otros estudios como Pixar o DreamWorks levantaban la vara en materia de lo que se esperaba de animación. Hoy en día, no obstante, se puede hablar perfectamente de un nuevo resurgimiento de Disney. Tras volcarse al CGI en sus grandes producciones, se consiguió una seguidilla de éxitos notables que empezó con Tangled, siguió con Wreck-It Ralph, alcanzó un impacto cultural como hacía tiempo no generaba con Frozen y siguió por el buen camino con la oscarizada Big Hero 6 y con la notable Zootopia. Ahora hay otro destacado film original que sumar a la lista, gracias al estreno de Moana.

Ron Clements y John Musker son los directores de este film, en el que vive la tradicional magia de la compañía. Hoy dos veteranos en el estudio, cuando se sumaron a comienzos de los ’80 eran algunas de las caras frescas que lo iban a revolucionar de la mano de La Sirenita y Aladino. En su primera película desde la muy buena The Princess and the Frog (2009), la dupla triunfa en lo que supone su debut en el terreno del CGI. Lo hacen con un relato de empoderamiento femenino imbuido de la cultura polinesia. Uno que inyecta nueva vitalidad a la mitología, arrancándola de las bocas de los ancianos del pueblo y reescribiéndola sobre la marcha.

Hermanada en espíritu con Frozen, también cuenta con una notable banda sonora en la que se imponen los instrumentos tradicionales de la región del Pacífico, para contar una historia de mucho corazón encabezada por una princesa maorí. Para ello, el ascendente Lin-Manuel Miranda trabajó junto a Mark Mancina y el samoano Opetaia Foa’i a la hora de preparar un repertorio que fusiona al pop con las tierras oceánicas, para celebrar el trabajo en comunidad y la aventura.

Mencionar el destacado apartado técnico parece una obviedad en un proyecto de estas proporciones. Dispone de una bellísima paleta de colores que inunda la pantalla y abarca cada cuadro, trayendo a la vida los paisajes repletos de agua que se pueden encontrar en Oceanía. La debutante Auli’i Cravalho hace un digno trabajo a la hora de interpretar a la joven del título, pero uno que se luce es Dwayne Johnson como el semidiós Maui. Esto es básicamente porque es una versión mitológica de The Rock, con la fortaleza y carisma que se le ha conocido en todos sus papeles, acompañado de un anzuelo mágico que le permite transformar su cuerpo y de unos divertidos tatuajes que ayudan al momento de encontrar fácilmente el humor.

El océano se vuelve un personaje en sí mismo, en una historia que no necesita demasiados para funcionar. Las dos caras de una misma moneda son el Jefe Tui (Temuera Morrison), un padre tradicional que quiere mantener a su pueblo en el mismo curso -a pesar de que la ruta prueba estar condenada al fracaso-, y la abuela Tala (Rachel House), quien fomenta la futura hazaña de su nieta desde la más tierna infancia. Uno y otra quieren que Moana cumpla con su destino de convertirse en la líder que su gente necesita, aunque en un caso eso implica mantenerse en tierra firme. Cuando la aventura de Moana comienza, no obstante, son ella sola y Maui los que llevan adelante la historia, acompañados por Heihei (Alan Tudyk), un gallo que no tiene todas las luces. Jemaine Clement (What we do in the Shadows, Men in Black III) es otro de los que sobresale como el cangrejo gigante Tamatoa, uno de los habitantes del reino de los Monstruos, con gran número musical incluido.

El guión de Jared Bush (Zootopia) tiene algunas sorpresas dentro de lo que es un relato bastante familiar, pero llevado a una tierra diferente. Se inscribe así en una línea de películas más inclusivas y respetuosas de parte de un estudio que ha tenido su buena cuota de estereotipos racistas a lo largo de su existencia -no pudieron evitar la controversia al poner a la venta un disfraz de Halloween con color de piel incluido, que recibió sus críticas y fue retirado del mercado-. Moana brilla con una historia sencilla pero contundente, que se refuerza al ofrecer un espectáculo visual y musical, con una destacada banda sonora que incluye grandes canciones como “We Know the Way” y “How Far I’ll Go”. Y no deja caer la posta en términos de lo que se ha llegado a esperar para esta renovada etapa de Disney.

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